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Información del artículo
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- Autor, Guillem Balagué
- Título del autor, BBC Sport
- Fecha de publicación 48 minutos
- Tiempo de lectura: 9 min
Si Argentina consigue convertirse en la primera selección que defiende con éxito la Copa del Mundo desde 1962, Lionel Messi será el protagonista principal de este logro.
Tras una noche histórica para el capitán de la Albiceleste, donde anotó los tres goles que le dieron la victoria a su equipo este martes frente a Argelia en Kansas City, resulta complicado imaginar a otro héroe del partido.
A sus 38 años, Messi compite en su sexto Mundial, un récord que comparte con Cristiano Ronaldo y Guillermo Ochoa, y comenzó esta cita de la mejor forma en su partido número 200 con Argentina.
No obstante, los espectadores asistirán a un Messi muy diferente al que debutó en 2003 con el Barcelona. Mientras que muchos futbolistas decaen, los de élite hallan métodos para adaptarse.
Por ejemplo, Cristiano se reinventó como un letal atacante cuando perdió velocidad.
Sin embargo, Messi no se adaptó por necesidad, sino que se adecuó para dominar el juego y mantenerse siempre un paso adelante en un deporte que siempre lo ha perseguido.
Desde aquel joven de 16 años que debuto con el Barça, jugando por la banda derecha, regateando y cortando hacia adentro, Messi ha cambiado su estilo al menos cinco veces, evolucionando hasta ser el jugador que es hoy en la selección argentina y en el Inter Miami.

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La decisión de Guardiola
Cuando Ronaldinho, en ese entonces el jugador más famoso y destacado del mundo, presenció por primera vez un entrenamiento de Messi, aseguró: "Será el mejor".
Dos años más tarde, en agosto de 2005, Messi se presentó al mundo durante el Trofeo Joan Gamper contra la Juventus.
Fabio Capello, que entrenaba al equipo italiano, quedó tan impresionado por el argentino de 18 años que, según reportes, intentó ficharlo para su club.
Para cuando Messi cumplió 21, con Ronaldinho en declive y un relevo en marcha, Frank Rijkaard, entonces entrenador del Barcelona, tenía claro el papel que debía asumir el joven.
"En el centro de todo", afirmó Rijkaard. "Cuanto más toque el balón, mejor será para el equipo".
Al iniciar Guardiola su etapa como entrenador en 2008, la banda derecha se convirtió en la zona exclusiva de Messi, la vía directa hacia el arco.
La primera vez que Guardiola apartó a Messi de esa zona fue por razones defensivas.
Messi no ayudaba en defensa, y esto provocaba problemas al lateral. Pero el técnico catalán intuía que el argentino acabaría ubicándose en el centro del ataque.
Así, el equipo se diseñaría en torno a su posición para partidos cruciales y momentos decisivos.

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El falso nueve
Fecha: 2 de mayo de 2009. Lugar: Estadio Santiago Bernabéu, Madrid. Partido de Liga.
Guardiola tomó la decisión de sacar a Messi de la banda derecha para colocarlo en la punta del ataque, aunque sin el rol de un delantero centro convencional.
Samuel Eto’o se ubicó en la derecha y Thierry Henry en la izquierda, mientras que Messi recibió la orden clara de bajar, recibir el balón y decidir la jugada. Al final, el marcador fue un contundente 6-2. El falso nueve había regresado.
Este concepto no era novedoso. La selección húngara de Gusztav Sebes ya había vencido a Inglaterra en Wembley en 1953 con una táctica similar.
En ese triunfo por 6-3, Hidegkuti se movía hacia el medio campo, descolocando a los defensas centrales y creando huecos para Puskás y Kocsis.

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Johan Cruyff, bajo Rinus Michels, ejerció como un delantero con movilidad libre dentro del concepto de “Fútbol Total” aplicado por la selección holandesa.
Inicialmente, Messi representó un problema sin solución para las defensas. Cuando retrocedía entre líneas, los centrales del Madrid debían decidir entre seguirlo y dejar un espacio libre o mantenerse en su lugar y concederle mucho terreno.
Ninguna estrategia resultaba efectiva. Messi avanzaba sin obstáculos. Con Xavi, Iniesta y Yaya Touré cubriéndolo y con Henry y Eto’o extendiendo la defensa, cada movida rival fallaba.
Guardiola intentó esta fórmula de nuevo en la final de la Liga de Campeones frente al Manchester United, donde Messi anotó un cabezazo a veinte minutos del final.
Entre 2011 y 2013, Messi convirtió 96 goles en 69 apariciones en Liga.
El Balón de Oro ganado en 2009 se volvió casi una rutina: lo recibió también en 2010, 2011, 2012, 2015 y 2019, alcanzando un total de ocho durante su carrera.
La primera distinción la obtuvo a los 22 años y la más reciente a los 36.
“Antes no me fijaba tanto en la táctica”, confesó Messi a Juan Pablo Varsky en 2024.
“Pero con Guardiola aprendí bastante. Empecé a comprender los espacios, cómo mantener la posesión y cómo funciona realmente el juego”.
El peso de un equipo
Cuando Xavi salió del Barcelona en 2015 e Iniesta tres años más tarde, la dinámica cambió.
Messi, que siempre había sido la figura clave, ahora debía convertirse en el motor completo.
El mediocampo que lo respaldaba —jugadores que mantenían el balón en circulación y creaban espacios— había desaparecido.
Por un tiempo, se le exigió a Messi ser al mismo tiempo Xavi, Iniesta y el máximo goleador, algo excesivo para cualquier futbolista.

