El cambio entre el Régimen General y el RETA incide directamente en el cálculo de la jubilación y puede reducir los ingresos futuros si no se planifica adecuadamente

En el mercado laboral actual, es cada vez más común que un trabajador no permanezca toda su vida profesional bajo un mismo régimen de cotización. Después de varios años como asalariado en una empresa, dado de alta en el Régimen General de la Seguridad Social, muchos optan por convertirse en autónomos, ya sea por necesidad luego de un despido o por decisión propia para emprender un nuevo proyecto.
Este cambio en la situación laboral supone incorporarse al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), un sistema con normas específicas de cotización y prestaciones. Sin embargo, lo que pocos saben es que esta transición —y también la inversa— puede afectar directamente la futura pensión de jubilación.
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Según especialistas de BBVA en pensiones, esta movilidad entre regímenes representa una tendencia estructural. Esto no solo se debe al aumento del emprendimiento, sino también a la creciente inestabilidad laboral, las reestructuraciones empresariales y los procesos de prejubilación. Todo ello ha transformado la carrera profesional lineal en la excepción más común.
El perfil del nuevo autónomo: mayor de 50 años y tras perder el empleo
Uno de los perfiles predominantes en la transición al RETA es el de los trabajadores sénior. Profesionales mayores de 50 años que, tras salir del mercado laboral debido a un despido, ERE o prejubilación, optan por reinventarse como autónomos o ‘freelancers’.
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En muchos casos, esta decisión no es totalmente voluntaria. De hecho, más del 60% de los autónomos mayores de 55 años reconoce que su situación surge como alternativa al desempleo. Esto convierte el trabajo por cuenta propia en más un “refugio laboral” que en un proyecto empresarial con objetivos de crecimiento.
En España, este segmento constituye una porción considerable del sistema de autónomos: aproximadamente un millón de personas de un total de 3,3 millones. No obstante, la mayoría no posee empleados bajo su cargo, lo que refleja la fragilidad económica de gran parte de estos emprendimientos.
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De empleo estable a autoempleo: una transición con repercusiones en la pensión
El cambio del Régimen General al RETA no es neutral respecto a la jubilación. En el Régimen General, la cotización suele estar ligada al salario real del trabajador, lo que habitualmente implica bases de cotización más altas.
Por otro lado, en el sistema de autónomos, pese a que desde 2023 se ha implementado un modelo basado en los rendimientos netos, muchos trabajadores continúan eligiendo bases de cotización bajas dentro de su tramo, lo que puede ocasionar una reducción considerable de la pensión futura.
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Este cambio puede implicar una disminución de derechos económicos si no se ajustan debidamente las bases de cotización. En promedio, la pensión de jubilación de un trabajador del Régimen General supera en un 60% a la de un autónomo, evidenciando la brecha existente entre ambos sistemas.
Cómo se calcula la pensión cuando se ha cotizado en diferentes regímenes
Uno de los aspectos más complejos surge cuando un trabajador ha cotizado tanto en el Régimen General como en el RETA a lo largo de su carrera profesional, pero en períodos separados.
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En estos casos, la Seguridad Social suma todas las cotizaciones acumuladas en ambos regímenes para calcular la pensión. Sin embargo, el régimen desde el cual se recibirá la prestación dependerá de una jerarquía establecida.
Primero, se aplicará el último régimen en el que el trabajador estuvo dado de alta al momento de jubilarse, siempre y cuando cumpla con los requisitos mínimos. Si no los cumple, se revisará el régimen anterior. En caso de que tampoco se cumplan, se selectará aquel donde el trabajador haya cotizado durante más tiempo.
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El riesgo oculto: cotizar por debajo de lo necesario
El principal peligro de alternar entre regímenes es la disminución de la base reguladora de la pensión. En el RETA, numerosos autónomos optan por cotizar sobre bases inferiores a sus ingresos reales, lo que puede impactar negativamente en su futura prestación.
Los especialistas de BBVA recomiendan mantener una base de cotización acorde con los ingresos reales o, en su defecto, complementar la jubilación mediante productos de ahorro privado, como planes de pensiones o fondos de inversión.
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Para 2026, la pensión máxima de referencia se establece en 47.034,40 euros anuales, lo que implica que cotizar por encima de ciertos límites no siempre influye directamente en la cuantía final, salvo en situaciones particulares como lagunas de cotización o irregularidades en la trayectoria laboral.
La pluriactividad: trabajar simultáneamente como asalariado y autónomo
Existe una tercera situación cada vez más frecuente: la pluriactividad. Se refiere a aquellos trabajadores que cotizan simultáneamente en el Régimen General y en el RETA. Un ejemplo común es el de un profesor asalariado en un centro educativo por la mañana y que ofrece clases particulares como autónomo por la tarde.
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En estas circunstancias, el sistema puede funcionar de dos maneras: sumar las cotizaciones de ambos regímenes para calcular una única pensión o generar dos pensiones independientes si se cumplen condiciones muy estrictas.
Para recibir dos pensiones de jubilación —una por cada régimen— es preciso cumplir requisitos exigentes. Entre ellos, haber cotizado al menos 15 años en cada régimen y que, como mínimo, dos de esos años hayan transcurrido dentro de los 15 anteriores a la jubilación.
Además, en algunos casos es necesario que exista una superposición efectiva de cotización en ambos sistemas durante al menos 15 años. Si no se cumplen estas condiciones, las cotizaciones de los regímenes se suman para calcular una sola pensión, la cual jamás podrá exceder los límites máximos fijados por la Seguridad Social.
Un sistema complejo que requiere planificación
La combinación de trayectorias laborales mixtas —asalariado, autónomo o ambos simultáneamente— añade dificultad al sistema de pensiones y obliga a los trabajadores a tomar decisiones estratégicas a lo largo de su vida profesional.
Seleccionar la base de cotización adecuada, comprender las normativas de cada régimen y prever el impacto de los cambios laborales puede representar una diferencia significativa en la jubilación.
En un contexto donde la movilidad laboral es habitual, los expertos destacan la importancia de la planificación: no solo para evitar pérdidas económicas, sino también para asegurar una pensión proporcional a toda una vida de trabajo.

