Estrategias de Kim Jong-un para estabilizar la economía de Corea del Norte y consolidar su liderazgo

Kim Jong-un habla desde un atril con tres micros. Lleva un gorro y tiene la bandera de su país detrás.

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    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Fecha de publicación 10 julio 2026
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Corea del Norte afronta desde hace décadas lo que expertos internacionales definen como una crisis de subsistencia.

De acuerdo con datos de Naciones Unidas, alrededor de 11 millones de personas, equivalentes al 45% de la población, sufren malnutrición en un país donde se reportan violaciones masivas de derechos humanos.

Años de economía controlada por el Estado, aislamiento internacional y el deterioro de los servicios públicos en favor de un aparato represivo de seguridad han provocado lo que Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU, ha calificado como una «crisis de derechos humanos».

Kim Jong-un, tercero de la dinastía Kim que gobierna esta república comunista desde su creación tras la Segunda Guerra Mundial, ha afianzado su autoridad en uno de los países más cerrados y aislados a nivel mundial.

Durante la pandemia de covid en 2020, la situación se volvió todavía más compleja.

El impacto económico global causado por la pandemia fue especialmente severo para una economía atrasada y escasamente conectada con el exterior.

En medio de denuncias sobre la escasez de alimentos y las sanciones internacionales impuestas a su régimen, el líder, presentado por la propaganda como infalible, apareció en televisión con un semblante serio para disculparse ante sus ciudadanos.

«Lo siento sinceramente», afirmó: «Mis esfuerzos y sinceridad no han bastado para liberar a nuestro pueblo de las dificultades».

Sin embargo, desde entonces la situación parece haber experimentado ciertos cambios.

La pandemia quedó atrás, la presión de las sanciones internacionales se relajó, Pyongyang continuó con el desarrollo de su armamento nuclear y estableció una alianza con la Rusia de Putin y, por primera vez en décadas, la actividad económica mostró señales positivas.

Por ello, el discurso que Kim emitió en marzo pasado desde la Asamblea legislativa tuvo un tono muy distinto.

Kim se jactó de que Corea del Norte vivió «una transformación milagrosa» y declaró: «Nuestro país ya no es vulnerable a las amenazas externas».

¿Hasta qué punto ha mejorado realmente la economía norcoreana?

La situación en Corea del Norte

Determinar la realidad en Corea del Norte es complicado.

El régimen ejerce un control férreo sobre cualquier fuga de información hacia el exterior y los medios deben reconstruir lo que ocurre en el país a partir de testimonios de desertores, informes de inteligencia extranjera, en particular de Corea del Sur, y el relato de escasos occidentales autorizados a visitar el país, siempre bajo estricta vigilancia gubernamental.

Estas fuentes, sin embargo, apuntan a una reciente mejora en una economía estancada durante años.

Según estimaciones del Banco Central de Corea del Sur, el Producto Interno Bruto de Corea del Norte creció un 3,7% en 2024, su mayor avance en ocho años, y los especialistas sostienen que la economía norcoreana atraviesa su momento más próspero desde que Kim Jong-un asumió el poder.

Stephen Haggard, investigador de la economía norcoreana en la Universidad de California, San Diego, indicó a BBC Mundo que «el régimen es más rico que nunca».

Kim Jong-un, flanqueado por una mujer joven y seguido por varios militares norcoreanos, camina alejándose de un vehículo militar pesado.

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Las ventas de armamento a Rusia para su conflicto en Ucrania, las relaciones comerciales con China, un mayor control estatal sobre los mercados informales y una aplicación menos estricta de las sanciones internacionales han ayudado a engrosar las arcas del régimen de Kim.

No obstante, los analistas insisten en que las condiciones de vida continúan siendo duras para la mayoría de la población, especialmente fuera de las élites gobernantes y la capital, Pyongyang.

En esta última, sí se perciben indicios claros de mejoría.

Visitantes recientes señalan que ahora hay más calles iluminadas y que en los edificios altos, donde antes los ascensores no funcionaban debido a la falta de electricidad, se operan al menos algunas horas al día.

El estudio de imágenes satelitales por parte del Grupo de Observación de la Tierra de la Escuela de Minas de Colorado, especializado en analizar la iluminación artificial desde el espacio, ha revelado un incremento sostenido en la iluminación eléctrica de Pyongyang en los últimos años.