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Lo afrontó evolucionando nuevamente.
El delantero y número 10 —o falso nueve— pasó a ser el ‘enganche’. Al profundizar su juego, se transformó en el organizador, el que inicia y frecuentemente concluye las jugadas.
Las asistencias comenzaron a competir con los goles en sus estadísticas. En la temporada 2019-20 anotó 22 asistencias y 25 goles en 33 partidos de Liga.
Regresó a su mejor registro goleador en su última campaña con el Barcelona (2020-21), con 30 goles y 11 asistencias en 35 encuentros de Liga.
Su primer año en el Paris Saint Germain confirmó esta transformación con datos concluyentes: 11 goles y 15 asistencias en 34 partidos oficiales, siendo la primera vez que asistió más que anotó a nivel de clubes.
“Un goleador que se volvió Iniesta”, lo describió un analista argentino.
El rol de capitán
De manera paralela a su cambio táctico se desarrollaba una cuestión más compleja: qué significaba Messi para Argentina.
Asumió el capitanato en agosto de 2011. Siguieron las derrotas: la final del Mundial 2014, perdida en la prórroga contra Alemania en el Maracaná; la final de la Copa América 2015, caída en penales frente a Chile; y la final de la Copa América 2016, nuevamente perdida en penales contra Chile.
Tres finales en tres años, todas derrotas, y con cada una, la presión pública hacia Messi aumentaba.
Tras la última, renunció al cargo, algo que ya había considerado dos veces antes. Regresó, pero ya nada era igual.

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En la Copa América 2019, tras quedar eliminados en semifinales de forma polémica ante Brasil, país anfitrión, Messi criticó duramente a la Confederación Sudamericana de Fútbol en rueda de prensa.
Ya no era aquel jugador que se refugiaba en el silencio cuando la presión por Argentina se hacía insoportable. Se convirtió en un líder que decidió no dejar que su imagen quedara definida por sus fracasos.
La Copa América 2021 representó la liberación: Argentina derrotó a Brasil en la final disputada en el Maracaná, poniendo fin a 28 años sin títulos importantes. La charla que dio Messi antes del partido conmovió profundamente al vestuario.
El Messi del Mundial 2022 fue una síntesis de todo lo vivido.
Se recordó su carrera superando a Josko Gvardiol en semifinales contra Croacia; momento en que reapareció el extremo letal de 2009 por un instante increíble.
También destacó su precisión de quarterback en la final frente a Francia: asistencia para habilitar a Nahuel Molina, el desmarque que provocó el rebote y propició el tercer gol argentino, y los penales convertidos cuando la presión era máxima.
“El fútbol ha cambiado mucho”, le comentó a Zinedine Zidane en una entrevista en 2023.
“La manera de jugar, los sistemas. Hoy el juego es más táctico y físico que antes. Antes había más espacios”.
Expresó esto con un tono pragmático, propio de quien ha competido y salido airoso en tres eras tácticas distintas del fútbol moderno: la de los mediocampistas físicos de Porto y Chelsea, la época del juego posicional y toque, y la era posterior a Guardiola, caracterizada por transiciones rápidas.
“El mejor Messi”
Tanto en el Inter Miami como se evidenció en la Copa América 2024, Messi camina más que corre.
Hubo un tiempo en que sus críticos usaban esto en su contra. Sin embargo, ahora se interpreta como una muestra de dominio: lee el partido y reserva energías para los momentos claves.
“El último Messi siempre es el mejor Messi”, comentó una vez Pablo Aimar, su ídolo de infancia. Probablemente esta afirmación siga siendo cierta.
Lo que Messi ha logrado a lo largo de más de veinte años no es solo una acumulación de trofeos y cifras. Es una constante reinvención de lo que un futbolista puede ser en cada etapa de su carrera.

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El extremo adolescente que maravilló a Capello. El falso nueve que redefinió la táctica del fútbol europeo. El enganche que aprendió a potenciar a sus compañeros.
El capitán que se transformó en lo que Argentina necesitaba: el cerebro y director de juego de un equipo campeón del mundo. Y ahora, el veterano que casi no corre pero sigue viendo el juego antes que nadie.
La Copa Mundial generará muchos elogios hacia Messi. Pero la mayoría pasará por alto lo más crucial: no es sólo lo bueno que es, sino cuántas veces ha tenido que convertirse en alguien totalmente distinto.

