El PSOE enfrenta el dilema entre el riesgo de avalar un delito y la confianza en Sánchez y Zapatero: «Si el líder respalda, tendrá sus razones»

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, el miércoles antes de declarar ante el juez Calama. Las claves

El PSOE enfrenta conflictos internos debido al respaldo que Pedro Sánchez ofrece a José Luis Rodríguez Zapatero, quien está siendo investigado por ocultar joyas de considerable valor.

Sánchez ha manifestado su defensa pública hacia Zapatero, a pesar de que esas joyas no fueron declaradas ni entregadas al Estado, y de que Zapatero impulsó en 2005 regulaciones que prohibían la aceptación de ese tipo de obsequios.

Este caso genera preocupación en el partido por la posible legitimación de un delito fiscal y la ausencia de autocrítica, mientras se intensifican las incertidumbres sobre el futuro político de Zapatero.

El entorno socialista interpreta que la gestión del escándalo se fundamenta más en la fe y lealtad hacia el liderazgo de Sánchez que en una reflexión ética o estratégica.

«Confío en el jefe. Si él respalda, habrá una razón«. El «jefe» es Pedro Sánchez, y esta declaración la realiza un diputado cercano al presidente del Gobierno al ser consultado sobre el apoyo incondicional hacia el exlíder imputado.

Representa claramente cómo Sánchez lleva al límite tanto al Gobierno como a su partido, al alinearse con quien está bajo investigación por graves delitos y enfrenta un daño reputacional tras el descubrimiento de joyas valiosas en su caja fuerte.

Todo eso tras el intento documentado de presentar las joyas como piezas de escaso valor.

Los socialistas perciben la postura arriesgada de Sánchez más como una cuestión de lealtad estratégica o confianza ciega que como resultado de un análisis y un cálculo a largo plazo.

Esto resulta delicado siendo que algunas acciones previas de Zapatero relacionadas con las joyas ya han minado esa confianza a base de falsedades.

No es la primera vez que Sánchez pone a prueba la resistencia de su equipo, pero ahora la situación empeora debido a la persona involucrada y, principalmente, por la acumulación de escándalos anteriores vinculados a José Luis Ábalos, Santos Cerdán o Leire Díez, entre otros.

Lo mismo ocurrió con asuntos como la amnistía que antes rechazaba el PSOE o durante aquel inesperado fin de semana en abril de 2024, cuando el partido vivió su silencioso retiro de “cinco días de reflexión”.

Actualmente no existen voces públicas en el Gobierno ni en el partido que cuestionen a Zapatero o critiquen abiertamente el apoyo que le ofrece Sánchez.

Sin embargo, es evidente que ministros y dirigentes socialistas aprietan los dientes, cierran firmemente los ojos y esperan con resignación una eventual explosión.

Creen que Zapatero no podrá recuperarse del escándalo, que es tanto antiestético como reñido con la ética, en torno a las joyas. Además, temen que se esté intentando justificar un presunto delito fiscal relacionado con el regalo y el ocultamiento a Hacienda.

Por eso es especialmente grave que un presidente del Gobierno defienda una conducta de este tipo, como hizo Sánchez sin reservas el jueves en Bruselas. Esto implicaría justificar desde Moncloa una probable ocultación fiscal por parte de Zapatero.

El presidente comenzó por aceptar que esas joyas fueron regaladas a Zapatero en 2007, algo que el propio exmandatario no ha reconocido abiertamente, y menos ante la justicia.

Asimismo, explicó que las normas de 2007 no coincidían con las vigentes en 2026.

Dicho esto, omitió mencionar que en 2005 Zapatero había aprobado un reglamento en el Consejo de Ministros que obligaba a rechazar estos regalos.

Aunque en ese momento la norma no imponía sanciones, sí demostraba una reprochable actitud hacia la aceptación de tales obsequios dos años antes del presunto regalo a Zapatero.

De forma sorprendente, Sánchez expresó el viernes que Zapatero merece “mérito” por haber implementado esa ley, a pesar de que esta acción contradice su comportamiento luego y hasta que las joyas aparecieron en la caja fuerte de su despacho.

Durante 21 años nunca se decidió a cumplir la norma que él mismo estableció mediante la devolución o declaración de las piezas.

Los más preocupados aseguran que el proceso judicial por el caso Plus Ultra todavía está lejos de concluir, ya sea por la posible anulación de pruebas como la interceptación de un móvil en Estados Unidos o por la evolución de la acusación hacia un juicio.

No obstante, el asunto de las joyas es más inmediato y, sin investigación exhaustiva, ya presenta un panorama devastador: un expresidente que recibe joyas en función de su cargo, que no las entrega al Estado, no las declara a Hacienda, las esconde en una caja fuerte e intenta minimizar su valor como si fueran simples bisuterías.

Y todo ello contando con el respaldo del actual presidente del Gobierno, que arrastra tras de sí a su Ejecutivo y partido.

«Los memes sobre las joyas son letales para cualquiera que aspire a mantenerse en la vida pública«, manifiesta un diputado socialista desencantado.

Además, el problema de que Zapatero y Sánchez hayan convertido esto en cuestión de fe y confianza radica en que el expresidente no dijo la verdad a través de su portavoz, Luis Arroyo, ni sobre el valor ni sobre el origen de las joyas.

Por ahora permanece en silencio tanto ante la opinión pública como ante la justicia, lo que mantiene la incertidumbre dentro del PSOE.

Según explican, a medida que pasa el tiempo y se producen episodios como el apoyo de Sánchez a Zapatero, cada vez parece más difícil que este reconozca el error y entregue las joyas al Estado.

Si al actual presidente le parece aceptable lo que hizo su antecesor, no hay posibilidad de error.

El viernes, Sánchez evitó pronunciarse sobre si Zapatero debe devolver las joyas. Cabe destacar que Sánchez responde únicamente a preguntas de periodistas y, por eso, aborda estos temas fuera de España donde debe comparecer tras reuniones diplomáticas.

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