El tenista italiano enfrentó una infancia complicada para introducirse en el tenis, pero fue su esfuerzo y aptitud lo que finalmente marcó la diferencia.
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Jannik Sinner domina el circuito con una frialdad poco común en el tenis actual, aunque su trayectoria comenzó lejos del protagonismo de los Grand Slams. Nació en San Candido, en el Tirol del Sur, una región alpina en la frontera entre Italia y Austria cuyo estilo de vida gira alrededor de la nieve.
Antes de convertirse en un adversario destacado para Carlos Alcaraz, fue simplemente un niño cuyo padre era cocinero y su madre camarera en un refugio de montaña. Ese lugar se llama Rifugio Fondovalle, ubicado entre los Dolomitas a más de 1.500 metros sobre el nivel del mar.
Su padre, Hanspeter, es el chef, y su madre, Siglinde, gestiona el comedor. Fue en ese entorno donde creció el actual número uno mundial, observando cómo sus padres afrontaban jornadas laborales extensas para mantener el negocio.
Lejos de albergar resentimientos, Sinner rememora esos tiempos con agradecimiento y sinceridad, resumiendo que no poseían muchos recursos, dado que su padre trabajaba como cocinero y su madre como camarera. De esa cocina alpina heredó una ética laboral firme y una actitud sobria y austera en sus competiciones, sin gestos innecesarios.
Durante su niñez, Sinner llevaba una doble vida deportiva influenciada por el clima de su región. En invierno sobresalía en el esquí alpino, logrando consagrarse campeón juvenil regional, mientras que en verano practicaba tenis en los clubes de la zona.
Jannik Sinner, en rueda de prensa
Aunque su entorno natural lo orientaba hacia las pistas de nieve, fue en un campus de verano organizado por la federación italiana donde su habilidad destacó. A los 13 años, la familia tomó una decisión clave: abandonar el refugio y la montaña para que Sinner se trasladara a la academia de Riccardo Piatti en Bordighera, ubicada a seis horas de distancia.
Sus padres aceptaron dejarlo ir pronto, conscientes de las dificultades financieras que suponía sostener los gastos para un pequeño negocio de hostelería.
Conociendo la situación económica familiar, Sinner estableció un compromiso emocional y económico antes de abrazar plenamente la carrera profesional. Les comunicó a sus padres que si entre los 23 y 24 años no lograba ubicarse entre los 200 mejores del mundo, abandonaría el tenis inmediatamente.
No existía dramatismo en esta decisión, sino un análisis realista de las finanzas familiares: financiar entrenamientos y viajes sin resultados no era sostenible para su familia.
Este ultimátum marcó un incentivo para su rendimiento y al mismo tiempo liberó a sus padres de preocupación. La estrategia dio frutos rápido, ya que antes de los 18 años ya obtenía ingresos suficientes para financiar su proyecto y aliviar las cargas familiares.
Desde ese momento, cada logro en su carrera, como el Open de Australia o alcanzar el número uno del mundo, lleva implícita una dedicatoria discreta a sus padres.
Sinner destaca que nunca enfrentó presiones tóxicas de sus padres y afirma que desearía que todos tuvieran progenitores como los suyos, quienes nunca lo forzaron y siempre respetaron su elección deportiva.
Actualmente radicado en Mónaco, entrena en clubes privados y utiliza avión privado para sus desplazamientos, aunque mantiene intactos los valores adquiridos en su infancia. Su éxito actual se comprende mejor al pensar que detrás de cada golpe ganador hubo años sirviendo platos, turnos dobles y una promesa familiar de no exceder los límites económicos.

