Impacto ambiental de Infantino en el Mundial con mayor contaminación: vuelo en jet privado para asistir a 8 partidos en 7 días recorriendo 16.000 km

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, sostiene el trofeo del Mundial durante la ceremonia de apertura. El presidente de la FIFA ha recorrido en solo una semana, entre sede y sede, una distancia equivalente a casi una cuarta parte del planeta.

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El balón del Mundial de 2026 apenas ha comenzado a rodar cuando Gianni Infantino ya ha cruzado el continente norteamericano en repetidas ocasiones.

El presidente de la FIFA ha transformado sus visitas a los estadios en una demostración de poder que, en esta primera semana, ha sumado alrededor de 16.000 kilómetros en jet privado: Ciudad de México, Guadalajara, Los Ángeles, San Francisco, Vancouver, Miami, regreso a Los Ángeles, Kansas City y Houston. Ocho encuentros en siete días.

Una agenda que, en un torneo calificado por organizaciones ambientales y medios internacionales como el evento deportivo más contaminante registrado, conlleva un impacto en emisiones de CO₂ difícil de pasar por alto.

Desde el partido inaugural entre México y Sudáfrica en el Estadio Azteca el 11 de junio, Infantino no ha dejado de desplazarse.

Gracias a un jet privado proporcionado por Qatar Airways en el marco del acuerdo de patrocinio vigente con la FIFA hasta 2030, el dirigente suizo ha diseñado una especie de gira dentro del mismo campeonato.

Fuentes del organismo rector del fútbol mundial confirmaron a The Guardian que la meta es asistir a dos partidos diarios siempre que el calendario lo permita. Hasta ahora, ha logrado cumplir esta estrategia en al menos dos fechas.

El itinerario seguido durante la primera semana fue: el 11 de junio presenció el México-Sudáfrica en Ciudad de México y, ese mismo día, el Corea del Sur-República Checa en Guadalajara.

El 12 estuvo en el Estados Unidos-Paraguay en Los Ángeles; el 13 asistió a Qatar-Suiza en San Francisco y a Australia-Turquía en Vancouver; el 14, sin partidos, viajó a Miami para presidir la Cumbre de Federaciones Miembro de la FIFA.

El día 15 regresó a Los Ángeles para el Irán-Nueva Zelanda; el 16 se trasladó a Kansas City para seguir el Argentina-Argelia; y el miércoles 17 cerró la primera fase de grupos en Houston con el Portugal-RD Congo.

Entre 30 y 40 toneladas de CO₂

El recorrido -Ciudad de México, Guadalajara, Los Ángeles, San Francisco, Vancouver, Miami, Los Ángeles, Kansas City, Houston- representa en línea recta, entre cada sede, cerca de 16.000 kilómetros de vuelo.

Para ponerlo en contexto: el perímetro de la Tierra ronda los 40.000 kilómetros, lo que significa que Infantino ha viajado en solo una semana, entre estadios, una distancia equivalente a casi una cuarta parte del mundo.

El impacto ambiental de ese trayecto en un jet de cabina amplia no es despreciable. Estudios de Greenpeace y Transport & Environment estiman que los jets privados de gran tamaño generan alrededor de dos toneladas de CO₂ por cada hora de vuelo.

Gianni Infantino, en el palco junto a los presidentes de las federaciones de Argelia y Argentina.

Gianni Infantino, en el palco junto a los presidentes de las federaciones de Argelia y Argentina. EFE

A una velocidad de crucero aproximada de 800 kilómetros por hora, esos 16.000 kilómetros representan unas 20 horas de vuelo. El balance es de entre 30 y 40 toneladas de CO₂ en una semana, cifra comparable a las emisiones anuales de entre cuatro y seis ciudadanos promedio en Europa.

El costo logístico global de estos desplazamientos presidenciales a lo largo de todo el campeonato se estima en entre 400.000 y 800.000 euros.

El Mundial más extenso y contaminante

El viaje de Infantino no es, naturalmente, un caso aislado en un torneo caracterizado por su magnitud y dispersión territorial.

El Mundial de 2026, el primero en la historia que se disputa en tres países -Estados Unidos, México y Canadá- con 16 sedes, 48 selecciones y 104 partidos, representa una expansión que, bajo el argumento de la FIFA de democratizar el fútbol, genera un impacto climático alertado por investigaciones científicas desde hace meses.

Las proyecciones más referenciadas, realizadas por expertos en responsabilidad climática y recogidas por medios como RTVE, sitúan el total de emisiones en más de 9 millones de toneladas equivalentes de CO₂.

Esa cantidad convierte esta edición en la más contaminante de la historia del torneo y equivaldría, según los analistas, a las emisiones anuales de una ciudad de alrededor de un millón de habitantes.

En el escenario más desfavorable, según datos de ESPN, la huella podría alcanzar las 15 millones de toneladas métricas de CO₂ y gases de efecto invernadero.

Entre el 80 y el 85% de esas emisiones provienen del transporte, principalmente aéreo. La BBC cuantificó la huella del torneo casi al doble del promedio de las cuatro ediciones anteriores.

La situación no se limita a este evento: el Mundial de 2030, que se celebrará en España, Portugal y Marruecos con partidos inaugurales en Sudamérica, podría generar más de 6 millones de toneladas de CO₂, mientras el de Arabia Saudí 2034 amenaza con superar los 8 millones.

La paradoja en el palco

Mientras se acumulaban informes científicos antes del inicio, Infantino mantenía un tono celebratorio sin interrupciones.

En la conferencia previa al partido inaugural en el Estadio Azteca, afirmó que el Mundial 2026 era «el evento más grande de la historia de la humanidad» y lo comparó con «104 Super Bowls en un mes».

Días después, desde la Cumbre de Miami, aseguró que el comienzo había sido «un éxito rotundo» que había «superado todas nuestras expectativas».

El presidente de Paraguay Santiago Pena, el presidente de la FIFA Gianni Infantino y el secretario de Estado de EEUU Marco Rubio, en el palco.

El presidente de Paraguay Santiago Pena, el presidente de la FIFA Gianni Infantino y el secretario de Estado de EEUU Marco Rubio, en el palco. Reuters

Sin embargo, omitió en su discurso la paradoja manifiesta: el máximo responsable del torneo, catalogado como el evento deportivo de mayor impacto ambiental histórico, se desplazaba en jet privado a razón de dos partidos por día, generando entre 30 y 40 toneladas de CO₂ en solo una semana.

Aunque la FIFA cuenta formalmente con programas de sostenibilidad y neutralidad de carbono para el evento, los especialistas llevan meses advirtiendo que estas medidas son insuficientes frente a un formato diseñado para multiplicar los desplazamientos aéreos.

Así, Infantino representa, casi sin querer, la contradicción intrínseca de este Mundial: el espectáculo futbolístico más grande de la historia y, simultáneamente, el más costoso para el medio ambiente.

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