Sánchez celebra mientras el parlamento permanece en silencio y sin debate político

Pedro Sánchez, durante la sesión de control al Gobierno de este miércoles. Las claves

El Gobierno ha evitado que se realice la votación en el Congreso sobre una moción que requería a Sánchez convocar elecciones, dejando en evidencia la ausencia de mayoría parlamentaria.

Feijóo ha criticado con vehemencia a Sánchez por negar esta votación y ha cuestionado su actitud democrática frente al Parlamento.

Sánchez ha confirmado que las elecciones generales tendrán lugar en 2027 y ha minimizado las críticas, mientras la oposición y antiguos socios le reprochan la pérdida de apoyos.

Este escenario genera un Parlamento paralizado, donde solo se aprobarán propuestas respaldadas por el Gobierno, sin lugar para votaciones que resulten incómodas para el presidente.

Francina Armengol ha tendido una trampa al Congreso de los Diputados y Sánchez se ha presentado sin corbata. Los fabricantes de cuerdas estarán agradecidos en breve, espero, por la generosidad del presidente, tras Leire haber agotado las existencias en ferreterías de toda España.

Con todo lo que ha realizado Sánchez, continúa generando la emoción de las primeras experiencias. Esta mañana acudíamos al Parlamento nuevamente vírgenes: el poder ejecutivo acababa de amordazar al poder legislativo para impedir que este reflejara que el presidente carece de la confianza de la Cámara.

En jornadas como hoy, se percibe la carga simbólica del Parlamento. Recuerdo la primera vez que pisé San Jerónimo. Cada vez que se debatía algo “sin efecto vinculante”, nos dirigíamos a la cafetería.

–¿Tiene efecto vinculante?

–No.

–¡Entonces, a por unas rabas!

Hasta hoy.

PP, Vox, Junts, el PNV y varios más deseaban votar una enmienda para instar al presidente del Gobierno a que convocara elecciones. No era la primera ocasión. Puigdemont ya había presentado una moción similar, aunque finalmente Sánchez cedió y Puigdemont la retiró.

La diferencia esta vez era que la votación iba a salir adelante. Se iba a cuantificar la inexistente “mayoría parlamentaria” de Sánchez. Una llamada a Armengol y sancheacabó. No hubo votación.

El padre Feijóo acertó al centrar su debate con Sánchez en este punto. Si el Congreso no puede votar lo que desea, se entra en una fase inédita del tardosanchismo que debería ser sancionada con la Ley de Memoria Democrática.

“¡Cobarde! No nos permite votar ni en las urnas ni en el Congreso. Usted no es demócrata. Tenemos derecho a decidir aquí la continuidad de la legislatura”, le espetó Feijóo.

El argumento que se transmitió anoche a los periodistas que preguntaron fue: “Esa votación carece de sentido porque solo Sánchez tiene la potestad para convocar elecciones”.

Con esa lógica, habría que eliminar todas las votaciones sin efecto vinculante. Con Sánchez, fallamos ahí, era imprescindible atender incluso a lo no vinculante. Ignorar lo no vinculante… y te juegas perderlo todo.

Lo llamativo es que, al igual que con las acusaciones de corrupción recientes, Sánchez ni siquiera intentó justificar ese argumento, por precario que fuera.

Desestimó la pregunta de Feijóo, lo calificó de “Torquemada”, lo definió como un candidato impuesto por poderes ocultos para “tapar la corrupción de Ayuso” y lanzó una exclusiva.

“¡Las elecciones serán en 2027!”. Menos mal. “Ahí veremos qué país se presenta. Si es mejor o peor que antes de su gestión”, concluyó.

En la cerrada ovación que siguió, se evidenció quiénes cargan con la corrupción del PSOE: Yolanda Díaz y los ministros de Sumar. Sigue sorprendiendo ver aplaudir a Sánchez, en varios momentos, a personas como Carlos Cuerpo o Margarita Robles. ¿Cómo explicarán eso en dos décadas a sus familias?

Bolaños lanzó un triple salto mortal al afirmar que la cloaca no funcionó gracias al Gobierno. Al final, Leire era del PP y la detuvo Sánchez. P.S., nuestro Pete Sampras. Sorprende que, siendo así, el PSOE no haya presentado denuncias contra ninguno de los responsables aún.

Hasta hace pocos meses, una intervención como la del padre Feijóo esta mañana se consideraba propia de fascistas, pero algo ha cambiado. Algo se ha roto. Alguna gema se ha rallado.

Maribel Vaquero, portavoz del PNV, le señaló a Sánchez: “Ha perdido la mayoría que le apoyó para la investidura”. Añadió con tono devoto, para dejar claro que siguen siendo el PNV: “Santo Tomás, ver para creer. Han terminado con nuestra fe”.

Sin duda, hay que reconocer en los seguidores de Sabino Arana al grupo político más religioso del Parlamento. Surgió tarde su reclamo. Incluso le dijeron hoy a Sánchez que, con las prórrogas presupuestarias, ha construido un “presupuesto paralelo”.

Ione Belarra, exmiembro de este Gobierno, ha acelerado la crítica. Perciben la oportunidad. Saben que no podrán presentarse a elecciones como aliados de los corruptos.

Revisen la frase: “Zapatero, Leire, Ábalos… Les abrían la puerta por tener acceso a usted. Están alimentando a la derecha (…) Estas son las movilizaciones de la primavera más caliente”.

Este será el Congreso que quedará hasta el fin de la legislatura: un Parlamento donde Sánchez no logrará aprobar nada y donde no podrán votarse mociones que lo insten a convocar elecciones.

Sin embargo, habrá numerosas votaciones a las que Sánchez sí dará luz verde: pensiones, salario mínimo, reales decretos y la “protección del tejido productivo”.

Con la teatralidad propia del muro, el presidente concluyó señalando con las manos: “Quienes defendemos los derechos de la gente, aquí”. El resto, allá. Barrio Sésamo. Aquí, demócratas. Allí, fascistas.

En la oposición son bastante resistentes a entenderlo. Señorías, por favor: absténganse de involucrarse en política.

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