Juan Lobato señala que Ábalos y Cerdán formaban parte de la dirección del partido, responsabilizando al partido en general, pero califica el caso de Leire como el más serio.

Juan Lobato, líder de los socialistas madrileños hasta noviembre de 2024, en su entrevista a EL ESPAÑOL. Las claves

Juan Lobato reprocha la carencia de autocrítica dentro del Comité Federal del PSOE y exige una mayor apertura y responsabilidad ante los episodios de corrupción.

Lobato sostiene que el caso de Leire Díez representa el más grave, debido a supuestos intentos de influir en jueces y fiscales en nombre del partido.

Defiende la imperiosa necesidad de iniciar expedientes internos para quienes usaron el nombre del PSOE para acciones indebidas y reclama una transparencia absoluta en las finanzas del partido.

Lobato apuesta por dar un papel destacado a los candidatos locales y exige procesos de primarias participativos y abiertos para reactivar el partido en Madrid.

Juan Lobato (Madrid, 1984) nos atiende en un punto que parece un limbo geográfico: a mitad de camino entre el Senado y la calle Ferraz, en la Plaza de España, el núcleo y latido de Madrid.

Es una metáfora acertada del presente de este técnico de Hacienda, atrapado entre el escaño desde donde aún legisla y el Comité Federal socialista reciente, al que ya no fue convocado.

Uno de los últimos encargos que Santos Cerdán realizó para Pedro Sánchez fue transformar el máximo órgano entre congresos del PSOE en un espacio de unanimidad, eliminando cualquier signo de disidencia —excepto por el constante oasis de Castilla-La Mancha— y entregando el control del PSOE madrileño a un representante directo de La Moncloa, Óscar López.

Irónicamente, ni el depuesto ni la mano derecha de Sánchez volvieron a participar en el Comité Federal: Lobato, por su destitución; Cerdán, porque seis meses después del Congreso de Sevilla, una grabación de la UCO lo mostró contando billetes junto a Koldo García.

Ahora, tras el Comité Federal, el senador madrileño y exsecretario general del PSOE de Madrid, expone a EL ESPAÑOL todo lo que aspiraba a plantear en Ferraz.

¿Cuál es su opinión sobre el Comité Federal? Sánchez replicó exactamente el discurso que pronunció el miércoles en el Congreso y sin una sola autocrítica.

Algunos, dados los antecedentes de Pedro Sánchez, podrían esperar una jugada ingeniosa, alguna ocurrencia destacada o un movimiento estratégico para alterar el panorama, pero no fue así. Fue una intervención claramente continuista. Creo que él considera que la coyuntura actual no admite ocurrencias sino más bien cohesión y resistencia.

Solo hubo dos voces críticas, las de Emiliano García-Page y Miriam de Andrés. ¿Comparte la opinión de Page de que atravesamos el momento más grave del PSOE en la historia reciente?

La situación es considerablemente seria. Y no solo por el contenido de los casos; lo que más inquieta es la respuesta. No proyecta una buena imagen que el PSOE parezca un bloque donde todo se acepta y todo está bien. Esa no es la mejor señal para la sociedad frente a un partido democrático, ambicioso y autocrítico.

Los organismos internos tienen su función, pero la cultura actual en las organizaciones favorece más la unidad que la autocrítica, el cuestionamiento o las diferencias.

Todo queda en un segundo plano ante la obsesión por cerrar filas. Cuando alguien ofrece una perspectiva distinta, se interpreta inmediatamente como división o ruptura.

Divergir no implica romper; simplemente hay quienes piensan distinto y eso debería ser aceptado con naturalidad. Más que la unidad ciega, me preocupa que se reconozca la realidad. Es tan vital estar unidos como demostrar que se aprecia la gravedad del momento.

Resulta llamativo que, en lugar de cuestionar a Sánchez, los secretarios generales de dos federaciones, Óscar López y María Jesús Montero, hayan dirigido sus críticas hacia Emiliano García-Page, único barón con mayoría absoluta.

Reprender a quien muestra valentía y humildad para señalar fallas y posibles mejoras no encaja con el espíritu que debería guiar un Comité Federal.

Un foro así no debe proteger a nadie, sino propiciar una reflexión crítica sobre los hechos y las posibles vías de mejora. Castigar las opiniones por ser diferentes es un error.

Incluso Sánchez afirmó al cerrar que quienes piden elecciones anticipadas son los mismos que apoyaron la investidura de Mariano Rajoy en 2016.

