Uruguay: Latinoamérica
20-10-2000
Cada vez que nos dan clases de amnesia como si nunca hubiera existido los combustibles ojos del alma o los labios de la pena huérfana cada vez que nos dan clases de amnesia y nos conminan a borrar la ebriedad del sufrimiento me convenzo de que mi región no es la farándula de otros… Una tarde del 7 de julio de 1996 nos reuníamos por primera vez para conocernos, cada uno de nosotros hasta ese momento había vivido y sufrido su historia como una situación aislada, con impotencia, con bronca, dolor, soledad, incomprensión, descredibilidad, todos sentimientos que batallaban dentro nuestro.
En nuestras primeras reuniones, entre mate y mate, intercambiamos sensaciones que se parecían, historias que se cruzaban, y allí tomamos conciencia de una realidad que no era solo personal. Mientras tanto afuera,se oían voces que se expresaban sobre el tema, un tema que nos tocaba adentro que nos afectaba profundamente, pero la gran mayoría de esas voces no representaban nuestro sentir. Así fue que el grupo comenzó a realizar diversas actividades públicas, sumando nuestra voz a otras voces que también sentían y tampoco eran escuchadas.
Una de las primeras, fue frente al Comando del Ejército (Garibaldi 2313), que presentaba una muestra de armamento, invitando a las escuelas, liceos a visitarla ese mismo día iría Sangunetti. Al mismo tiempo ex integrantes de la OCOA (Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas) responsables de detenciones, desapariciones, secuestros, torturas, asesinatos, robos de bebés y exilios de miles de uruguayos se reunían allí formando un “Servicio de Inteligencia Paralelo”, bajo la responsabilidad del entonces Comandante en Jefe del Ejército el Teniente Gral. Fernán Amado.
A la vez muchos de estos individuos habían sido nuevamente premiados con ascensos con el aval del presidente y confirmados en sus nuevos cargos el 3 de junio de 1998 por el parlamento con los votos de los blancos y los colorados. Entre estos militares se encontraba Jorge «Pajarito» Silveira quien pasó a ocupar un cargo de confianza en el Estado Mayor Personal del Comandante en Jefe del Ejército. Es este un ejemplo latente de que la impunidad de ayer seguía tan viva, protegida y avalada por un gobierno que se dice y decía democrático.
Un tiempo después comenzamos con los escraches (cuyo fin es el de alcanzar a través de la denuncia la condena social ante la ausencia de justicia penal), el primero que hicimos fué a José «Nino» Gavazzo, uno de los personajes más siniestros de lo que fue la represión durante la dictadura, en esta oportunidad manifestamos a unas cuadras de su casa ( José Martí 3067 apto 401 esq. Libertad , telef.; 7083556) denunciando en su barrio y a toda la población quién es y que hizo. Consideramos que estos personajes amparados y protegidos por una ley inhumana y desprovista de toda lógica y razón, se escudan en el anonimato debido al escaso conocimiento que tiene la gente sobre ellos.
A través de una denuncia puntual donde nosotros mostramos su casa, su rostro, etc. atacamos un problema más global que es: la impunidad, así como no se conoce los rostros y nombres de los asesinos y torturadores, tampoco se conocen los de sus cómplices civiles, que se mueven dentro de esta «democracia» lavados de toda culpa. Señalando a un asesino impune estamos denunciando a un Estado que asesinó y a aquellas personas que gozan y son cómplices de esta impunidad.
La actividad realizada el 10 de diciembre pasado ( Día Internacional de los DDHH) fue en apoyo a la petición del poeta argentino Juan Gelman para que se investigara el paradero de su nieta, dicha actividad la realizamos frente el Servicio de Inteligencia de Defensa (SID, en la calle Bvar. Artigas 1520), denunciando donde fue vista por última vez con vida la nuera (hoy desaparecida) y la nieta del poeta.
En una carta dirigida el 29 de enero al premio Nobel de Literatura Günter Grass, el entonces presidente Julio María Sanguinetti sostiene que en Uruguay no desapareció ningún niño durante la dictadura, acusando a Gelman de buscar desacreditarlo electoralmente.
Demostrado está hoy de que todo era una vil mentira, que formaba parte de un encubrimiento oficial más y que sí se sabía que la nuera estuvo secuestrada aquí, y que si se sabía que la nieta nació y vive aquí, y que si se podía investigar. Hoy como ayer se confirma que el estado mintió, hoy como ayer se demuestra que esta democracia es hipócrita, e impune. Esta democracia lejos de renegar de los años oscuros esta manchada o llena de lastres de aquel tiempo. Es así como se les permite a los militares en sus actos “oficiales” reivindicar a toda boca su crueldad, sadismo, “en nombre de la patria y de las instituciones”.
