Los líderes de la UE impulsan un debate sobre inmigración tras el enfrentamiento entre Sánchez, Merz, Meloni y Frederiksen

«Lo que haces afecta a otros países», le expresó la líder italiana al mandatario español

Pedro Sánchez comparece ante los medios de comunicación, en Bruselas.

La interpretación varía según la fuente consultada. En una delegación diplomática lo califican directamente como un «encontronazo», otra menciona que fue una «discusión» y una tercera se refiere simplemente a un «episodio». Sin embargo, todas coinciden en que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, vivió un instante de tensión con varios líderes europeos destacados durante el Consejo Europeo.

Los nombres de Giorgia Meloni y Mette Frederiksen fueron los primeros en surgir y con ellos comenzó la disputa. La representante danesa agradeció a la presidenta del Parlamento, Roberta Metsola, los esfuerzos realizados para avanzar en la nueva legislación migratoria, que contempla la creación de centros de retorno fuera de la UE. En ese punto, Sánchez mostró su desacuerdo con esta medida, rechazándola. «Esta propuesta no resolverá nada. Es una respuesta ineficaz. Constituye un engaño que desperdiciará recursos financieros; y Europa no dispone de muchos», fue la posición defendida por el jefe del Ejecutivo español.

El debate tuvo lugar. Así lo confirman todas las fuentes diplomáticas consultadas. Y en medio de esa tensión, la primera ministra italiana reprochó a Sánchez su política de regularización masiva. «Lo que haces repercute en otros países», afirmó, según los testimonios recogidos. Meloni, junto al Partido Popular Europeo, considera que si España regulariza a 500.000 inmigrantes —las solicitudes alcanzan ya las 900.000, según datos oficiales—, estos gozarán posteriormente de mayores facilidades para desplazarse por Europa e incluso cambiar de país. Luego se sumaron al intercambio el primer ministro de Bélgica, Bart de Wever, el reciente líder de Hungría, Péter Magyar, e incluso el canciller Friedrich Merz. Unas intervenciones de peso. «Se evidenció la distancia existente entre España y algunos socios en materia migratoria», señalan fuentes diplomáticas.

Durante ese choque de opiniones, Sánchez presentó datos para defender su estrategia migratoria. Por ejemplo, entre enero y mayo de este año se ha reducido en un 35% el número de migrantes que han llegado irregularmente a España. Si se analizan solo las Islas Canarias, la caída alcanza el 71% en comparación con igual periodo de 2025.

Esta discusión fue tan significativa que los líderes acordaron que en la próxima reunión del Consejo Europeo, prevista para octubre, abordarán el tema. El borrador inicial de conclusiones sobre inmigración no incluía esta cuestión, pero el enfrentamiento con Sánchez provocó que se añadiera en el texto final.

«El Consejo Europeo sostendrá un debate estratégico sobre migración en su sesión de octubre de 2026», se indica concretamente. Y, desde el ámbito diplomático, esta frase se interpreta como un llamado a que los líderes impulsen una política migratoria común, que avance en una misma dirección y evite decisiones unilaterales que afecten a la UE en su conjunto.

«El Gobierno está dispuesto a dialogar, debatir y compartir los éxitos de la política migratoria española», manifestó Sánchez en la rueda de prensa posterior a la reunión de líderes. Además, lanzó un mensaje a quienes adoptan posturas más severas frente a los migrantes: «Si tienen alguna duda, que consulten con el Vaticano».

Uno de los argumentos más sólidos, tanto políticos como sociales, que utiliza La Moncloa para justificar la regularización rápida es el respaldo de la Iglesia y la patronal, de los empresarios. Durante la reciente visita del Papa a España, la migración tuvo gran protagonismo, transmitiendo mensajes como que «la dignidad humana no tiene pasaporte» y promoviendo la integración: «Integrar no implica borrar la historia del que llega ni exigir que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria». En el Ejecutivo consideran que esta visita respaldó su política.

La inmigración es un asunto que atraviesa el núcleo de la Unión Europea, preocupando y ocupando a sus líderes. Ejemplo de ello es que Italia y Dinamarca encabezaron una carta firmada por 19 capitales que el pasado viernes dirigieron a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, para que «avance cuanto antes en soluciones basadas en terceros países». Esto se refiere a la creación de centros de retorno para inmigrantes. «Siempre debe ser una decisión democrática quién puede entrar y permanecer en nuestros países», agrega el documento, que también cuenta con el respaldo de Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, República Checa, Estonia, Grecia, Hungría, Lituania, Letonia, Malta, Países Bajos, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y Suecia.

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