Esos son debates del pasado. En un momento crítico como este, el PSOE debe abrirse en lugar de recluirse. No debe mirar hacia revisiones ni venganzas históricas, sino abrir fases que permitan superar esta situación y avanzar hacia un nuevo tiempo.

Si el Gobierno apuesta por prolongar la legislatura un año más, en lugar de vigilar asuntos de hace una década, debe analizar las condiciones actuales para recuperar la iniciativa política.

¿Qué habría planteado usted dentro del Comité Federal?

Habría señalado que el partido y sus dirigentes deben mostrar que el PSOE sigue vivo y con pulso. Repito con frecuencia que debemos conservar la capacidad crítica, demostrar que entendemos la realidad y entender la frustración y las quejas de tantos ciudadanos decepcionados.

Hay que expresar claramente que somos conscientes de la gravedad de la circunstancia, y eso no es negativo.

Deberíamos superar esa obsesión de repetir constantemente que somos excelentes, que todo lo hacemos bien y que los demás son muy malos o ultraderechistas. Ese discurso puede servir, pero lo crucial es asumir errores y definir las acciones a poner en marcha para evitar repetición.

El socialista Juan Lobato, durante la entrevista con EL ESPAÑOL.

Este Comité Federal se ha celebrado en uno de los momentos más complejos: cinco días después de la sentencia de 24 años de prisión a José Luis Ábalos.

Es cierto que llevamos un año en el que han salido a la luz y se juzgan numerosos casos ligados a la corrupción, tanto en altos cargos del Gobierno —como es el caso de Ábalos— como en otras instituciones. Sin duda, es una etapa delicada.

Si Sánchez dificultó ya alzar la voz dentro del partido, con el clima de «están atacándonos» y un partido a la defensiva acosado por escándalos, parece complicado expresarse sin temor a ser percibido como adversario. ¿Teme represalias por sus opiniones?

Represalias no, porque practico la política sin miedo. Creo que esa es la única manera legítima de ejercerla cuando uno la siente, desea disfrutarla y quiere hacerlo en condiciones.

Lo que observo es que, en general, en otros partidos —y también en el PSOE— se interpreta la diversidad, los matices, la discrepancia y las propuestas alternativas como debilidad, en lugar de fortaleza. Eso es problemático para las organizaciones y para cualquier sociedad.

Si pensamos que España está mal por haber opiniones diferentes, ¿en qué tipo de país viviríamos? Pido al PSOE que entienda como valor positivo que personas con los mismos principios puedan tener posturas distintas.

Eso no es algo negativo, sino valioso. Además, da a la sociedad española la señal de que confiamos tanto en nuestros valores que podemos convivir con diferentes perspectivas dentro de un marco común.

Sánchez ha repetido esta semana, tanto en el Congreso como en el Comité Federal, una serie de ideas básicas: que la sentencia del Supremo no modifica nada, que sigue adelante y que no hay corrupción generalizada.

En primer lugar, claramente los responsables de corrupción son unas personas específicas. Pero cuando esas personas ocupan la máxima dirección y representación, el responsable es el partido en conjunto.

Hay que enviar a la sociedad española un mensaje de asunción de responsabilidades y reconciliación. Creo que se hizo hace un año, con el informe de Santos Cerdán, y debe volver a hacerse tras la condena a Ábalos, para que la población reconozca que entendemos la gravedad de los hechos.

¿Cómo deben asumirse esas responsabilidades? Felipe González fue rotundo esta semana: dimisión o convocatoria de elecciones.

Existe una responsabilidad parlamentaria. Hace tiempo señalé que, dado el estado de los socios, una cuestión de confianza habría servido para que el Gobierno y el partido recuperaran la iniciativa política.

Tampoco se ha presentado otra vía para exigir responsabilidades, la moción de censura, que corresponde a la oposición.

El ex líder del PSOE madrileño fue sustituido por Óscar López desde Ferraz.

Ahora el Gobierno habla de presentar Presupuestos, lo que le daría cierto margen para evitar que los escándalos eclipsen el debate ¿Es posible presentar estos logros abstraído de la corrupción?

Es muy complicado. Hay dos aspectos. Primero, la acción parlamentaria: esta legislatura ha sido dura, pero se aprobaron 66 proyectos de ley. Por lo tanto, hay metas no alcanzadas y otras sí.