Los sucesivos gobiernos democráticos, terminada la dictadura no solo se han empeñado en una política de olvido y de silencio, sino que han sido constructores de una despiadada tergiversación, simplificación y justificación de la historia reciente.
A partir de la asunción del nuevo Presidente el Dr.Jorge Batlle las consecuencias de lo excesos represivos del estado, anteriores a la dictadura y la sistemática represión de la dictadura misma, son asumidos por primera vez oficialmente, fundamentalmente a través del tema de los desaparecidos por ser una de las consecuencias más graves del terrorismo de estado y la más vigente gracias al incesante reclamo de los familiares y diversas organizaciones sociales, quedando así reconocido como tema pendiente, opuestamente a los gobiernos anteriores que lo daban como tema laudado.
Uno de los primero pasos que Batlle ha dado como muestra de voluntad en busca de una solución al tema ha sido el compromiso en la búsqueda e identificación de los niños desaparecidos (hoy jóvenes).
Sin embargo la restitución de la identidad no pasa solamente por el hecho del cambio de un nombre y apellido por otro. Pasa por devolverles su identidad y eso se logra únicamente devolviéndoles su historia, siendo posible esto solamente conociendo la verdad.
Si bien consideramos un avance que se asuma la existencia del tema como un problema social que hay que remediar sigue existiendo una realidad incambiada en donde la política del olvido sigue siendo el objetivo, antes a través de la indiferencia y ahora a través del ocultamiento de la verdad y una descontextualización histórica de lo sucedido en este país. Se quiere inculcar la idea de que todos somos culpables, poniendo en un mismo plano a un estado que actuó con total impunidad, con un pueblo que pagó las consecuencias a un costo altísimo y que hoy sigue pagando. Parece ser que la diferencia entre torturador y torturado es de tan solo una letra.
De todas maneras el Presidente como Jefe de Estado estaría dispuesto a asumir la responsabilidad y pedir perdón. Creemos imprescindible que el Estado asuma la responsabilidad pero no de forma simbólica, sino con todo lo que eso implica, empezando por la propias FFAA, por ser las mayores responsables como institución estatal en las violaciones a los DDHH, sin embargo lejos de retractarse, continúan reivindicando su injustificable accionar. Y mientras el gobierno en nombre de la «pacificación» hace un llamado a la «responsabilidad» e intenta despolitizar un tema profundamente político como es el de los desaparecidos, paradójicamente o no tan paradójicamente las FFAA, institución que si debería acatar este pedido del gobierno por estar subordinados a este, e inhabilitadas a opinar en política interna, son las que más declaraciones políticas han hecho, con un discurso rayando en lo fascista. Las FFAA en publicaciones internas acusan a los Familiares de desestabilizadores de la paz y la democracia. Todo esto lamentablemente es producto de no haberles hecho pagar lo que todavía le deben al pueblo. Impunes gracias a esta ley que es la más infame y sin embargo la más incuestionable.
Con respecto al perdón consideramos que no es potestad de un representante de Estado pedir perdón en representación de nadie, ya que además de hacerlo en nombre del estado lo estaría haciendo en nombre de individuos con nombre y apellido que actuaron desde el terrorismo de estado y muy lejos están de sentir arrepentimiento. Y si así fuera algún día, difícilmente sean perdonados. A lo sumo Señor Presidente el pedir o dar perdón es una cuestión que no trasciende de las conciencias individuales.
A lo largo de estos quince años post-dictatoriales o democráticos se ha convertido en evidente la hermandad entre la política del terror de ayer con la política del apaciguamiento de hoy, y que las dictaduras en Uruguay y el resto de América Latina no fueron hechos aislados, fueron caminos de piedra y sangre que tuvo que recorrer el poder económico para llegar a esa calle llamada neoliberalismo que hoy quieren pavimentar sobre la memoria.
Nuestra responsabilidad no es cuidar que esa callecita no se rompa, no nos interesan las calles, nos importan los caminos hechos con VERDAD y con JUSTICIA, que arranquen de la memoria para ahí si, comenzar a caminar.
Fuente: H.I.J.O.S.
Hijos- Uruguay