Asimismo, los pocos occidentales que han entrado al país han constatado cambios que sugieren un mayor consumo y riqueza, como la proliferación de teléfonos móviles, autos eléctricos importados y servicios de entrega a domicilio o transporte mediante aplicaciones.

Rowan Beard, agente de viajes australiano, relató al Wall Street Journal que durante su última visita a Pyongyang, tras años sin ir, se sorprendió cuando su intérprete solicitó un taxi por una app y el vehículo llegó en pocos minutos. «Era algo completamente nuevo. Me impactó», comentó Beard.

Otra señal de una incipiente recuperación económica, aunque limitada, es la finalización de algunos proyectos emblemáticos impulsados por Kim Jong-un, como la edificación de grandes complejos turísticos, por ejemplo Wonsan Kalma, en la provincia marítima de Kangwon.

Además, Kim ha lanzado iniciativas ambiciosas, como la denominada 20×10, que promete levantar 20 fábricas en todo el país en una década para fomentar el desarrollo fuera de Pyongyang.

Personas y vehículos transitan por una calle de Pyongyang.

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El régimen ha logrado además establecerse de facto como un estado nuclear.

Ni las sanciones ni la estrategia negociadora de Donald Trump en su primera presidencia lograron persuadir a Kim para renunciar a su arsenal nuclear, que considera vital para garantizar la supervivencia de su régimen frente a «amenazas» externas, especialmente de Estados Unidos.

Pyongyang ha desplegado una nueva generación de misiles y, según analistas occidentales, trabaja en el diseño de submarinos con propulsión nuclear y misiles balísticos intercontinentales con capacidad para alcanzar el territorio continental estadounidense.

Una mujer uniformada en una plaza de Pyongyang.

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La difícil vida de los norcoreanos

Los ciudadanos norcoreanos están acostumbrados a vivir en condiciones adversas.

Entre 1994 y 1998 atravesaron una grave crisis humanitaria conocida en ámbitos académicos como la «Gran Hambruna» o, según la propaganda estatal, como la «Ardua Marcha».

Aunque el gobierno nunca reconoció el hecho, se calcula que cientos de miles fallecieron por inanición y enfermedades relacionadas, producto de la conjunción de la pérdida del apoyo soviético, la mala gestión económica y desastres naturales.

En aquel entonces y en la actualidad, los norcoreanos viven bajo un estado policial que, según organismos internacionales y activistas, viola los derechos humanos.

Denuncias de desertores indican que las autoridades disparan a matar a quienes intentan escapar y aplican castigos severísimos, incluso la pena de muerte, por actos como escuchar K-pop o ver series surcoreanas.

Cualquier señal de disidencia o insubordinación puede ser castigada con fusilamiento, como ocurrió con Jang Song-thaek, propio tío de Kim Jong-un, ejecutado en 2013 por orden del líder.

Kim Jong-un camina sonriente entre vacas en un establo. Le siguen dos hombres.

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Durante la pandemia, el control estatal se intensificó y se extendió al mercado informal de productos importados de China, dejando sin su última fuente de sustento a muchas familias norcoreanas.

«Lo más duro del régimen de Kim Jong-un fue que no nos permitían ganar dinero», comentó Kim Yu-mi, una desertora que escapó a Corea del Sur, al The New York Times.

Jongkyu Lee, experto en Corea del Norte del Instituto para el Desarrollo de Corea, un centro de análisis en Seúl, dijo a BBC Mundo que con el control de los mercados informales «las autoridades parecen seguir una estrategia para centralizar todas las actividades comerciales bajo supervisión estatal y dentro de un esquema económico en el que el Estado es el eje».

«El problema es que mayor control estatal no ha significado una mejora en las condiciones de vida», agregó Jongkyu.

El rol de Rusia y China

El entendimiento con Rusia ha sido un factor clave para los recientes avances económicos de Corea del Norte.

Cuando en febrero de 2022 Vladimir Putin inició la invasión rusa a Ucrania, Kim Jong-un vio en la guerra una oportunidad estratégica.

Kim Jong-un camina sonriente a la derecha de Donald Trump en una cumbre en Hanói.

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Mientras Estados Unidos centraba su atención en otros asuntos —Donald Trump no retomó en su segundo mandato las negociaciones con Kim—, el líder norcoreano respaldó a Putin, esperando recibir apoyo a cambio.

Informes de inteligencia de Occidente indican que alrededor de 15,000 soldados norcoreanos han sido enviados para luchar con Rusia en Ucrania o para trabajar en la industria rusa, compensando la falta de mano de obra debido al conflicto.

