Leo Messi, 38 años: «Pasaba gran parte del día en la calle con mis amigos. En Barcelona fue complicado no experimentar la vida cotidiana que llevaba antes»

Leo Messi, durante una entrevista. El futbolista argentino abandonó su país a los 13 años para integrarse a la cantera del FC Barcelona, distanciándose así de todo su entorno.

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Detrás del mito viviente, de los Balones de Oro y del éxito eterno logrado en Catar, se encuentra un hombre que nunca ha perdido el contacto con sus orígenes. A sus 38 años, asentado en el Inter de Miami, Leo Messi puede mirar hacia atrás con una perspectiva que solo el tiempo y la distancia ofrecen.

Al repasar su trayectoria, el ícono argentino siempre revela el capítulo más difícil de su vida: el desarraigo emocional que implicó dejar la calidez de Rosario para enfrentarse a la rigurosa disciplina de La Masía cuando apenas tenía 13 años.

Para el joven Leo, su mundo se limitaba al barrio La Bajada, un entorno modesto donde la libertad se medía por las horas pasadas en la calle.

Al rememorar esa etapa dorada anterior a la experiencia que transformaría el fútbol moderno, el jugador expresó con melancolía: «Pasábamos el día entero en la calle con mis amigos. En Barcelona fue difícil no tener aquello en mi día a día».

Detrás de estas palabras está el choque cultural de un niño que pasó de la absoluta espontaneidad argentina – donde cualquier objeto servía como balón y las tardes parecían infinitas – a un entorno europeo mucho más cerrado y estructurado, donde las costumbres sociales resultaban completamente diferentes a su naturaleza.

Leo Messi volvió a ser protagonista con gol, un balón al palo y la acción decisiva en el 2-0. / Reuters

Leo Messi volvió a ser protagonista con gol, un balón al palo y la acción decisiva en el 2-0. / Reuters

El sufrimiento vinculado a su llegada a Barcelona no se limitó solo al aspecto futbolístico o físico; fue, principalmente, un reto mental intensificado por la separación de su familia. Poco tiempo después de establecerse en España, la falta de adaptación llevó a su madre y hermanos a regresar a Rosario, dejándolo solo con su padre, Jorge.

La soledad durante esos primeros meses marcó profundamente su carácter reservado. Sin embargo, al rememorar su infancia, Messi siempre destaca el motor que lo motivó a superar tan difíciles momentos: el recuerdo de su abuela Celia, la primera en percibir su talento.

Al evocar aquel tiempo en el club Grandoli, el capitán rememora con afecto otra verdad de su niñez: «Mi abuela le decía al entrenador: ‘ponlo, ponlo’. Él se resistía porque yo era pequeño, pero entré, hice algunas cosas y desde entonces todo cambió».

Con 38 años, Messi ya no tiene nada que demostrar sobre el campo. Sus prioridades están centradas en la tranquilidad cotidiana junto a Antonela y sus tres hijos.

No obstante, el valor de su historia reside en entender que el costo de la inmortalidad deportiva fue el sacrificio de un niño que añoraba su barrio. El fútbol le abrió puertas al mundo, pero el hombre sigue, de algún modo, anclado en aquella calle rosarina donde se sentía verdaderamente libre.

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