La UE aceleró las renovaciones de viviendas tras la pandemia, pero según sus propios auditores, aún carece de pruebas sólidas que confirmen que el programa logró los ahorros energéticos y beneficios para los contribuyentes que justificaran la considerable inversión.
El fondo de recuperación posterior a la pandemia de la Unión Europea ha invertido 43.000 millones de euros en la mejora de la eficiencia energética de viviendas privadas, sin embargo, un informe crítico del Tribunal de Cuentas Europeo (TCE) publicado el martes concluye que el programa no ha optimizado los ahorros energéticos, no ha monitoreado adecuadamente los resultados ni ha asegurado un uso eficiente del dinero público.
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“La financiación europea para la renovación de viviendas privadas debería canalizarse hacia proyectos con mayor capacidad de reducir el consumo energético. Sin embargo, constatamos en exceso que los fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) se asignaron donde era más sencillo gastarlos, no donde tendrían un mayor impacto”, señaló Nikolaos Milionis, miembro del TCE responsable de la auditoría.
Los auditores del TCE sostienen que, aunque el MRR incrementó considerablemente la inversión en reformas de viviendas, el diseño del programa favoreció opciones políticamente rápidas en vez de las renovaciones profundas necesarias para alcanzar las metas climáticas europeas a largo plazo.
En lugar de transformar el envejecido parque habitacional europeo —que se ha vuelto vulnerable, como revelaron recientes olas de calor que transformaron edificios en trampas de calor—, los auditores comprobaron que el MRR principalmente financió renovaciones de profundidad media, postergó proyectos más complejos, usó métodos cuestionables para medir los ahorros energéticos y mostró escasa atención en la eficiencia del gasto de miles de millones de euros.
Solución rápida en lugar de renovaciones profundas
El informe destaca que la estructura del MRR fomentó inadvertidamente que los gobiernos priorizaran proyectos que podían concluirse antes de la ajustada fecha límite de 2026, como la instalación de paneles solares, sustitución de ventanas y actualización de calderas.
Los trabajos más ambiciosos, como la aislación integral de techos y muros o las reformas profundas capaces de reducir el consumo energético en más del 60 %, resultaron más lentos, costosos y con frecuencia se retrasaron, según señala el reporte del TCE.
Como consecuencia, advierten los auditores, el programa ha impulsado la actividad de renovación pero no ha garantizado las mejoras estructurales que Europa necesita para descarbonizar su parque inmobiliario, responsable del 25 % del consumo energético en la UE.
“Los proyectos se aprobaron a menudo basándose únicamente en criterios de elegibilidad, sin compararlos para priorizar aquellos con mayores ahorros energéticos”, explicó Milionis. “Por lo tanto, la financiación no siempre se destinó a las iniciativas con mayor potencial de ahorro.”
La ausencia de medidas adecuadas por parte de la Comisión para promover mejoras estructurales parece contradecir sus propias ambiciones de electrificación, mientras grupos ecologistas critican que la UE se centre demasiado en generar más electricidad limpia y no lo suficiente en reducir el volumen de energía requerida inicialmente.
Las cifras detrás de la historia
Quizás el hallazgo más destacado del informe del TCE sea relativo a la forma en que se mide el éxito del programa.
La Comisión fomenta que los Estados miembros estimen los ahorros energéticos a partir de los Certificados de Eficiencia Energética, pero los auditores europeos concluyeron que estos certificados nunca fueron diseñados para medir el consumo energético real, sino que dependen de supuestos estándar sobre el uso de los edificios por parte de las personas.
El comportamiento real de los hogares varía significativamente, advirtieron los auditores, generando una considerable “brecha de rendimiento” entre el consumo teórico y el efectivo.
En cuatro países examinandos —Bélgica, Italia, Chipre y Lituania— se detectaron evidencias de que el consumo estimado con frecuencia difiere notablemente del rendimiento en condiciones reales.
En algunos casos, el consumo teórico superaba por varias centenas de porciento el uso real, indicando que los ahorros energéticos reportados podrían estar considerablemente inflados respecto a lo que realmente logran los hogares. Esto, según el TCE, podría distorsionar las decisiones de gasto y afectar la rendición de cuentas pública.
La rentabilidad económica, en gran medida ignorada
La auditoría también subraya una omisión significativa: no existe un seguimiento sistemático de la relación coste-efectividad.
Aunque el MRR se describe oficialmente como un instrumento basado en resultados, ni la Comisión ni los gobiernos participantes han supervisado cuánto ahorro energético se consigue por cada euro invertido.
“La UE ha gastado miles de millones en renovaciones de viviendas sin monitorear cuánta energía se ahorra por cada euro invertido”, señala el informe.
Los auditores hicieron sus propios cálculos y detectaron disparidades considerables entre países y programas. El conocido Superbonus de Italia se destacó en el reporte como el ejemplo más evidente de falta de eficiencia, ya que reembolsaba a los propietarios hasta el 110 % del coste de las renovaciones, estimulando una demanda enorme pero elevando los costos hasta dejar a los contribuyentes con una deuda estimada en 123.000 millones de euros.
“Consideramos que este nivel de apoyo no es coherente con los principios de una gestión financiera adecuada y que afecta negativamente la rentabilidad de la medida”, apunta el informe del TCE.
La Comisión ya está valorando la financiación futura para renovaciones de edificios dentro del próximo presupuesto plurianual de la UE, por lo que esta auditoría no solo representa una crítica retrospectiva.
Los auditores europeos lanzan una advertencia clara: el gasto climático futuro corre el riesgo de reproducir estas mismas deficiencias a menos que los fondos sean más específicos, basados en evidencias y orientados a resultados.
“Concluimos que, aunque el MRR brindó un apoyo amplio para mejorar la eficiencia energética de los edificios residenciales, las debilidades en el diseño y la ejecución de las medidas de renovación limitan su capacidad para generar ahorros energéticos reales y coste-efectivos”, afirmaba el informe.

