Después de pasar la noche en el calabozo, Laura García de Viedma y Susana Varo fueron liberadas tras declarar ante la jueza de Briviesca por los cargos de apropiación indebida agravada que les imputa la Guardia Civil por la venta de bienes del convento.

Aún «impresionadas» tras pasar la noche en el calabozo y vivir la experiencia de hacerse la foto policial «con la regla detrás», la ex abadesa del monasterio Santa María de Bretonera en Belorado (Burgos), Laura García de Viedma, y la ex monja Susana Varo (conocida como sor Paloma, llamada La cordobesa) quedaron en libertad al mediodía del viernes. Esto ocurrió después de declarar durante una hora ante la jueza de Briviesca, donde defendieron su inocencia respecto a los cargos de apropiación indebida agravada que les atribuye la Guardia Civil por la venta de bienes del convento.
«Gracias a Dios estamos libres como pajaritos», expresó Laura García de Viedma al salir a la calle, quien en 2024 lideró la rebelión que puso fin a la exclaustración del convento de clarisas y a la excomunión de las religiosas. La experiencia resultó «muy dura», según las ex monjas, que además contaron con el apoyo de parte de la comunidad en las inmediaciones del juzgado.
En el interior, según explicó a EL MUNDO el portavoz de la comunidad religiosa, Francisco Canals, argumentaron que la Guardia Civil los acusa sin pruebas sólidas. La investigación avanza por la presunta venta de obras de arte pertenecientes al monasterio a través de internet y en una tienda de antigüedades en Madrid. Ellas admiten las ventas, pero insisten en que todas se efectuaron antes de su exclaustración y, por tanto, cuando no existía controversia sobre la titularidad del monasterio.
Según Canals, las ventas datan de marzo a mayo de 2023 y, en ningún caso, se trató de bienes declarados BIC, sino de «objetos que acumulan polvo» en las salas del convento, algo común en todos los monasterios de España. Se refieren a copas, cálices y otros objetos litúrgicos, y enmarcan la venta en las llamadas que «reciben todos los monasterios» por parte de anticuarios interesados en este tipo de piezas sacras. En contraste, los investigadores señalan obras de arte catalogadas que podrían pertenecer al patrimonio histórico del monasterio de Belorado, como una figura de San Antonio de Padua del siglo XVII.
El portavoz lamenta una especie de «persecución» hacia las religiosas, quienes se sienten «bombardeadas» con «siete u ocho» procesos judiciales abiertos. En esta ocasión, las ventas se realizaron cuando «eran una comunidad, formaban parte de la Iglesia Católica y fueron aprobadas en capítulo conventual», pero aun así fueron detenidas «por sorpresa» junto a un anticuario de León «dos años y medio después» y «se las presenta como la camorra napolitana». Todo, insisten, «porque no quieren abandonar el convento».
Las ventas investigadas, en un operativo aún en curso, son «previas al cisma», sostienen. Aseguran que podrían dar justificación para cada pieza vendida, pero que esta operación «eleva a la máxima categoría de delito» un hecho que no ven como tal. «Se ha exagerado y sacado de contexto. En un monasterio hay cientos de cosas similares. Todos los monasterios venden objetos», argumenta Francisco Canals, quien compara la situación actual de estas religiosas con los ataques comunes en la esfera «política», que ahora salen a la luz «porque los monasterios están en disputa».
Esta investigación alcanza tanto al monasterio Santa María de Bretonera como al de Santa Clara en Orduña (Bizkaia), al que en 2024 se trasladó un grupo de monjas cismáticas separadas de la jurisdicción oficial de la Iglesia Católica tras ser excomulgadas por la jerarquía eclesiástica.
La Guardia Civil entró en el convento de Bizkaia el jueves y encontró un «número significativo de obras de arte» del monasterio de Belorado (Burgos) que habían sido trasladadas sin autorización.
Este contexto de «persecución», según su portavoz, llevó a que «han ocurrido muchas cosas en 24 horas». Además de las detenciones y registros, la noche del jueves al viernes fue intensa en Orduña por el intento de traslado de cinco de sus 13 monjas.
Tras la excomunión, varias monjas cismáticas abandonaron Belorado y se trasladaron a Orduña, incluyendo cinco de avanzada edad, de entre 87 y 101 años. Estas monjas cismáticas relataron en su cuenta de Instagram que la Guardia Civil intentó trasladar a estas cinco monjas mayores para reubicarlas en otros monasterios de las clarisas; sin embargo, la resistencia del resto de las religiosas impidió la acción.
El portavoz relató que ya en agosto se intentó llevarse a estas cinco monjas, pero ellas se negaron, pues «han vivido toda su vida allí y quieren quedarse con el resto porque son una comunidad», por lo que la noche fue «verdaderamente dramática» hasta que consiguieron impedirlo.
El viernes, que además ya se presentaba con actividad judicial antes de la detención de las dos ex religiosas, la jueza de Briviesca había convocado la declaración de ocho ex monjas de Belorado por la presunta cesión fraudulenta de un vehículo a una familia afectada por la dana de Valencia en 2024. Finalmente, la audiencia fue suspendida.

