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- Autor, Redacción
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 20 julio 2026
- Tiempo de lectura: 5 min
Una existencia tras las rejas.
Esa fue la sentencia impuesta este lunes a Ismael "El Mayo" Zambada, el narcotraficante que por décadas estuvo al frente del influyente cartel de Sinaloa junto a su compañero Joaquín "El Chapo" Guzmán.
La condena fue emitida por el juez federal de distrito Brian Cogan en un tribunal federal ubicado en Brooklyn.
Zambada, con 76 años, fue arrestado por autoridades federales estadounidenses en julio de 2024 y en agosto de 2025 aceptó su culpabilidad en los cargos relacionados con el tráfico de drogas en una corte de Nueva York, luego de llegar a un acuerdo con la Fiscalía que facilitó esta condena.
En dicha audiencia también reconoció haber sobornado a policías, militares de alto rango y funcionarios mexicanos durante más de treinta años para proteger sus actividades ilícitas.
Antes de esto, Zambada había sido condenado a pagar una multa reparadora de US$15.000 millones.
Una detención mediante engaño

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Zambada fue arrestado por las autoridades federales de EE.UU. en las cercanías de El Paso, Texas, el 25 de julio de 2024.
El veterano capo sostiene que fue trasladado sin su consentimiento a territorio estadounidense, tras un ardid empleado por uno de los hijos de "El Chapo".
Antes de este arresto, jamás había sido capturado, a diferencia de su socio Joaquín Guzmán, quien fue apresado dos veces en México y cumple cadena perpetua en una prisión de máxima seguridad en EE.UU.
Según los reportes de las autoridades estadounidenses, el día de su captura Zambada acudió junto a Joaquín Guzmán López, hijo de su antiguo socio El Chapo, a presentarse voluntariamente ante las autoridades federales de Estados Unidos.
Posteriormente, se reveló que Guzmán López había persuadido a "El Mayo" para abordar un avión en México, con el pretexto de visitar proyectos inmobiliarios, y juntos cruzaron la frontera.
Ya dentro de EE.UU., el hijo del "Chapo" entregó a Zambada a las autoridades. En aquel momento, existía una recompensa de US$15 millones ofrecida por su captura.
Declaración de culpabilidad

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Durante la audiencia en la que aceptó su culpabilidad, Zambada leyó un comunicado en el que confirmó que su involucramiento en el tráfico de drogas comenzó en 1969, a los 19 años.
Reconoció que bajo su dirección, el cartel de Sinaloa traficó más de 1,5 millones de kilogramos de cocaína, lo que le reportó ingresos de cientos de millones de dólares anualmente.
«Reconozco el gran daño que las drogas ilegales han ocasionado a las comunidades de Estados Unidos, México y otros países», manifestó.
Asimismo, señaló que su organización pagó sobornos a policías, oficiales militares y políticos para proteger sus operaciones ilícitas, según reportó Reuters.
También admitió haber ordenado asesinatos a sicarios en contra de sus adversarios.
Antes de ingresar al narcotráfico en los años 70, Zambada trabajó brevemente como repartidor de muebles en las calles de Culiacán y luego comenzó su carrera en el cartel de Guadalajara, pionero en el tráfico de opio, marihuana y finalmente cocaína.
Más tarde, se unió al cartel de Juárez, inicialmente como un mando intermedio y luego como líder, creciendo su cercanía con Amado Carrillo, conocido como el «Señor de los Cielos».
Desde esa posición, se cree que estableció una red de contactos en Colombia, país donde forjó alianzas con importantes productores de cocaína.
Con el paso del tiempo, a medida que otros capos caían o fallecían, Zambada ascendió en poder. Rara vez tuvo problemas con la traición hacia un aliado.
Lo que lo distingue de otros es que siempre mantuvo un perfil discreto. Hay muy pocas imágenes disponibles de él.
Durante su período de influencia, se reportó que se sometió a cirugías para alterar su apariencia, y que tenía numerosas parejas e hijos. Poca información más se conoce.
Pasó décadas desplazándose constantemente entre las montañas del noroccidente mexicano, y rara vez dormía en un mismo lugar más de dos noches consecutivas.
Así se creó una leyenda sobre su habilidad para evadir a las autoridades, la cual fue inmortalizada en una canción de Los Tucanes de Tijuana.
«Lo buscan por todos lados y el hombre no está ni escondido», dice el corrido.
«La ley quiere detenerlo, los contras quieren matarlo, pero nadie lo ha logrado, se les aparece el diablo», agrega.
Sin embargo, la sentencia dictada este lunes parece establecer un cierre definitivo a aquella leyenda.
*Con reportes de Daniel Pardo y Darío Brooks.

