El impacto de las olas de calor en España altera las decisiones turísticas para el siguiente año, afectando el auge del sector en el país

A medida que la desviación térmica crece, disminuyen las probabilidades de repetir visita

España, reconocida mundialmente por su liderazgo en turismo, enfrenta un reto emergente: las olas de calor. Un informe indica que los turistas que experimentan temperaturas extremas muestran menor disposición a regresar, lo que obliga al sector a adaptarse para conservar su atractivo.

El turismo internacional sigue siendo uno de los pilares fundamentales de la economía española, alcanzando cifras récord de visitantes y gasto tras la recuperación de la pandemia. No obstante, el sector comienza a enfrentar un desafío que crece cada año: el impacto del cambio climático en las elecciones de los viajeros. Un estudio de CaixaBank Research, basado en la conducta de turistas internacionales, muestra que quienes atraviesan olas de calor en sus vacaciones cuentan con menos probabilidades de retornar a España y, en caso de hacerlo, prefieren destinos con climas más moderados.

España conserva una posición destacada entre los principales destinos turísticos mundiales debido a la diversidad de su oferta, la calidad de sus infraestructuras y la extensión de su temporada turística. Sin embargo, una parte considerable de ese atractivo depende aún de condiciones climáticas favorables que están cambiando a consecuencia del aumento de las temperaturas y la frecuencia creciente de episodios de calor extremo.

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Este análisis examina los datos de pagos con tarjetas extranjeras en terminales de CaixaBank, combinados con información climática del servicio europeo Copernicus, para determinar en qué medida las experiencias de calor extremo durante una estancia afectan la decisión de regresar a España al año siguiente y la selección del destino para futuras vacaciones.

Una chica sufre con el calor en Madrid

Según los hallazgos, cuando la temperatura durante la estancia de un visitante se mantiene dentro de los rangos habituales para esa época, la probabilidad de regresar permanece constante. No obstante, si la desviación térmica aumenta, especialmente cuando supera los cuatro grados por encima de la media histórica, las chances de repetir visita comienzan a reducirse.

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Un bañista se protege de la calor bajo una palmera en una playa de Barcelona. (EFE/ Alejandro García)

En los momentos de calor más intenso, el impacto es aún más claro. Los turistas que experimentan temperaturas excepcionalmente altas muestran una probabilidad de volver aproximadamente un 15% menor en comparación con quienes disfrutaron de condiciones climáticas más habituales. Este dato resulta especialmente significativo, ya que surge en un contexto de fuerte expansión del turismo internacional, demostrando que el calor extremo influye en las decisiones de los viajeros incluso con alta demanda turística.

Cómo varían los destinos a causa del calor

El estudio presenta un dato novedoso: no solo evalúa si los visitantes regresan a España, sino también cómo cambia su preferencia al hacerlo. Se identifica que quienes soportaron altas temperaturas durante sus vacaciones tienden, al año siguiente, a elegir destinos con condiciones climáticas usualmente más frescas.

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Específicamente, aumenta la probabilidad de optar por lugares cuya temperatura histórica sea al menos cinco grados inferior a la registrada en la estancia anterior. Esta adaptación no implica necesariamente abandonar España, sino reorganizar las vacaciones para reducir la exposición al calor. La experiencia de un verano particularmente caluroso termina condicionando las decisiones futuras de muchos turistas.

Se identifican dos formas principales para este ajuste. La primera se basa en cambiar de destino manteniendo prácticamente las mismas fechas de viaje. La segunda consiste en conservar el mismo tipo de vacaciones, pero desplazarlas a períodos menos calurosos del año. Sin embargo, el análisis indica que tales cambios suelen ser limitados.

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Turistas leales a su destino

Fotografía de archivo de turistas llegando a la playa de Benidorm (Alicante). EFE/MORELL

La lealtad al destino sigue siendo alta. En los enclaves mediterráneos, que representan cerca de dos tercios del turismo internacional, más del 85% de quienes repiten viaje eligen la misma zona geográfica. Solo un pequeño segmento opta por cambiar la costa mediterránea por otros sitios como la fachada atlántica, lo que indica que las olas de calor no provocan alteraciones bruscas en las preferencias.

La adaptación ocurre, por tanto, de forma más sutil. Un turista puede continuar eligiendo la costa mediterránea, pero preferir un municipio distinto, una localidad a mayor altitud o una zona con temperaturas históricamente moderadas. En archipiélagos como Canarias, sucede algo parecido, donde muchos visitantes cambian de isla o seleccionan orientaciones costeras más frescas sin dejar el destino conocido.

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Los datos también señalan que quienes visitaron el interior peninsular durante episodios de calor extremo tienden a preferir luego localidades situadas a mayor altitud, donde las temperaturas suelen ser más bajas. Esta táctica permite mantener el mismo tipo de viaje, ajustando únicamente el entorno para mejorar el confort térmico.

Frente a esta evolución, el estudio concluye que el sector turístico tendrá que fortalecer su capacidad de adaptación para conservar su competitividad en los próximos años. Acciones como aumentar las zonas de sombra, mejorar la eficiencia energética de alojamientos, modificar los horarios de actividades o ampliar la oferta de ocio en espacios interiores pueden ayudar a reducir el impacto de las altas temperaturas en la experiencia de los visitantes y favorecer que España continúe siendo uno de los destinos preferidos en el turismo internacional.

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