Las claves
El incendio forestal en Los Gallardos ha obligado a evacuar a 600 personas y ha provocado el fallecimiento de 12 individuos, algunos de los cuales quedaron atrapados en sus vehículos al intentar escapar.
La mayoría de los evacuados, entre ellos numerosos extranjeros, han sido alojados en el pabellón deportivo de Garrucha y en otros espacios de la zona, gracias a la ayuda de Cruz Roja y voluntarios.
Habitantes como Charo Moriche y Mandy Batt relatan el miedo y la rapidez con la que tuvieron que salir de sus hogares, dejando atrás sus pertenencias y tratamientos médicos.
Entre los evacuados figuran turistas y grupos sorprendidos por la emergencia, entre ellos un grupo de británicas que celebraban una despedida de soltera y visitantes alojados en complejos turísticos afectados.
«Fue aterrador. Mi casa olía a humo y los árboles cercanos estaban quemados. Salí corriendo con lo que llevaba puesto y mi perro, y hasta olvidé mi tratamiento médico».
Han transcurrido casi 24 horas desde aquel instante, pero Charo Moriche todavía siente el miedo en el cuerpo.
Tiene 74 años y vive sola en una vivienda rural en Bédar, una de las localidades más dañadas por el gran incendio que afecta esta parte de Andalucía desde el jueves y que ha causado la muerte de 12 personas.
Eran las 19:30 del jueves cuando Charo observó la situación y no dudó en actuar. «Vi las llamas cerca de casa y salí corriendo», relata.
A pocos metros de donde vive, hay otra casa habitada por una pareja suiza de edad avanzada que suele pasar largas temporadas ahí. Charo intentó convencerles para que se unieran a ella y evacuaran, pero se negaron y no sabe si están bien.
Charo se encuentra entre las 600 personas evacuadas, alojada desde la madrugada del jueves en el pabellón deportivo de Garrucha y planea pasar otra noche allí. «Estoy agotada y simplemente me dejo llevar», dice, aliviada de haber sobrevivido.
Otros evacuados se encuentran en el teatro de Lubrín, un convento en Antas, o alojados en hoteles y casas de familiares y amigos.
Julia, otra vecina evacuada de Bédar, cuenta que, como Charo, vio de repente una cortina de humo muy cerca de su vivienda. «Pensé: ‘Nos va a pillar aquí en medio como un sándwich y vamos a arder», por eso decidió huir.
«Muchos ingleses, alemanes y otros habitantes fueron sorprendidos por el fuego durante la evacuación. Vieron las llamas, intentaron escapar, algunos tomaron rutas alternativas… Familias enteras murieron calcinadas en sus coches», describe.
El pabellón deportivo Vista Alegre de Garrucha, donde se concentró la mayor parte de los evacuados, reflejaba preocupación en lugar de tranquilidad.
Gran parte de los evacuados son extranjeros. Una de ellas es Mandy Batt, residente en Los Gallardos, donde comenzó el incendio, y que fue trasladada al pabellón junto con su perro.
«Llevo 25 años en España y apenas hablo español», dice disculpándose. Asegura que su casa no sufrió daños y que no conocía a las víctimas antes de ser llevada a un hotel.
Numerosos efectivos de Cruz Roja y voluntarios están presentes, registrando a los llegados para identificar y evaluar sus necesidades. A las personas mayores se les da preferencia para su traslado a hoteles próximos, como los de Garrucha y Mojácar.
Dentro del pabellón hace mucho calor; afuera, la temperatura es de 35 grados, aunque una ligera brisa ofrece alivio y muchos evacuados prefieren estar fuera. Allí estaban sentados Paul Tweddle y su esposa Lesley.
Residen en Leicester (Inglaterra) y llegaron el martes pasado de vacaciones. Estaban alojados en un complejo turístico que tuvo que ser evacuado por el fuego.
«Desde luego, no fue el tipo de vacaciones que esperábamos, pero estas cosas ocurren», comenta Paul con tranquilidad a EL ESPAÑOL. Al ser personas mayores, pocas cosas les sorprenden ya.
Llegaron al pabellón de Garrucha a las 11 de la mañana y pasarán la noche del viernes en un hotel. Ignoran si podrán regresar al complejo turístico que reservaban en el campo, el cual visitaban por segunda vez.
Su estancia será breve, pues regresan a Leicester el martes tras una semana de vacaciones. No obstante, ambos aseguran que «volveremos a España porque nos encanta y la atención recibida ha sido excelente».
Con semblante triste y sorprendidas se encuentran un grupo de siete británicas que viajaban por una despedida de soltera. Habían alquilado una casa rural en Bédar y llegaron a España la mañana del viernes en avión.
Un autobús las dejó justo en la entrada del pabellón de Garrucha. Llegaron con sus bandas puestas, sin comprender lo que estaba ocurriendo.
«Estábamos de viaje y no habíamos visto las noticias. Estamos en shock», confiesa una de ellas, que prefiere mantener el anonimato. Tras varias horas en el pabellón, donde comieron empanada y bocadillos, tomaron un Uber para dirigirse a un hotel cercano.
Permanecerán en Almería hasta el martes y, sin duda, esta experiencia les marcará para siempre. Después de horas, ya relajadas y aceptando la situación, al llegar y comprobar la dimensión del incendio rompieron a llorar.
Así lo relatan Rocío y Marta Galindo, dos voluntarias que trabajaron desde la noche del jueves hasta las 3:00 am ayudando a los recién llegados y que cumplieron similar labor durante el viernes.
«Ayudamos a montar camas, preguntamos qué necesitaban las personas; todo fue muy improvisado, y el pueblo de Garrucha respondió con gran solidaridad«, señala Rocío.
Algunos tenían la mirada perdida; otros esperaban pacientemente su traslado a hoteles o información sobre el regreso a sus domicilios.
Uno de los episodios más conmovedores en el polideportivo de Garrucha fue el de una anciana alemana llamada Ingrid. No hablaba español, no tenía teléfono móvil y había pasado seis horas sin poder localizar a su esposo, quien estaba en un hospital para realizarse pruebas.
Alrededor de las seis de la tarde, su marido apareció en el pabellón, se abrazaron y todos los presentes aplaudieron. Un rayo de esperanza en medio de la tragedia.

