El Comunista » Autobiografía de un paliacate

Los compas concluyeron que de todos modos o era de los indios o de la India, así que quedé contento con eso.

Cuando comencé a tener plena conciencia fue durante la independencia. El cura Morelos me usó en su frente al igual que muchos de los esclavos y plebeyos que se rebelaron, por ahí se me debieron pegar las ideas.

Después cuando México perdió gran parte de su territorio por la codicia de oro yanqui, quedé en la frente de los mexicanos que perdieron patria y tierra, a los que empezaron a llamarles con desprecio “cholos”.

Cuando los franceses vinieron por la otra mitad del país yo me encontraba pegado todo el tiempo a los valientes chinacos.
Después me enlisté en la revolución, servía sosteniendo un brazo fracturado un día, haciendo un torniquete otro. Serví en la revolución desde los tiempos de Zapata hasta los de Jaramillo.

Conforme se industrializó nuestro país y el capitalismo despojaba a los campesinos emigré a la ciudad con los proletarios. Ahí conocí la fábrica y también las organizaciones clandestinas.

Cuando vino la noche maldita del neoliberalismo y la contrarrevolución me usaron en los pueblos levantados para proteger identidades, no por miedo de los insurgentes sino por la seguridad de sus familiares. Desde hace poco he ayudado a proteger contra los gases lacrimógenos a los millares de mexicanos que luchan.

Ahora que esta noche va clareando, que tengo bordados siglos de explotación, que acumulo océanos de sangre y sudor, que llevo impregnada la tinta de innumerables combates me pondré al servicio de la rebelión nacional anticapitalista.

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