Segundo, la cuestión presupuestaria me inquieta. Desde el inicio, al igual que varios ministros, planteé que había que presentar Presupuestos sí o sí. Lo que cambia es la capacidad para aprobarlos. Pero presentarlos, por responsabilidad constitucional, debía hacerse desde el principio y debe continuar así.

Sin embargo, abstraerse de la corrupción es complicado. En la coyuntura política actual, el impacto de todos los casos en marcha es enorme. Siempre he pedido al partido actuar con firmeza en casos de corrupción.

El año pasado Sánchez anunció un paquete de medidas anticorrupción en el Congreso, como respuesta a Santos Cerdán, pero la mayoría no se aprobó.

Algunas permanecen en trámite parlamentario. Dadas las mayorías, es complicado. Otras parecen aplicadas desde el partido, pero creo que se podría ser mucho más contundente sin necesidad de legislar.

Por ejemplo, el PSOE podría hacer públicas sus cuentas con total transparencia, y puede hacerlo sin problemas.

Algunos temen que saldrán a la luz gastos en hoteles y comidas, pero no habría problema. La sociedad española debe conocer cada euro gestionado por un partido que es claro en sus finanzas.

De manera similar, el Gobierno de España podría, como yo lo exigí a Ayuso años atrás, dar acceso a los programas informáticos que registran contabilidad, ingresos, pagos y licitaciones a todos los parlamentarios, permitiendo acceso libre.

Eso sucedió cuando usted llegó a la alcaldía de Soto del Real.

Exacto. Entonces cesaron las discusiones porque la información era totalmente transparente.

Resulta incoherente que haya debates en España o en la Comunidad de Madrid sobre pagos a Quirón sin conocer esos datos. Se debería permitir acceso total y luego discutir si políticamente esos gastos son adecuados o no.

Este Comité Federal también llegó tras un impacto emocional, la imputación de Zapatero. ¿Le sorprendió el caso?

Sí, me sorprendió y afectó profundamente. Fue un shock emocional para todos. Zapatero fue el presidente español con mayor apoyo electoral, con más de 11 millones de votos.

Espero —lo digo con claridad— que no haya consecuencias penales y que se demuestre que las acusaciones no son ciertas.

¿Le duele que un mes después Zapatero aún no aclare el origen de las joyas?

Cada persona tiene derecho a defenderse. Creo que Zapatero ahora debe centrarse en su estrategia judicial. ¿Esto justifica que tarde en ofrecer explicaciones públicas? Probablemente. ¿Nos gustaría que desde el principio hubiera informado todo? Claro, nos quitaría parte de la presión.

Lobato, respondiendo las preguntas de Rubén Fernández.

También el hermano del presidente está pendiente de sentencia, y el juez Peinado ha remitido a juicio a Begoña Gómez…

En primer lugar, total respeto a la función judicial. Estos son casos donde la Fiscalía optó por no intervenir, a diferencia del caso Zapatero.

Son procesos garantistas. En especial en el caso del juez Peinado, muchas decisiones han sido controvertidas y 15 de ellas revocadas por la Audiencia Provincial, lo cual es positivo.

Puede haber jueces que cometan errores, incluso con intenciones dudosas; desconozco las motivaciones de Peinado, pero la posibilidad existe.

Sin embargo, el sistema funciona: la Audiencia Provincial ha corregido esas decisiones hasta en 15 ocasiones.

Se pueden opinar sobre sentencias, pero vivimos en un país donde se puede recurrir, impugnar y denunciar a quienes cometan prevaricación, incluyendo jueces.

Aquí se entremezclan cuestiones que podrían ser corrupción o no, pero que al menos resultan poco éticas y estéticas.

Son dos campos diferentes. Begoña Gómez mantuvo una carrera profesional antes de que Pedro Sánchez llegara a La Moncloa. Ella tenía claro que, aunque su marido llegara a presidente, ella debía sostener su trayectoria.

Esa carrera, vinculada a empresas, pudo generar conflictos complicados de gestionar.

Probablemente, a posteriori se harían cosas de forma distinta, situación común para todos. Pero son realidades diferentes: una vía penal y otra social.

En el PSOE, parecen desconocer a Leire Díez, presentándola como ‘Antoñita la Fantástica’, pese a que fue recibida por el número dos de la Fiscalía General y la directora de la Guardia Civil. ¿Cómo se explica eso?

Para mí, es lo más grave. Lo de Zapatero nos causó mayor impacto emocional. En términos económicos, Ábalos y Santos son casos serios. Pero nada supera en gravedad que alguien, en nombre o por orden del PSOE, haya intentado actuar contra el Estado de derecho.

