Céline, la instructora de Mbappé: «Cinco años en el conservatorio y una constante inquietud por aprender lo hacían único»

Kylian Mbappé celebra su gol contra Senegal. El delantero del Real Madrid solía pasar sus tardes infantiles entre partituras, ejercicios rítmicos y prácticas con la flauta.

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Mucho antes de alcanzar la fama mundial en el fútbol y brillar en los estadios más grandes, Kylian Mbappé dedicaba sus tardes a estudiar partituras y solfeo, sumergido en el mundo musical.

Entre los seis y once años, el actual delantero del Real Madrid combinó sus primeras experiencias con el balón junto a una formación artística rigurosa.

Este período tuvo lugar en el conservatorio de Bondy, su ciudad natal en la periferia de París, donde reemplazó temporalmente las botas por una flauta traversa. En este lugar, su profesora, Céline Bognini, fue una figura decisiva que marcó su infancia y guió sus primeros pasos en la música.

Para Céline, el recuerdo vívido de aquel alumno permanece tan claro como en el primer día. Durante cinco años, observó de cerca a un niño que nunca se conformaba con cumplir solo lo mínimo requerido.

Ella describe la personalidad arrolladora del astro como algo ya perceptible en las aulas: «Pasó cinco años en el conservatorio. Su ansia por aprender y su constante búsqueda de más lo hacían destacar», asegura con nostalgia.

Gol de Mbappé

Gol de Mbappé REUTERS

Para la profesora, la esencia de su éxito precoz residía en su mentalidad: «No fue una habilidad innata, sino una actitud ansiosa por aprender que lo diferenciaba de sus compañeros».

Esta estrecha relación con el arte no apareció por casualidad, sino que surgió de una clara determinación familiar. Su madre, Fayza Lamari, siempre promovió que sus hijos recibieran una educación completa que superara el ámbito deportivo.

Céline recuerda con afecto el magnetismo del joven Kylian y destaca sus impresiones: «Tenía una habilidad de retención y una memoria auditiva impresionantes, que le permitían captar conceptos complejos con gran rapidez».

Para la docente, «la dedicación con la que soplaba la flauta traversera reflejaba la mente brillante de un niño que se negaba a estancarse o aburrirse».

Hoy en día, al ver a su antiguo alumno en la cúspide del fútbol, la maestra no se sorprende; lo considera la evolución lógica de un estudiante excepcional. «Había algo especial en él, algo fuera de lo común que iluminaba cualquier lugar al que entraba», admite.

Esos cinco años de enseñanza y ejercicios rítmicos contribuyeron significativamente a forjar la disciplina, el sentido del ritmo y la concentración plena que ahora exhibe en el campo.

Con gran orgullo, Céline finaliza su relato comparando la esencia de la estrella con un astro incansable: «Es como el sol, brillando para todos», una metáfora apropiada para un talento que comenzó afinando notas y terminó conquistando el mundo entero.

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