
La pareja tenía tres sacos grandes repletos de miles de fotos embarradas en la puerta de su hogar. "Esto es todo lo que nos queda de nuestra hija y nuestra nieta".
La hija había fallecido años atrás, y a la nieta la enterraron una semana antes de que la riada de la DANA arrasara su pueblo, su barrio, su casa y todos los recuerdos impresos de quienes más amaban en la vida.
Las devastadoras inundaciones en Valencia del 29 de octubre de 2024, que cumplen ahora un año, causaron 229 víctimas mortales —el último hallazgo e identificación fue la semana pasada— y daños materiales muy cuantiosos.
Decenas de miles de familias en esa región del este de España perdieron todas sus pertenencias. El agua lodosa irrumpió en sus casas como un tsunami, destrozando la práctica totalidad de sus objetos, muchos insustituibles, como las fotografías familiares, recuerdos materiales de una vida convertidos en papel mojado.
Marisa Vázquez de Agredos y su equipo recolectaron esos sacos con fotos, con la promesa de rescatar todo lo posible y devolverles las imágenes de esa hija y nieta tan queridas.
"Para quienes lo perdieron todo, recuperar la memoria de quienes ya no están es vital", relata a BBC Mundo Vázquez de Agredos, directora de Patrimonio de la Universitat de València y responsable del proyecto "Salvem les fotos", una iniciativa solidaria que lleva un año recuperando recuerdos.
Vázquez de Agredos y su equipo mantienen contacto con aproximadamente mil familias afectadas por la DANA, que como aquella pareja, les han entregado sus tesoros familiares.
Aunque ya han regresado muchas fotos, continúan trabajando "en cerca de dos millones de fotografías" que intentan recuperar en sus laboratorios, detalla.

El proyecto comenzó apenas dos días después de la tragedia, al observar que entre las muchas cosas que los afectados sacaban para desechar estaban los álbumes y fotografías familiares llenos de barro.
"Pensamos que echarían mucho de menos esto cuando pasara la etapa inicial de la catástrofe, porque todos tenemos álbumes, todos tenemos fotos y conocemos el impacto emocional que provoca abrir un álbum, no sé, de los abuelos", explica Vázquez de Agredos, también profesora de Historia del Arte.
Así, lanzaron un llamado en las redes sociales de la Universitat de València con la urgencia del daño irreversible posible: "No tiren los álbumes ni las fotografías, guárdenlas, iremos a buscarlas".
Proporcionaron un correo electrónico y un teléfono que, debido a la urgencia, era el de la propia Vázquez de Agredos.
"Durante el primer mes, recibí entre 150 y 200 llamadas diarias, algunas incluso antes de las 6 de la mañana, fue realmente una locura", comenta la investigadora.
Conscientes de que las familias no estaban en condiciones físicas ni emocionales para más que lo esencial, es decir, intentar reconquistar sus hogares y espacios vitales, decidieron ir puerta a puerta para recoger las fotografías.

En busca de fotos puerta a puerta
Al recordar la ola de solidaridad desatada tras la peor tragedia de España en las últimas décadas, a Marisa Vázquez de Agredos se le entrecorta la voz.
El mensaje para salvar las fotografías también alcanzó a estudiantes de la Universitat de València que residían en las zonas afectadas y decidieron colaborar.
"Nos preguntaban: ‘¿Cómo podemos ayudar? Porque vosotros no podéis llegar’. Y era cierto, esas áreas estaban valladas y fue complicado acceder durante días. El apoyo de estos alumnos, que fueron casa por casa recogiendo álbumes e imágenes, algunos incluso en bicicleta, fue crucial", rememora la coordinadora del proyecto.
El mensaje también circuló por redes sociales comunitarias y grupos vecinales de WhatsApp.
Así fue como Vanessa Villegas, vecina de Catarroja, conoció la iniciativa, con la esperanza de recuperar esos recuerdos familiares con ayuda de los especialistas de la Universitat de València.

