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- Autor, Atahualpa Amerise
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 4 junio 2026
- Tiempo de lectura: 6 min
La retirada parcial de las principales cadenas hoteleras internacionales marca un nuevo retroceso para Cuba, que enfrenta una de las crisis económicas más severas de los últimos años.
La compañía española Meliá anunció este miércoles la suspensión inmediata de actividades en 15 de sus 34 hoteles, concretamente aquellos vinculados a Gaviota, la cadena turística administrada por el conglomerado militar cubano Gaesa.
Momentos antes, Iberostar había cedido sus operaciones en 12 de los 16 hoteles que gestionaba en Cuba, mientras que la canadiense Blue Diamond comunicó el abandono total de sus actividades "con efecto inmediato".
Asimismo, Archipelago International, el principal grupo hotelero privado del sudeste asiático, retiró la marca Aston de varios establecimientos, incluyendo algunos de los más modernos y exclusivos de La Habana.
Esta salida ha ocurrido tras una nueva intensificación de las restricciones económicas impuestas por el gobierno de Donald Trump contra Cuba.
El 1 de mayo, el presidente estadounidense firmó una orden ejecutiva que incluye sanciones dirigidas a personas y empresas con vínculos económicos con Gaesa.
Esta normativa estableció un plazo para que las compañías extranjeras cesen sus relaciones comerciales con el conglomerado cubano antes del 5 de junio.
Sin señalar exclusivamente a Estados Unidos, las cadenas hoteleras atribuyen su retiro a una combinación de motivos, que comprenden desde inquietudes legales hasta el empeoramiento de las condiciones operativas y la crisis energética que afecta a la isla.
De cualquier manera, esta retirada complica aún más el porvenir de un sector clave para la entrada de divisas y, por ende, para la estabilidad de la economía cubana.

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Cómo funciona el modelo turístico cubano
A diferencia de muchos otros destinos turísticos, en Cuba los hoteles suelen pertenecer a empresas estatales como Gaviota.
"Los hoteles continúan siendo propiedad de Gaesa, pero la gestión se transfiere a una empresa extranjera vía contrato", explica a BBC Mundo el economista Pavel Vidal.
Las cadenas internacionales aportan la marca, los sistemas de reservas, la promoción global, los acuerdos con turoperadores y una buena parte de los estándares de gestión y calidad que hasta hace poco atraían a millones de turistas desde Europa, Canadá y otros mercados.
"Con base en eso, se determina la proporción de beneficios que recibirá cada parte en el hotel", apunta el economista Ricardo Torres.
Este es el modelo predominante, aunque también existen empresas mixtas entre el Estado cubano y firmas extranjeras para desarrollar, administrar y explotar instalaciones turísticas.
Recientemente, se planteó un sistema de leasing donde la empresa extranjera alquila la propiedad y obtiene una mayor autonomía operativa.
El retiro de las cadenas internacionales no implica que los hoteles cierren automáticamente, pues pueden continuar siendo operados por entidades estatales cubanas.
Sin embargo, la cuestión no es solo quién administrará esos establecimientos, sino quién logrará llenarlos.
En un país donde las aproximadamente 80.000 habitaciones hoteleras eran, en buena parte, gestionadas por operadores extranjeros, perder las redes comerciales que ofrecían Meliá, Iberostar, Blue Diamond o Archipelago representa un golpe considerable.

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El golpe a un sector casi hundido
La retirada de los principales operadores hoteleros internacionales ocurre en medio de la crisis sin precedentes que atraviesa el turismo cubano, el cual no ha recuperado los niveles previos a la pandemia de 2020, cuando el país recibía entre 4 y 5 millones de visitantes cada año.
Entre enero y abril de 2026, Cuba recibió solamente 328.608 turistas internacionales, un descenso del 55,8% respecto al mismo periodo del año anterior, según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
La caída se intensificó desde febrero debido a la creciente crisis energética y de suministro, con cortes eléctricos diarios prolongados y una escasez extrema de combustible.
Esta situación perjudicó a mercados clave como Canadá y España —importantes emisores de turistas— al suspenderse muchas rutas aéreas hacia Cuba debido a las dificultades que enfrentan las aerolíneas para abastecerse de combustible en los aeropuertos cubanos.
Los prolongados apagones y el deterioro de los servicios básicos han reducido el atractivo turístico, evidenciado en playas poco concurridas, hoteles con baja ocupación y escasas opciones de entretenimiento.
En este contexto, los especialistas coinciden en que la retirada de Meliá, Iberostar, Blue Diamond y otras cadenas representa un nuevo golpe para un sector ya gravemente comprometido.
"Los escasos visitantes que aún planeaban acudir probablemente reconsiderarán sus planes. Las empresas extranjeras ofrecían una garantía de calidad en la gestión hotelera que ahora desaparece", comenta Ricardo Torres.
En medio de esta crisis turística, los huéspedes restantes podrían ser mayormente locales —desde cubanos con ingresos externos hasta diplomáticos extranjeros— o cubano-estadounidenses que visitan a sus familiares.
Aunque estos últimos suelen alojarse en viviendas particulares, también tienden a vacacionar con sus familiares en hoteles de Varadero o en alguno de los cayos.

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Lo que revela sobre la economía cubana
El nuevo revés para el turismo evidencia la mayor dificultad del país para sostener relaciones con inversores, proveedores y firmas extranjeras en medio del endurecimiento de las sanciones estadounidenses, que aplican un embargo comercial a Cuba desde hace más de sesenta años.
Por ejemplo, este jueves, las autoridades cubanas anunciaron la suspensión de los pagos electrónicos con Visa y Mastercard, a partir del 6 de junio, citando las sanciones de Washington.
La mayoría de cadenas hoteleras que dejaron Cuba gestionaban hoteles asociados a Gaviota, la división turística de Gaesa, el opaco conglomerado militar que controla amplios sectores de la economía cubana.
Las recientes medidas de EE.UU. buscan aislar a dicha empresa, forzando a compañías extranjeras a cortar vínculos o exponerse a posibles sanciones.
"Esto está provocando no solo la retirada de las hoteleras, sino prácticamente de toda la inversión extranjera que quedaba en Cuba —incluyendo proveedores, bancos y líneas navieras—," señala uno de los expertos.
Además, se sostiene que estas sanciones buscan presionar al gobierno cubano y desplazar a las empresas españolas y canadienses en caso de un cambio político o una reforma profunda del sistema.
"Se está allanando el camino para que, en futuras negociaciones con Estados Unidos, ingresen capitales estadounidenses," comenta.
En las semanas recientes, autoridades de Washington y La Habana han mantenido encuentros para tratar temas referentes al futuro de la isla, aunque no se conocen detalles específicos de las conversaciones.
Según Vidal, la ofensiva contra Gaesa "podría conllevar una reconfiguración del mapa de los capitales internacionales en los que Cuba se insertará".
La salida de las multinacionales turísticas genera, además, un desafío práctico para las autoridades cubanas: administrar una vasta red hotelera construida durante años de expansión turística cuando la afluencia de visitantes se ha reducido notablemente.
Una posible estrategia, comenta Ricardo Torres, sería concentrar a los pocos turistas en menos hoteles: "¿Por qué mantener tantos hoteles abiertos si la demanda es tan baja?"
Otro obstáculo radica en conservar las instalaciones, que implican elevados costos fijos de mantenimiento, electricidad y personal, gastos que resultan difíciles para el Estado cubano.
"Si esta situación persiste, las instalaciones inevitablemente se deteriorarán porque simplemente no existen los recursos para su mantenimiento," concluye Torres.