El acuerdo con Putin permitió que la industria norcoreana reactivara su producción destinada a municiones y armamento para Rusia.

Como reflejo de su afinidad, Rusia y Corea del Norte firmaron en junio de 2024 un Tratado de Asociación Estratégica Integral que incluye una cláusula de defensa mutua.

La recepción de recursos, armamento y tecnología rusa en los últimos años ha fortalecido la capacidad militar de Kim y ha revitalizado sectores productivos abandonados durante décadas.

«La expansión reciente de la colaboración militar con Moscú ha potenciado industrias como la minería, la metalurgia, la fabricación de maquinaria y la química; además, la mayor demanda de municiones ha incentivado la producción en sectores estatales, favoreciendo una notable recuperación en la economía formal», explica Jongkyu.

Aunque el analista surcoreano advierte que las posibilidades de Putin para apoyar a Kim son limitadas.

«Rusia puede aliviar algunas restricciones económicas urgentes de Corea del Norte, pero su capacidad para sostener un desarrollo económico integral es considerablemente inferior a la de China», apuntó.

Putin (i) brinda con Kim. Tras ellos, las banderas de sus países.

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La reciente visita, la primera en siete años, del presidente chino Xi Jinping fue interpretada como una señal de recuperación del peso económico y geopolítico de Corea del Norte bajo Kim, así como un intento de contrarrestar su vínculo con Putin.

En 2017, China apoyó el endurecimiento de sanciones impulsado por Estados Unidos en la ONU para frenar el desarrollo nuclear norcoreano, pero esta vez Xi evitó pedir la «desnuclearización» de la península coreana, rompiendo con la postura oficial anterior y aliviando la presión sobre Kim.

De hecho, la confianza en la eficacia de las sanciones comenzó a disminuir tras el fracaso de la cumbre de Hanói en 2019 entre Trump y Kim.

«China cambió su perspectiva basándose en que las sanciones parecían ineficaces, una postura compartida por algunos sectores en Estados Unidos», explicó Haggard a BBC Mundo.

Xi apostó en Pyongyang por llevar la relación bilateral «a otro nivel» y reforzar la cooperación económica.

«El futuro económico de Corea del Norte probablemente seguirá dependiendo de su relación con China», concluye Jongkyu.

Perspectivas para la economía norcoreana

Especialistas internacionales indican que, durante los años difíciles, Pyongyang creó mecanismos para llenar sus arcas que aún utiliza, como exacciones sobre las remesas enviadas por norcoreanos en China y la actividad de un ejército oculto de hackers que ha obtenido grandes sumas en criptomonedas.

Un informe de Chainalysis, empresa estadounidense que investiga el uso ilegal de criptomonedas globalmente, señala que el régimen norcoreano alcanzó un récord de US$2,000 millones robados en 2025 en el ecosistema cripto, recurso empleado durante años para evadir sanciones y financiar programas armamentísticos.

No obstante, estos recursos no han generado un alivio tangible en la crisis humanitaria interna.

A la espera de evaluar cuánto beneficiará a Kim la renovada cooperación con China anunciada tras la visita de Xi Jinping, queda por ver el verdadero alcance de la prosperidad que ahora proclama el régimen.

Especialmente, si esta bonanza llegará a la población común alejada de Pyongyang y sus élites.

No debe perderse de vista el punto de partida: el Producto Interno Bruto norcoreano representa apenas un 1% del de Estados Unidos.

Y la «transformación milagrosa» de la que habla Kim deberá superar numerosos desafíos.

Haggard comenta que «hay señales de que el régimen invierte en desarrollo rural y vivienda. Sin embargo, las diferencias entre Pyongyang y el resto del país siguen siendo enormes. Y está la duda de si este auge es realmente sólido. ¿Cuenta el proyecto 20×10 con los fondos suficientes? ¿De dónde provendrá la tecnología necesaria? Y además está la cuestión más amplia del impacto del gasto militar y si producirá efectos adversos a largo plazo».

Jongkyu también expresa su escepticismo:

«La situación actual parece más un modelo de crecimiento impulsado por la guerra que uno sostenible. Aunque la demanda militar puede sostener la producción en el corto plazo, la viabilidad a largo plazo es incierta».

El analista añade además una advertencia central: «Los beneficios aún no se han distribuido entre la población común».

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