La alférez Borbón finaliza con éxito una etapa importante

La heredera concluyó esta semana tres años de formación militar considerada como «destacada».

El rey Felipe VI entrega la Gran Cruz al Mérito Aeronáutico a la Princesa Leonor

Ayer, la Princesa de Asturias entró por última vez en su dormitorio dentro de la Academia General del Aire. Tras la ceremonia de entrega de despachos a sus compañeros de quinto curso, que egresaron como tenientes, la joven se dirigió a su camarote para recoger su petate y algunas pertenencias que aún quedaban en la habitación. Se despidió de mandos y camaradas y partió junto a sus padres, los Reyes Don Felipe y Doña Letizia, y su hermana, la Infanta Sofía, hacia su hogar. Así se cerró un ciclo de tres años de formación militar intensiva y exigente, que la Princesa afrontó de manera «sobresaliente», según coinciden las tres Academias. Este tiempo le ha proporcionado valores, experiencia y soltura a quien está llamada a ejercer como mando supremo de las Fuerzas Armadas. Aunque ayer concluyó su formación, su vínculo con el ejército perdurará para siempre.

Para Leonor se diseñó un programa formativo específico, fruto de la colaboración entre la Casa Real y el Ministerio de Defensa. Margarita Robles coordinó estrechamente con el anterior jefe de la Casa, Jaime Alfonsín, y el consejo del Cuarto Militar, la planificación del adiestramiento de Doña Leonor. Se acordó que siguiera la trayectoria de su padre: un año en la Academia General Militar en Zaragoza, realizando las semanas de adaptación y campamento con los cadetes de primero, y completando el resto del curso en Segundo.

Felipe VI y la Princesa Leonor, en la entrega del despacho de alférez en Zaragoza.

Al llegar a Zaragoza, sus botas ya estaban amoldadas tras un plan de entrenamiento establecido desde la Semana Santa anterior para facilitar su adaptación. Era necesario que se encontrara en una condición física equiparable a la de sus compañeros, superando las rozaduras y ampollas habituales durante los primeros días con botas nuevas. La supervisión de este programa, así como del resto de su formación, estuvo a cargo de Margarita Pardo de Santayana, teniente coronel de artillería destinada en el Cuarto Militar, quien ha sido el enlace entre las Academias y la Casa Real durante estos tres años.

En la General, Leonor adquirió habilidades de supervivencia, práctica de orientación, desplazamiento por terrenos embarrados, natación con uniforme y mochila, desfile y fundamentos de los valores militares. Memoró el decálogo del cadete, el himno de la academia y los acordes de ‘La muerte no es el final’. Probablemente, el momento más significativo en Zaragoza fue su jura de bandera en octubre de 2023. En esa ocasión, Leonor se comprometió a ser leal a España y a entregar su vida por la patria.

Desde allí, y portando la Gran Cruz al Mérito Militar, cambió el uniforme caqui por el blanco naval. En septiembre de 2024 ingresó en la Escuela Naval de Marín con los estudiantes de tercer curso, como guardiamarina de 1ª. Durante un trimestre se puso al día en los conocimientos básicos de navegación y en enero de 2025 zarpó a bordo del Juan Sebastián de Elcano para efectuar el crucero de instrucción. Seis meses en alta mar en los que aprendió a manejar instrumentos de navegación, a interpretar cartas marítimas y orientarse mediante las estrellas. Según se comenta, disfrutó de esa larga navegación, libre de expectadores y distracciones. En Marín comprendió el respeto al océano, el sacrificio de los marinos y la dureza de la Armada. Tras el crucero de instrucción, completó su formación a bordo de una fragata durante unas semanas, donde se rigió por el mismo régimen de guardias que sus compañeros.

La Princesa de Asturias, al llegar al Uruguay durante el crucero de instrucción del Juan Sebastián de Elcano.

Celebró el día del Carmen junto a sus compañeros en la entrega de despachos de los grados superiores y se despidió de Marín y de sus amistades rumbo a Murcia. En septiembre de 2025, Leonor ingresó en la Academia General del Aire. Tras el alto grado de exposición pública vivido en la Armada, Zarzuela optó por proteger más su imagen, permitiéndole centrar su atención en los estudios. Este periodo alejado de cámaras y críticas le ha permitido alcanzar todos los objetivos planeados y también explorar otros retos personales no previstos inicialmente. Realizó dos saltos en el Pilatus Pc, completó el Curso Básico de Paracaidismo con seis saltos con paracaídas automático e incluso pilotó un F-5.

«Les aseguro que no soy la misma persona que llegó a Zaragoza», manifestó hace unas semanas la Princesa. Y eso es cierto. Leonor ha demostrado una notable capacidad de adaptación y resiliencia, así como esfuerzo y modestia. Dos anécdotas ilustran esta realidad. La primera, en Zaragoza, cuando recién llegada y sin rango asignado, saludaba con respeto en el comedor a cualquier superior que encontraba. La segunda, en Marín, tras un cóctel, después de que se cayeran unos vasos, la Princesa se apresuró a recogerlos. En otra ocasión, permaneció buscando el interruptor para apagar la luz de uno de los salones.

El director de la Academia General del Aire, Luis González-Asenjo, elogió ayer a la Heredera tras completar tres años memorables.

Durante su discurso afirmó que Leonor «desde su llegada al centro ha logrado superar con éxito todos los objetivos establecidos». Confesó, además, que la presencia de la Princesa fue «muy enriquecedora» para quienes le acompañaron: «Su conducta ha sido ejemplar y su integración ha conseguido hacerla una más entre sus compañeros». Subrayó también las enseñanzas que les dejó en San Javier: «Su esfuerzo, tenacidad, confianza en sí misma, responsabilidad y valor» fueron lecciones de vida para quienes la han acompañado». Cerró su intervención asegurando: «Nos sentimos muy orgullosos de la destacada aviadora que ya forma parte de nuestro equipo».

Leonor regresará el próximo año a las tres academias que han sido su hogar durante estos tres años. Entonces recibirá el despacho de teniente de manos de su padre, Felipe VI, y podrá cumplir un deseo largamente esperado entre los egresados: la famosa orden «¡rompan filas!».

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