Manuel Magallanes Maure Manuel: Leo esta carta y la siento antipática. Leo otra vez que Ud. me pide le hable con el alma y no con el cerebro. No tengo alma. Manuel. (No es literatura, por desgracia esto no es una frase.) Y, sin embargo, nunca he sido tan piadosa para los demás. Comprendo hoy, sé, que el bueno es el que siente poco. Mi enloquecimiento espiritual de toda mi vida me dio violencias que hoy me repugnan. En días pasados, Winter me trajo a un pariente suyo: Dn. A.C.M. se le parece algo a Ud., sólo algo. Conversé con él tres o cuatro horas, contenta. Duda Ud., de que aún yo lo estime. Sólo le diré esto. Una compañera sabe mi pena. Le dije………………………………………… ……………………………………………………………………………………….. Jamás me he arrepentido de que haya pasado por mi vida. Es el alma más delicada que yo haya conocido y el que me desprecie no significa que se me empañe ni un momento la visión que tuve de él. En días más le escribiré –me conteste o no Ud. sobre su estado. Volveré a darle consejos, sin esperar nada de Ud. para mí. Me duele su pesimismo. Yo conozco lo que en Ud. pierdo en la vida y los hombres. L
