El papel de la lengua en la transición de los animales del medio acuático al terrestre

Cabeza de una jirafa con parte del cuello, con la lengua afuera y el cielo azul intenso de fondo.

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    • Autor, Caroline Steel y Jo Glanville
    • Título del autor, BBC World Service, Serie "CrowdScience"
  • Fecha de publicación 5 julio 2026
  • Tiempo de lectura: 8 min

Desde las azules de las jirafas, pasando por las extremadamente largas de osos hormigueros hasta las ágiles de los camaleones, las lenguas constituyen uno de los órganos más adaptables y diversos en el reino animal.

Además, resultan ser realmente asombrosas.

Por ejemplo, las de los guacamayos, como ocurre en todas las especies de loros, "poseen un hueso interno", explica Jessica Ray, principal cuidadora del Zoológico de Londres, en conversación con la BBC.

"Se asemeja a un dedo índice ligeramente curvado, pero está revestido de cuero y es muy oscuro. Les facilita manipular los alimentos. Rompen la cáscara de la nuez con el pico y luego emplean la lengua para pelarla, seleccionar lo que desean y escupir lo que no".

Según Ray, "esto es sumamente útil", especialmente si la dieta incluye numerosas semillas y frutos secos. A lo largo de millones de años, este tipo de lengua se consolidó como una adaptación exitosa… aunque pueda parecer salida de una película de terror (sin ánimo de ofender a los guacamayos).

Sin embargo, en un punto remoto de nuestra historia evolutiva, humanos y guacamayos compartieron un ancestro común. ¿Por qué estas aves desarrollaron básicamente un dedo dentro de la boca, mientras que los humanos poseen una lengua muscular, plana y rosada? ¿Cuál es el origen de las lenguas?

"Dado que evolucionamos a partir de ancestros acuáticos, y estos se alimentaban en el agua, cuando la transición hacia la vida terrestre ocurrió, fue necesario inventar un método para capturar y manipular la comida en la boca sin depender del agua", describe Kurt Schwenk, biólogo evolutivo.

En el agua, las presas flotan y la gravedad no representa un desafío. La mayoría de los peces emplea la succión: abren rápidamente la boca y la garganta, absorbiendo agua y atrapando presas en ella.

Por el contrario, en tierra firme el aire no es viscoso, eliminando la posibilidad de que los alimentos floten.

"Dado que la gravedad ejerce peso sobre la comida, esta debe levantarse y colocarse físicamente en la boca. La lengua se desarrolló a partir de los músculos existentes en los peces, cumpliendo la función antes desempeñada por el agua", explica el profesor de ecología y biología evolutiva de la Universidad de Connecticut.

"En lugar de succionar, estos animales extienden la lengua para atrapar la presa y acercarla a la boca. Tras ingresar, pueden levantarla, moverla hacia adelante y atrás, y empujarla hacia la garganta para ser ingerida… replicando funciones que históricamente realizaba el agua".

Esto representó apenas el inicio.

Para cortar, para oler…

Primer plano extremo de la cara de una guacamaya azul y amarilla (verde, blanca, negra), con el pico abierto y la lengua afuera.

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Las lenguas tienen una historia de cientos de millones de años.

Iniciaron como una herramienta básica para introducir alimento en la boca y luego evolucionaron hasta alcanzar diversidades tan distintas como las de los gatos y perros: ásperas como papel de lija en los felinos y más suaves y maleables en los caninos.

"La razón principal por la que los animales poseen lenguas con formas diferentes es que capturan presas mediante diversas técnicas", resalta Callum Ross, profesor especializado en sistemas de alimentación en la Universidad de Chicago.

"Por ejemplo, herbívoros, carnívoros y nectívoros (que se alimentan principalmente de néctar), todos tienen lenguas adaptadas a su modo de alimentación", añade.

Las vacas, por ejemplo, presentan papilas especializadas que les permiten agarrar la hierba y cortarla con la lengua.

En los mamíferos, todas las lenguas están recubiertas por papilas, pequeñas protuberancias que facilitan la manipulación del alimento y, en ocasiones, la percepción del sabor.

Así, una vez que los primeros vertebrados terrestres emergieron, sus lenguas se diversificaron y especializaron.

En casos como la lengua pegajosa de ciertas ranas, parece producto de un diseño perfecto, aunque la evolución no sigue planes conscientes, sino que selecciona variaciones dentro de una población que mejoran la supervivencia y transmisión genética.

Esto es clave para un órgano relacionado con la alimentación.

Y en varias especies, la lengua evolucionó más allá de sus funciones básicas.

Un encantador de serpientes le saca la lengua a una cobra, que tiene su propia lengua afuera

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Una de las lenguas más icónicas y temidas es la de la cobra real, la serpiente venenosa más grande del planeta.

Es larga, oscura y se bifurca en dos puntas.

"Al extender su lengua, detectan señales químicas del entorno. Gracias a su bifurcación pueden distinguir de forma diferente en cada lado, funcionando como un sistema sensorial en estéreo", comenta Ben Tapley, curador de anfibios y reptiles del Zoológico de Londres.

"Luego la lengua vuelve a la boca, donde un órgano especial en el paladar conocido como órgano de Jacobson interpreta esas señales".

