El seleccionador español ha comentado en diversas ocasiones sobre las rutinas que le mantienen en óptimas condiciones físicas.
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Luis de la Fuente representa la imagen más reconocible de una selección española renovada, pero su transformación personal comenzó mucho antes del silbato inicial.
Con 65 años, el seleccionador ha integrado el cuidado físico como una extensión natural de su visión del fútbol y la existencia. «Para mí, el deporte es un modo de vida, más allá de verme mejor o peor», suele afirmar, dejando claro que no se trata de un reto estético, sino de un estilo de vida.
Su aspecto atlético en la banda es solo una pequeña muestra de una disciplina que combina exigencia, esfuerzo y una relación muy particular con el descanso y la alimentación.
Durante las concentraciones, su jornada inicia mucho antes que la del resto. Se despierta alrededor de las seis de la mañana y, mientras muchos apenas abren los ojos, él ya está en el gimnasio.
Allí se concentra entre barras y pesas, dedicándose al entrenamiento con pesas para fortalecer una musculatura que comenzó a cuidar con mayor atención tras sufrir problemas en las rodillas.
El seleccionador reconoce que el gimnasio es casi una necesidad emocional, llegando a confesar que cuando no entrena se siente «incompleto».
En una evaluación personal, definió su rutina con una fórmula clara y directa: «Entrenar una hora diaria en el gimnasio» y «disciplina total».
Luis de la Fuente, en rueda de prensa este lunes.
Esa dedicación constante coincide con la imagen que tiene de sí mismo: una persona moldeada por el esfuerzo y la exigencia desde la infancia.
«Me educaron así, practico deporte desde que tengo uso de razón y hoy sé que sin actividad física no podría vivir», revela, uniendo su trayectoria personal con el mensaje que transmite a sus jugadores. No es casual que siempre defienda la cultura del esfuerzo por encima del talento.
«Trabajo, trabajo y más trabajo. Ser disciplinado. Siempre hablo de valores, disciplina y capacidad de esfuerzo y sufrimiento. Esa es mi dieta», declara, utilizando intencionadamente el vocabulario de la nutrición para referirse al carácter.
Su relación con el descanso es casi tan rigurosa como su compromiso con el gimnasio. Durante la temporada y especialmente en torneos largos, su entorno reconoce que duerme poco, consumido por el análisis de rivales y el repaso de partidos.
Él mismo ha resumido esta situación con una frase que sorprende a expertos en sueño: «Solo descanso cuatro horas por noche». Las cenas se prolongan en conversaciones con su cuerpo técnico y muchas jornadas finalizan cuando para otros ya es casi momento de comenzar de nuevo.
En cuanto a la alimentación, De la Fuente combina rigurosidad y disfrute con naturalidad. Pasa muchas horas en la Ciudad del Fútbol y no renuncia al menú del día en la cafetería de Las Rozas, una dieta sencilla, propia de una persona que trabaja en oficina, que equilibra con hábitos saludables y un control permanente del peso.
No vive sometido a una dieta estricta, pero sigue pautas claras que le permiten «llegar en forma» a las exigencias del banquillo. Esto no le impide concederse ciertos placeres humanos: como buen riojano, disfruta de un buen vino y no rechaza una cerveza al sol.
Al hablar de su plato preferido deja de lado cualquier rol de nutricionista y se deja llevar por la nostalgia: «Me encantan los huevos con patatas fritas», confiesa, idealizando el plato con pan para mojar y una copa de vino.
Este equilibrio entre el entrenamiento con pesas y los huevos fritos permite comprender mejor al seleccionador. Un técnico que levanta pesas al amanecer, vive con «disciplina total» y, a la vez, se identifica como alguien corriente que no ha perdido el gusto por lo sencillo.
Quizás en ese balance entre la barra del gimnasio y la barra del bar resida una de las claves de su influencia sobre un vestuario que ve en él algo más que un entrenador: un ejemplo palpable de coherencia entre palabras y vida.

