Alcaraz acumula 100 días fuera de las canchas y reflexiona sobre la experiencia vivida en 2023 mientras prepara su vuelta

Carlos Alcaraz, con su férula en la mano derecha. El 17 de abril se anunció su lesión en la muñeca y comienza a percibirse un atisbo de recuperación.

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El silencio alrededor de Carlos Alcaraz se extiende por semanas, aunque en el circuito parece una eternidad. Cuando la raqueta más dinámica del tenis mundial se retira temporalmente, la expectación en el circuito ATP crece notablemente.

Superar los 100 días fuera de competición no es simplemente una cifra simbólica. Representa la mayor pausa en la trayectoria del murciano, dejando atrás más de un trimestre sin sentir la presión de un partido oficial.

No obstante, lejos de generar alarma, esta interrupción forzada se aborda con una calma pocas veces vista.

Cada día en la academia y cada sesión de fisioterapia están planificados con exactitud quirúrgica. Este enfoque es fruto de la experiencia adquirida en 2023, cuando una pausa similar de 103 días evidenció que regresar pronto no siempre significa consolidarse.

El precedente

Para comprender la serenidad actual, es necesario rememorar el otoño de 2022. El 4 de noviembre, durante los cuartos de final en París-Bercy frente a Holger Rune, un dolor intenso en el costado obligó a detener abruptamente al fenómeno de El Palmar.

El diagnóstico fue contundente: un desgarro en el músculo oblicuo interno del abdomen. Esta lesión le impidió participar en las ATP Finals de Turín y las Finales de la Copa Davis, empañando el cierre de una temporada en la que se había consagrado como el número uno más joven de la historia.

A sus 19 años, afrontó la recuperación con la motivación propia de quien acaba de conquistar el Everest. Se negaba a perder terreno, aunque el destino le tenía reservado un nuevo revés.

Carlos Alcaraz, tras sufrir una lesión.

Carlos Alcaraz, tras sufrir una lesión. EFE

En enero de 2023, poco antes de prepararse para el Open de Australia, un movimiento accidental en un entrenamiento provocó una distensión en el músculo semimembranoso de la pierna derecha.

Estas dos lesiones consecutivas sumaron un total de 103 días fuera de las canchas, desde aquel abandono en París hasta su retorno el 15 de febrero en el ATP 250 de Buenos Aires. Fue el primer verdadero desafío para la fortaleza mental de un jugador poco acostumbrado a detenerse.

Su regreso en Argentina fue espectacular. Alcaraz pisó la arcilla bonaerense y conquistó el título, cediendo solo un set en todo el torneo contra Cameron Norrie.

Pocas semanas más tarde, se impuso en el Masters 1000 de Indian Wells sin perder un solo set, dominando el juego frente a Medvedev en la final y retomando el liderato mundial.

En apenas tres meses consiguió un registro impresionante: cuatro títulos (Buenos Aires, Indian Wells, Barcelona y Madrid) y una final en Río de Janeiro.

Alcaraz posa con el trofeo del Mutua en 2023 tras ganar a Struff.

Alcaraz posa con el trofeo del Mutua en 2023 tras ganar a Struff. ATP

No obstante, rendir al máximo desde el inicio tuvo un coste considerable. La sobrecarga física le pasó factura en Río, con un nuevo aviso en el muslo que le obligó a ausentarse de Montecarlo.

El punto álgido de ese desgaste se evidenció en junio, durante las semifinales de Roland Garros ante Novak Djokovic. El cuerpo de Alcaraz colapsó debido a calambres generalizados causados por la alta tensión nerviosa y el agotamiento muscular.

En ese momento, el cuerpo técnico extrajo una conclusión clara: pasar de cero a cien tras una baja prolongada es un logro notable, pero crea fracturas invisibles en la estructura física a medio plazo.

Tiempo para aprender

Precisamente, ese aprendizaje guía el plan actual. El Alcaraz que afronta la fase final de su rehabilitación ya no es el joven impulsivo que evaluaba su jerarquía por la rapidez en defender puntos en el ranking.

Ahora es un jugador consolidado, con varios títulos de Grand Slam en su expediente y con una perspectiva mucho más analítica de su propio cuerpo. Junto a su fisioterapeuta y el trabajo conjunto con su equipo, su método de trabajo se ha transformado completamente.

Han desaparecido las prisas por acortar los tiempos biológicos de sanación. La atención se ha desplazado del «cuándo» al «cómo».

La preparación está centrada en un trabajo biomecánico preventivo y en la rehabilitación específica de su muñeca. La meta no es solo la recuperación de la articulación, sino también reajustar la distribución de cargas durante el golpe y la cadena de empuje para evitar futuras compensaciones musculares en el brazo.

El conteo de días fuera de competición continúa, pero la incertidumbre previa ha sido reemplazada por una seguridad metódica. Carlos Alcaraz ha entendido que la pausa no equivale a tiempo perdido, sino a un proceso de rediseño.

El circuito ATP extraña sus dejadas imposibles, su increíble cobertura de pista y su carisma contagioso. Sin embargo, en esta ocasión, el regreso no buscará la espectacularidad inmediata de 2023 si eso compromete la solidez en los meses siguientes.

Cuando el murciano vuelva a calzarse y escuche el impacto de la pelota en un partido oficial, el tenis verá no a un jugador desgastado por la inactividad, sino a una versión más calculadora, madura y peligrosa de Carlos Alcaraz.

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