"Actualmente todo lo tenemos digitalizado en ordenadores, pen drives y dispositivos similares, pero igualmente, lo perdí todo en la inundación", explica a BBC Mundo.
El agua alcanzó casi dos metros de altura el 29 de octubre de 2024 en la vivienda de Vanessa. La línea marrón que divide lo preservado de lo perdido se puede apreciar en las imágenes de su casa embarrada que comparte.
Pasaron la noche en el piso superior conteniendo la respiración hasta que a las cuatro de la mañana comenzaron a ver la bajada del agua. Al descender, el panorama les dejó devastados.
"Perdimos todo. Muebles, recuerdos, ropa, tres coches", relata esta valenciana quien, pese a todo, se siente afortunada pues las pérdidas fueron solo materiales y todos sus seres queridos se encuentran a salvo.

Aunque un año después, gracias a las diversas ayudas de las administraciones españolas, empiezan a recuperarse, "fue emocionalmente duro, por todo lo que se pierde, especialmente esos recuerdos", reconoce Vanessa.
La posibilidad de recuperar esas fotos "significa mucho para mí, pasar de no tener nada a poseer algo. Solía sentarme a menudo en el salón a ver los álbumes, la sensación de tocar esas fotos en papel tiene un gran valor para mí. Cuando me las devuelvan, seguro me emocionará", comparte.
Ella llevó álbumes de su boda, celebraciones importantes como la comunión de su hijo, y fotografías de su infancia y de su suegra, recientemente fallecida, al laboratorio de "Salvem les fotos", instalado cerca de su localidad, en el Museo Comarcal de l’Horta Sud, en Torrent.
Resiliencia social
El proyecto arrancó con un laboratorio en el Museo de Historia Natural de la Universitat de València, pero creció tan velozmente que Marisa Vázquez de Agredos y su equipo decidieron convertirlo en un "proyecto de protección patrimonial y de resiliencia comunitaria".
Más allá de recuperar las fotografías, la iniciativa buscó integrar a la comunidad, fortalecer la cohesión social y transmitir esperanza en un momento crítico.

Por ello, establecieron laboratorios en las zonas afectadas, donde los centros y espacios culturales de esos lugares les ofrecieron sus instalaciones.
A la iniciativa se unieron desde el inicio otras universidades públicas valencianas, museos y colectivos de conservación y restauración que aportaron su experiencia.
Vázquez de Agredos aclara que sus equipos no restauran las fotografías. La cantidad es tan grande que resultaría imposible trabajar cada una con bisturí.
El trabajo consiste en detener el deterioro microbiológico para evitar que avance. Luego, una vez secas las fotos, se limpian para eliminar el barro, se vuelven a secar y estabilizan para entregarlas en las condiciones más adecuadas posibles.
Las imágenes recuperadas se devuelven a las familias en cuidadosos paquetes y cajas preparadas con esmero por los restauradores.
"No es posible salvarlo todo, pero estamos recuperando una parte muy significativa", explica Marisa Vázquez de Agredos.

Las familias muestran su gratitud. "Hay quien dice: ‘Si me rescatas solo una fotografía de todo lo que te entregué (a veces 2.000), me daría por satisfecho’. Además, la gente ha demostrado una gran empatía hacia el esfuerzo del proyecto y, a pesar del dolor y lo sufrido, se han mostrado maravillosos".
Cada imagen está llena de historias. El equipo está intentando recuperar fotos de personas en tratamiento oncológico que tenían el agua al nivel del cuello dentro de sus hogares, o de una pareja que perdió a sus dos hijos pequeños y solo pudo salvar el álbum de su boda.
"Se ven imágenes de niños jugando en la playa en los años 80 con una pelota de Nivea y dices: ‘Tengo una foto igual’. O podría ser una fotografía de tus abuelos en su boda. La empatía es fuerte porque podría ser tu memoria fotográfica la que está dañada", comparte Marisa Vázquez de Agredos.
"Son más que fotografías, son relatos de vida".