Esta bifurcación permite comparar estímulos de ambos lados, ‘oler’ el aire y determinar con enorme exactitud la dirección de un rastro químico.

En comparación, los humanos tenemos ciertas limitaciones: nuestras lenguas no detectan olores en estéreo, carecen de huesos que proporcionen una destreza notable, ni papilas tan afiladas para desmenuzar alimentos.

Sin embargo, ¿posee la lengua humana alguna característica especial?

Un globo de agua en la boca

Al estar compuesta únicamente por músculo, la lengua en mamíferos permite movimientos sumamente precisos dentro de la boca, aspecto fundamental para manipular los alimentos durante la masticación, señala Ross.

A menudo se subestima, pues involuntariamente usamos la lengua para situar la comida entre los dientes de modo adecuado.

Intentar masticar sin emplearla demuestra lo complicada que es esta tarea.

Además, la coordinación es tan fina que solo notamos su importancia cuando, por error, mordemos la lengua en lugar de la comida.

Esta precisión cotidiana es posible gracias a una estructura anatómica sumamente compleja.

"Las lenguas de los mamíferos contienen abundante musculatura organizada minuciosamente: fibras verticales, transversales y longitudinales se entrelazan dentro de la lengua", describe Ross.

Schwenk emplea una analogía para ilustrarlo: "Imagina un globo alargado lleno de agua, la cual es incompresible. Al apretar el globo, su volumen permanece constante pero cambia de forma: se estira y se alarga. Si lo haces más estrecho, se alarga; si lo haces más ancho, se acorta".

Nuestra lengua actúa bajo el mismo principio. Para extenderla se debe estrechar, y para aplanarla, acortarla.

Órganos capaces de moverse solo con músculo, sin huesos ni articulaciones, se denominan hidrostatos musculares, como sucede con el brazo de un pulpo o la trompa de un elefante.

"Esta composición permite modificar la forma de la lengua de modos complejos. Esa es una característica propia de los mamíferos que pocos otros vertebrados poseen", añade Schwenk.

Incluso dentro de los mamíferos, existen particularidades notables.

Dibujo al estilo cómic pop art de la cara de una mujer vista de lado, enfocándose en la boca, que está abierta con la lengua afuera, lista para comer un helado que tiene cerca. Todo con colores brillantes, fondo amarillo.

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Por ejemplo, la lengua de la jirafa alcanza aproximadamente medio metro de longitud, es gris azulada (una adaptación para protegerse del sol africano) y posee gran capacidad prensil.

"Su largo cuello les permite alcanzar sitios inaccesibles para otros animales, y además cuentan con la lengua para acercar ramas hacia la boca", detalla Nick Garrett, del Zoológico de Londres.

Luego, la lengua realiza el resto: se enrolla en torno a las ramas y desprende las hojas con una velocidad impresionante.

Aunque, claro, la lengua humana tampoco queda atrás cuando se trata de disfrutar helados.

No obstante, aún faltarían mencionar muchas otras funciones, tales como distinguir lo dulce de lo amargo, detectar temperaturas calientes, localizar espinas en alimentos, y articular cada sílaba que pronunciamos.

Por si esto fuera poco, posee una función menos visible pero esencial.

El peligro de tragar

Cada vez que se traga, la lengua previene accidentes graves.

"La lengua dirige la comida hacia atrás, pasando por la orofaringe hasta llegar al esófago", aclara Ross.

El desafío reside en que la orofaringe es una intersección donde confluyen las vías respiratoria y digestiva.

El aire desciende desde la nariz hacia la tráquea, pero la comida debe avanzar hacia el esófago, ubicado detrás.

"No es el diseño más eficiente desde el punto de vista evolutivo", reconoce Ross.

Para el correcto funcionamiento, la lengua se estrecha lateralmente y parte de ella se mueve hacia atrás, empujando el alimento, pero este proceso solo es efectivo si la boca está cerrada.

Intenta tragar con la boca abierta; seguro resulta complicado.

"La lengua es crucial para empujar la comida velozmente y evitar que ingrese en los pulmones".

Esta coordinación es tan sutil que pasa desapercibida… salvo cuando ocurre una falla.

A todos nos ha sucedido: un bocado que sigue un camino erróneo y provoca toser. En personas saludables, es solo un susto pasajero.

Pero para quienes han perdido ese control debido a un derrame cerebral, Parkinson, cáncer u otras enfermedades, cada bocado puede causar asfixia o neumonía.

"Una mejor comprensión de la mecánica lingual ayudará en el tratamiento de personas con disfagia (dificultad para tragar)", afirma Ross.

Desde la masticación hasta la deglución, desde capturar presas hasta ‘oler’ el aire, las lenguas destacan como algunas de las herramientas más versátiles de la evolución, esenciales para la supervivencia.

Toda esa diversidad proviene de una estructura primitiva presente en un ancestro acuático que, al abandonar el agua, enfrentó el desafío inédito de alimentarse en tierra firme.

* Este artículo es una adaptación del episodio "What's the deal with tongues?" de la serie BBC CrowdScience, disponible en las plataformas donde escuches tus podcasts.

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