Intentar influir en jueces y fiscales es gravísimo más allá de la ineptitud al hacerlo.

Independientemente del proceso judicial, el PSOE debería abrir inmediatamente expedientes internos a todos los implicados, requerir explicaciones y esclarecer cómo se utilizó el nombre del partido en estas actuaciones, que no deben permitirse.

Usted conocía a Mercedes González, que fue secretaria general del PSOE de Madrid mientras usted lideraba la federación. ¿Le convencieron las explicaciones que dio en el Senado sobre la ‘fontanera’?

Creo que es posible que alguien, compañera, la haya llamado, recibido y atendido. No tengo idea del contenido de esa conversación. Espero que no haya tenido relación con influir en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, lo que sería gravísimo.

Sánchez mencionó hace días la posibilidad de elecciones en febrero o marzo. ¿Cuándo cree que podrían convocarse?

Creo que tiene intención de agotar la legislatura. La presentación de Presupuestos podría adelantar técnicamente unos dos o tres meses la convocatoria.

El socialista Juan Lobato, durante la entrevista con EL ESPAÑOL.

Muchos alcaldes del PSOE están nerviosos. Sánchez prometió que no habrá un ‘superdomingo’, pero muchos temen que las generales sigan después.

En decisiones políticas, la pregunta es pertinente. En una crisis, el partido debe identificar sus activos más valiosos, que para el PSOE son los candidatos locales, alcaldes y concejales.

Esto es lo más valioso. Nada se acerca a la importancia que tienen para el PSOE contar con el máximo número de concejales en España en los próximos años.

Por eso, cada medida del PSOE, desde ahora hasta el final del mandato de esta Ejecutiva Federal, debe priorizar apoyar a concejales para que estén en las mejores circunstancias.

Volviendo a cuando fue secretario general del PSOE de Madrid: 10 días antes de dimitir, recibió en la Asamblea a Begoña Gómez para una comisión de investigación. ¿Se arrepiente?

Ella es la esposa del presidente del Gobierno y yo era portavoz en la Asamblea, por tanto el anfitrión.

La señora Gómez no es política, así que lo mínimo era recibirla y hacer que se sintiera lo más cómoda posible ante una situación complicada, como comparecer ante una comisión parlamentaria.

Diez días después dimitió, tras registrar ante notario mensajes con Pilar Sánchez Acera que contenían un documento confidencial sobre la pareja de Ayuso para exponerlo en la Asamblea. ¿Lo haría de nuevo?

Sí, con seguridad. No era objeto de debate. Una vez recibida esa información, no había alternativa.

Ojalá nunca hubiera llegado ese documento, que hasta entonces era secreto. Pero llegó. Y cuando sucede eso, hay que actuar adecuadamente: no usarlo si no se certifica su origen. Pregunté varias veces, pero sin acreditación, no puede usarse.

¿Lo habría comunicado? Pensándolo, quizá sí, podría haberlo informado a Sánchez Acera.

Este proceso culminó con la condena del fiscal general del Estado, hecho sin precedentes. ¿Qué opinó de la sentencia?

Quienes trabajamos en la Agencia Tributaria tenemos un deber estricto de confidencialidad con los datos personales a los que accedemos.

Esa norma la mantengo firmemente: no usar datos ajenos para fines diferentes a aquellos del acceso.

El delito se determina por la difusión en una nota de prensa. El Supremo indica que esa divulgación reveló datos que gozaban de carácter reservado, y esa es la base de la sentencia.

La decisión pudo variar; hay votos particulares con argumentos válidos. Pero la mayoría consideró que la salida pública violaba el carácter confidencial.

Lobato, licenciado en Derecho y Administración y Dirección de Empresas, es funcionario del Cuerpo de Técnicos de Hacienda.

¿Considera que su salida como secretario general del PSOE de Madrid fue un error político o que Ferraz aprovechó la situación para imponer un liderazgo más alineado?

La salida responde a varios factores. Teníamos un proyecto alternativo muy vinculado a Madrid, una región con características sociales, económicas y demográficas muy particulares, que requería un proyecto propio, claro en valores de izquierda pero adaptado a su realidad.

Además, nuestro plan dio resultado: fuimos el partido que más creció en las últimas elecciones, aunque deseábamos más; las encuestas nos daban una posición favorable. Ayuso perdía la mayoría absoluta con claridad, una meta a medio plazo que funcionaba.

