El centrocampista del Barça visita Canarias, su lugar de origen, para descansar antes de que comience cada temporada.
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En el centro del noreste de Tenerife, protegido por las imponentes montañas del macizo de Anaga, se halla un sitio que desafía el turismo masivo convencional. Este es Tegueste, un municipio que destaca en el mapa canario por una característica particular: constituye un «islote» rodeado en su totalidad por el territorio de San Cristóbal de La Laguna.
Aunque carece de salida al mar, cuenta con un microclima que ofrece una primavera perpetua, convirtiéndose en el refugio donde Pedri González, la figura del FC Barcelona y de la selección española, opta por “desconectarse” cada verano.
Alejado de los yates de Ibiza o las mansiones exclusivas de la Costa del Sol, Pedri vuelve siempre a sus orígenes. En Tegueste, no es visto como una estrella inalcanzable, sino como el hijo de Fernando y Rosy, el joven que ayudaba en el negocio familiar, la Tasquita El Rayas.
Rodeado de viñedos de la denominación Tacoronte-Acentejo y senderos aromáticos con laurel y laurisilva, el mediocampista se distancia del bullicio del Camp Nou.
No obstante, Tegueste representa mucho más que el lugar natal de un talento futbolístico. Este municipio es reconocido como la cuna de la lucha canaria. En esta parte de la isla, el deporte autóctono no es una afición secundaria; se considera una auténtica tradición.
Pedri, durante un entrenamiento con España.
El terrero de lucha local es el punto central de la vida comunitaria, donde la nobleza y la fuerza convergen en una práctica que tiene sus raíces en los antiguos guanches. Esta identidad guerrera impregna cada rincón, fomentando un espíritu vecinal orgulloso y acogedor.
El encanto del lugar se intensifica con sus leyendas y su patrimonio cultural. Caminar por su casco histórico es descubrir un «hogar de gigantes». Durante sus celebraciones, en particular la famosa Romería de San Marcos, los Gigantes y Cabezudos —antiguas figuras de rostros expresivos y un tanto inquietantes— recorren las calles empedradas, acompañando las conocidas carretas adornadas con granos de cereales.
Este evento visual parece detener el tiempo en el pasado siglo. Sin embargo, uno de los secretos más sorprendentes de Tegueste es su cementerio «invisible». Muchas personas pasean por la plaza principal, junto a la iglesia de San Marcos, sin darse cuenta de que sobre sus cabezas yace el antiguo camposanto del pueblo.
Lejos de resultar un sitio sombrío, esta fusión de lo sagrado con la vida diaria refleja la filosofía del municipio: honra a quienes vivieron antes.Para Pedri, este entorno de tradiciones vivas y misterios históricos es el único espacio donde puede mostrarse auténticamente.
Mientras el mundo del fútbol especula sobre su próximo gran contrato, él opta por disfrutar de unas garbanzas en su pueblo, rodeado de sus «gigantes» y de la calma de un valle que, aunque sin litoral, posee una riqueza cultural insospechada en cualquier otro lugar.

