Una de las joyas románicas más impresionantes, escondida entre bosques y alejada de las rutas convencionales, conserva una esencia singular que invita a explorar el románico desde un ángulo diferente
- El monumento imprescindible que no puede faltar en la visita a Valladolid: data del siglo XII y es único en toda Castilla y León
Entre los templos románicos que salpican el territorio español, destaca uno que ha captado la atención de Condé Nast Traveler por su atractivo histórico, su simbología y su ubicación particular. La reconocida publicación sorprendió al incluir una iglesia que, a pesar de su elevado valor artístico, sigue apartada de los circuitos turísticos principales y permanece como un hallazgo para numerosos viajeros. Su inclusión en dicha lista invita a redescubrir el románico nacional más allá de los ejemplos más famosos.
Ese templo es la Iglesia de Santo Estevo de Ribas de Miño, en Lugo, un edificio que representa la esencia del románico gallego y que aparece mencionada como una de las siete iglesias más bellas de España, según la revista. Ubicada en una terraza natural que domina el río, se levanta entre hayedos y robledales como un auténtico símbolo en el entorno. Desde sus orígenes en la alta Edad Media, confirmados por referencias del siglo XIII y vinculados a la donación de Doña Urraca Fernández, el templo se ha caracterizado por su integración en el terreno, lo que exigió rebajar la ladera y construir una estructura tipo cripta para sostener el edificio.
Una joya arquitectónica marcada por el Maestro Mateo
La portada occidental es uno de los elementos que mejor ilustran la riqueza escultórica del conjunto. Los alumnos del taller del Maestro Mateo dejaron figuras llenas de misterio, entre ellas una figura que sostiene un disco solar —símbolo del mundo celtíbero— o un rosetón con pétalos de piedra que parece flotar en la fachada. La triple disposición de la puerta principal, los arcos ciegos laterales y la arquivolta con siete figuras portando objetos como una luna creciente o un posible sol evidencian la complejidad iconográfica que rodea al monumento. Bajo el tímpano liso, las mochetas representan un demonio y un ángel con cartela, un contraste simbólico habitual en el románico gallego.
En el interior conserva una nave única dividida en cuatro tramos, cubierta a dos aguas y finalizada en un ábside semicircular. Destacan la Epifanía recuperada en restauraciones recientes —cuyas figuras habían sido utilizadas como pavimento— y la imagen de la Virgen con el Niño encontrada en el atrio durante los años cuarenta. La pila bautismal románica, decorada con motivos geométricos singulares, refuerza la identidad particular del templo. Actualmente, la iglesia sigue funcionando como parroquia dentro de la Diócesis de Lugo y, además, forma parte del tramo del Camino de Invierno, consolidándose como una parada esencial para quienes desean profundizar en la espiritualidad y belleza del románico gallego.
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