Sin embargo, Ferraz decidió que Madrid formaba parte de su ámbito político directo. Así, había una incompatibilidad clara entre nuestra propuesta adaptada a Madrid y la línea de confrontación, casi personal, que venía de Ferraz.

Las últimas encuestas le asignaban cerca de 29 diputados…

Sí, las últimas llegaron a darnos 33 o 34 escaños, mientras Ayuso obtenía 61 o 63. Logramos desmovilizar a muchos votantes cansados de Ayuso que veían en nuestra alternativa una opción razonable de cambio democrático. Más Madrid se mantenía estable, lo que también sirve para la alternancia.

Creo que la línea y la estrategia de mi Ejecutiva eran adecuadas, aunque no juzgo la otra vía. ¿Tiene ventajas la unidad de mensaje entre Moncloa y Madrid? Sí, comunicativamente es eficaz porque todos transmitimos el mismo mensaje.

Las recientes encuestas muestran 26 o 27 diputados para el PSOE. ¿Cree que Óscar López repetirá los fracasos de candidatos surgidos de Moncloa como Pilar Alegría o María Jesús Montero?

Los antecedentes son complejos, pues el peso del ámbito nacional en las elecciones regionales ha sido alto, una dificultad real. En Madrid, nos rebelamos contra ello: Madrid debe poder tener un proyecto propio.

Ejemplos como Chunta Aragonesista o Adelante Andalucía muestran proyectos de izquierdas ligados al territorio, capaces de identificar su realidad, diferencia y diversidad.

¿A qué atribuye que Ayuso siga imbatible pese a las denuncias sobre las cuentas de su pareja y las críticas por el deterioro de servicios públicos?

Para que Ayuso pierda, debe existir una alternativa clara y visible. No se gana contra ella insultándola o atacándola, porque responde multiplicado.

Su estrategia es provocar constantemente para que se reaccione, insulte o ataque. Es una táctica tan evidente, casi obscena, que caer en su juego es un error que no podemos permitirnos.

Ayuso comenzará a perder apoyo cuando quienes la votaron se cansen de las listas de espera sanitarias. Ese momento requiere que la gente vea una alternativa.

¿Qué ocurrirá con Ayuso cuando Sánchez ya no esté en La Moncloa?

Su lema es: “Yo, contra Pedro Sánchez”. Evidentemente, y su campaña parece basada en ello: “No ganaré solo a un ministro, sino a dos” [Mónica García y Óscar López]. Esa es su táctica electoral.

¿Qué piensa de las declaraciones de Óscar López que compararon a Ábalos con Ayuso, aunque ella no esté aún imputada en un caso así?

Son casos muy distintos. No debería compararse. Defenderse de corrupción aludiendo a la corrupción ajena es admitir la propia y genera desconfianza. Es necesario fiscalizar cada euro que los madrileños han destinado a Quirón y verificar su legalidad.

Sin embargo, no comparto esa línea de defensa. En el caso de Ayuso, cuando haya imputación o condena será un argumento político, pero antes lo importante es fiscalizar el destino del dinero público más que hacer acusaciones.

¿Le sorprendió que Mónica García e Ione Belarra anunciaron que serán candidatas a la Comunidad?

Sí, especialmente Belarra. Pensaba que Mónica evolucionaría hacia presentar a Emilio Delgado, quien podría movilizar más sectores.

¿Era mejor candidato?

No lo sé. Quizá en términos de alternancia y ocupación política, un perfil como Emilio, reformista o de alternativa constructiva, podría sumar más escaños. Si la lucha se reparte entre dos ministros, será más difícil. Veremos.

¿Qué opina de Emma López anunciando candidatura a las primarias y dejando su cargo en Ejecutiva tras las críticas de Ferraz?

Me parece positivo que existan compañeros con ilusión y ambición para poner en marcha proyectos; siempre es buena noticia. Emma tiene años de experiencia en el Ayuntamiento y capacidad para ello.

Sin embargo, para el éxito de Emma y Reyes Maroto, es vital un proceso de primarias abierto a la ciudadanía, como los de Collboni en Barcelona o Zohran Mamdani en Nueva York.

La clave es fomentar ilusión mediante un proceso participativo y transparente. Así surgirán candidatos fuertes apoyados por la gente. Pedimos confianza de los ciudadanos, pero no confiamos en su participación para decidir el proyecto del PSOE. Es hora de confiar en ellos: hagamos primarias abiertas en Comunidad de Madrid y Madrid Ciudad.

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