El ‘dusking’ se posiciona como la última tendencia en viajes, y España destaca con uno de los destinos líderes a nivel mundial para esta experiencia.

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Viajar ha dejado de ser solo visitar monumentos, recorrer ciudades y tomar fotografías para las redes sociales. Una nueva tendencia relacionada con el bienestar está transformando la manera de entender las escapadas y las vacaciones. Se denomina dusking y consiste en algo tan simple como detenerse al final de la jornada para contemplar una puesta de sol sin prisas y, principalmente, sin pantallas ni distracciones.

Esta práctica, que gana adeptos en varias partes del mundo, invita a desconectarse del ritmo acelerado de la vida diaria y a dedicar unos minutos a observar cómo varía la luz, cómo el cielo cambia sus colores y cómo el entorno se transforma cuando la jornada llega a su fin. Frente a la urgencia de aprovechar cada instante o compartir cada vivencia en internet, el dusking busca recuperar el placer de la simple contemplación.

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La creciente popularidad de esta tendencia llevó a Holafly a crear un Índice Global de Dusking, un estudio que evalúa cuáles son los mejores destinos del mundo para disfrutar de los atardeceres más impresionantes. Para ello, la empresa consideró factores como la calidad atmosférica, la claridad del cielo, la dispersión lumínica, el interés en redes sociales y el comportamiento real de los turistas.

Entre los destinos mejor ubicados figuran lugares tan reconocidos como Santorini, en Grecia, famosa por sus panorámicas sobre la caldera volcánica y sus casas blancas bañadas por los últimos rayos solares. También destaca Bali, en Indonesia, donde las playas, la selva y los templos ofrecen escenarios privilegiados para admirar la llamada hora dorada, tan apreciada por fotógrafos y viajeros.

No obstante, uno de los nombres más sobresalientes en el ranking es Tenerife. Esta isla canaria se posiciona entre los mejores destinos del mundo para practicar dusking gracias a sus condiciones naturales excepcionales, que convierten cada puesta de sol en un verdadero espectáculo.

Los mejores ‘spots’ para ver el atardecer

La combinación de cielos usualmente despejados, paisajes volcánicos y vistas amplias sobre el océano Atlántico permite contemplar atardeceres muy variados según la ubicación escogida. Uno de los puntos más impactantes es el Parque Nacional del Teide. A gran altitud, alejado de la contaminación lumínica y rodeado por formaciones volcánicas singulares, el espectáculo del ocaso adquiere una dimensión especial. Mientras el sol se oculta en el horizonte, el cielo se tiñe de tonos rojos, naranjas y violetas que contrastan con el oscuro relieve de la montaña más alta de España.

Otro sitio imprescindible es Punta de Teno, situada en el extremo oeste de la isla. Desde este punto, los visitantes pueden contemplar cómo el sol se esconde tras el Atlántico mientras los acantilados de Los Gigantes y las islas cercanas forman una silueta espectacular sobre el horizonte. La presencia del faro añade un elemento visual que convierte esta vista en una de las imágenes más emblemáticas de Tenerife.

Quienes prefieran disfrutar del atardecer frente al mar encuentran en la Playa de La Tejita una de las opciones más destacadas. Ubicada junto a la Montaña Roja, esta amplia playa ofrece una panorámica privilegiada en la que los colores del cielo se reflejan sobre la arena y el océano. También sobresalen zonas como Playa de Las Américas o Playa del Duque, donde es posible combinar el paseo marítimo con la contemplación del ocaso.

Los impresionantes acantilados de Los Gigantes completan la lista de sitios esenciales. Sus paredes verticales, que alcanzan varios cientos de metros de altura, crean uno de los escenarios más espectaculares para despedir el día en la isla. Muchas personas prefieren incluso realizar excursiones en barco al atardecer para observar el fenómeno desde el agua y disfrutar de una perspectiva distinta.

Mucho más que una experiencia

El auge del dusking refleja una tendencia creciente en el turismo actual: la búsqueda de experiencias sencillas, genuinas y conectadas con el entorno natural. En una época marcada por la hiperconexión y las agendas repletas de actividades, dedicar unos minutos a observar una puesta de sol se ha convertido para muchos en un pequeño lujo. Pocos lugares reúnen tantas cualidades para ello como Tenerife, donde cada atardecer parece diseñado para invitar a ralentizar el ritmo y saborear el momento.

Los especialistas en bienestar reconocen que este tipo de prácticas pueden tener beneficios para la salud mental. Diversos estudios han indicado que pasar tiempo al aire libre y prestar atención consciente a fenómenos naturales ayuda a disminuir los niveles de estrés y promueve una mayor sensación de relajación. Por esta razón, numerosos viajeros han empezado a incluir momentos de contemplación en sus rutas, al igual que incorporan otras actividades relacionadas con el bienestar como el senderismo, la meditación o los baños de naturaleza.

Además, este fenómeno se ajusta a una tendencia cada vez más extendida en la industria turística: la búsqueda de experiencias lentas y significativas frente al turismo apresurado. Alejado de las listas interminables de lugares que visitar en un solo día, el dusking propone recuperar un modo de viajar más pausado, donde el valor de la experiencia no reside en la cantidad de actividades realizadas, sino en la capacidad para disfrutar plenamente de cada instante.

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