Atlanta dejó al descubierto las deficiencias de una Selección que todavía no domina el juego sin sus principales armas ofensivas.
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España abandonó el Mercedes-Benz Stadium con un punto que se siente como una derrota, no porque el adversario haya sido mejor –que nunca lo fue– sino porque no logró transformar en gol su dominio abrumador.
El empate 0-0 frente a Cabo Verde no fue producto de un mal día o de la mala fortuna: surgió de tres decisiones tácticas cuestionables, de tres errores puntuales de jugadores clave, y de un equipo isleño que llevaba años planificando este exacto encuentro.
Luis de la Fuente admitió antes del partido que Lamine Yamal y Nico Williams estaban disponibles pero no en condiciones de asumir un rol excesivo. Esto era razonable. El extremo del Barcelona se recuperaba de una lesión muscular sufrida el 22 de abril, y el club azulgrana había solicitado precaución con su reincorporación.
El resultado fue un once sin sus dos principales fuentes de desequilibrio individual, los únicos capaces de romper una defensa sólida mediante verticalidad y el uno contra uno por banda.
El problema no fue tanto la ausencia de Lamine, sino el perfil elegido para cubrir su lugar. Gavi, la gran sorpresa en la alineación, actuó como extremo izquierdo en una posición que no le es habitual.
El centrocampista azulgrana cometió diez pérdidas de balón durante el partido, una señal de que su zona natural –el interior, con presión y pases cortos– chocaba frontalmente con la necesidad de España de ofrecer amplitud y profundidad ante un bloque bajo.
En el flanco derecho, Ferran Torres comenzó como titular con la misión de generar peligro, pero su actuación fue una sucesión de ocasiones desperdiciadas: pegó en el palo al minuto 38 desde seis metros en una posición inmejorable, lanzó un disparo débil al cuerpo de Vozinha antes del descanso, y fue desapareciendo progresivamente del juego conforme avanzaba el encuentro.
Ferran Torres se lamenta por una ocasión fallada ante Cabo Verde. Reuters
El encuentro terminó con 80 minutos en el campo sin un solo gol ni asistencia. La falta de eficacia en banda marcó el espíritu de la tarde.
El remate negativo individual lo protagonizó Mikel Oyarzabal, quien estableció un récord poco deseado: según Opta, el delantero de la Real Sociedad fue el primer jugador desde el Mundial de Inglaterra 1966 en no tocar el balón durante los primeros 30 minutos de un partido mundialista.
Que el delantero centro titular pase media hora sin recibir un pase habla mucho del funcionamiento del conjunto, pero también de la falta de movilidad del atacante, que no logró desmarcarse ni abrir espacios.
El muro de Bubista
Cabo Verde no practicó un fútbol ofensivo en Atlanta, sino que ejecutó una táctica clara. El entrenador Bubista diseñó un bloque bajo en 4-2-3-1 que bloqueaba los carriles interiores y forzaba el juego exterior de España, consciente de que sin Lamine ni Williams su capacidad para romper por las bandas disminuye.
Los diez jugadores de campo se posicionaban siempre por detrás del balón, renunciando casi por completo a la posesión –solo un 26%– para concentrar recursos en la compacta estructura defensiva.
Con dos líneas de cuatro muy juntas y dos pivotes cerrando el acceso al área, España encontraba bloqueado el sendero en las zonas decisivas.
Además, el equipo isleño mostró resistencia psicológica: cuando aumentó la presión española en la segunda mitad, con Yamal ingresando desde el minuto 71, los caboverdianos mantuvieron su estructura sin fisuras.
Su única arma ofensiva –una transición rápida por las bandas con Ryan Mendes– fue suficiente para generar inquietud en una defensa española que nunca se sintió cómoda con el empate.
Derrota moral
Con 27 disparos en total, España igualó su mejor registro en un Mundial desde 1966. La última vez que alcanzó esa cifra fue contra Paraguay en 1998, en otro 0-0 que dejó a la Selección con un sabor amargo.
La historia se repite de forma preocupante: muchos tiros, precisión escasa, mismo resultado.
Luis de la Fuente dando instrucciones durante la pausa de hidratación de la primera parte. Reuters
El inconveniente no fue la cantidad, sino la calidad: solo 7 de esos 27 disparos fueron a puerta, y uno de cada siete provino de una acción tras un rebote o segunda jugada.
La figura defensiva destacada fue Vozinha, portero de 40 años que milita en el Chaves de la Segunda División portuguesa y que tiene un valor de mercado de 50.000 euros.
El guardameta realizó 7 paradas durante el partido, con un índice de goles evitados de +1,12 sobre el xG, lo que indica que detuvo remates que un arquero estándar habría encajado.
Ante esta debacle colectiva, el único destello de España fue precisamente el jugador resguardado: Lamine Yamal, que en menos de 25 minutos completó más regates (5) que cualquier otro futbolista del partido en los 90. La conclusión resulta cruel: la solución estaba en el banquillo.
Contexto histórico que duele
Cabo Verde disputaba su primer partido histórico en un Mundial. Un país de medio millón de habitantes, ubicado en el puesto 67 del ranking FIFA, logró un punto histórico contra la vigente campeona europea, que llegaba al encuentro con una racha de 30 partidos consecutivos sin perder.
Vozinha levanta la bandera de Cabo Verde tras el empate ante España. EFE
De la Fuente salió a la rueda de prensa serio, pero trató de infundir tranquilidad: «Cuando no entra no entra. Estoy tranquilo, es el partido número 32 sin perder y en el próximo estaremos mucho mejor».
El problema no es la racha invicta, que se mantiene. El problema radica en que España exhibió sus vulnerabilidades justo cuando no debía: en el partido inaugural, contra el rival más débil del grupo, y cuando el mensaje al resto de candidatos es crucial.
El calendario presenta ahora un choque frente a Arabia Saudí donde la Selección no puede permitirse otro tropiezo si quiere avanzar a la fase eliminatoria manteniendo el liderato y la moral alta. El muro de Bubista ha agotado la paciencia de una afición que esperaba algo distinto.

