Diversos investigadores sostienen que el modelo basado en empleos de baja remuneración no cubre el costo de los servicios públicos que utiliza y limita el aumento del nivel de vida de los habitantes

El turismo masivo no solo modifica el paisaje o presiona el mercado inmobiliario. También representa un costo económico adicional que asumen todos los contribuyentes. Esto es una de las conclusiones del Informe Fènix, desarrollado por economistas de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y el Centre de Recerca en Economia Internacional (CREI), que por primera vez calcula el coste real que el modelo turístico de sol y playa representa para la sociedad.
De acuerdo con el estudio, cada noche de hotel en un establecimiento de tres estrellas en la costa catalana implica una subvención implícita de 6,8 euros que financian los ciudadanos en general. Además, el 80% de los beneficiarios de esta ayuda indirecta son turistas extranjeros. El informe, publicado en mayo, también establece que las zonas más especializadas en turismo de masas acumulan 25 años de crecimiento del ingreso por habitante por debajo del promedio europeo y de territorios con menor dependencia del sector.
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Para llegar a esas conclusiones, los investigadores consideraron un caso representativo: un hotel de tres estrellas en la costa catalana con 50 habitaciones, 20 empleados y salarios medios de 20.500 euros brutos al año. El análisis compara las contribuciones que un trabajador ofrece a las arcas públicas a través del IRPF, cotizaciones sociales e IVA con el costo de los servicios públicos que utiliza (salud, educación, servicios sociales, seguridad y justicia) durante su vida laboral.
Un sector “subvencionado” para mantener salarios bajos
El resultado revela que las aportaciones fiscales no cubren el gasto público asociado. La diferencia alcanza 206.639 euros por empleado a lo largo de toda su vida laboral, lo que equivale a 5.438 euros anuales. Este déficit es finalmente asumido por el resto de los contribuyentes.
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El informe establece en 29.000 euros brutos anuales el umbral a partir del cual un trabajador deja de estar “altamente subvencionado”. Por debajo de ese monto, sus contribuciones fiscales no cubren el coste de los servicios públicos que recibe. No obstante, los salarios en el sector turístico están claramente por debajo de este nivel: la media es de 26.515 euros en Barcelona y 22.896 euros en el resto de Cataluña. A nivel nacional, los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) registran el salario medio en hostelería en 16.985 euros anuales, el más bajo en toda la economía española.
El crecimiento del ingreso se retrasa en zonas turísticas
Las repercusiones de este modelo también se reflejan en la evolución del ingreso en las áreas más turísticas. El informe destaca especialmente a Baleares, Canarias y la Comunidad Valenciana, tres regiones que en los últimos 25 años han experimentado un crecimiento del PIB per cápita menor tanto respecto a la media europea como a otras zonas con menor dependencia del turismo, como el País Vasco o Aragón.
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El caso de Canarias es particularmente ilustrativo. Entre 2000 y 2024, el número de visitantes extranjeros aumentó de 10 a más de 15 millones, mientras la población creció de 1,7 a 2,2 millones impulsada por la inmigración laboral vinculada al sector. Sin embargo, ese crecimiento no se tradujo en una mejora similar del nivel de vida de sus residentes. La misma paradoja se observa en Baleares. Aunque las islas reciben proporcionalmente más turistas que Cataluña, su PIB per cápita en 2023 fue de 36.011 euros, inferior a los 37.426 euros de Cataluña.
Esta tendencia también se detecta a nivel local. El informe examina todos los municipios catalanes con más de una plaza turística por habitante y concluye que casi todos ellos registran una renta bruta disponible inferior a la media regional. En Lloret de Mar, esa renta representa el 59% del promedio catalán; en Roses, el 66%. La única excepción encontrada es Mont-ras, en el Baix Empordà.
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De la industria al turismo
Los efectos no se limitan únicamente a los sueldos. Un estudio realizado por economistas de la UPF y la Universitat de Barcelona (UB), publicado en 2025, concluye que la expansión del turismo extranjero genera empleos en hostelería y servicios asociados al sector, pero provoca simultáneamente una disminución de empleos en la industria manufacturera, donde los sueldos son más altos y la productividad mayor.

Este desplazamiento de trabajadores hacia ocupaciones de menor valor agregado acaba afectando a la economía en general. El Informe Fènix vincula esta situación con el declive de la productividad en Cataluña a largo plazo: en 2023, la productividad laboral en Cataluña era un 13% inferior a la media europea, en comparación con una diferencia del 8% en el año 2000. Según el estudio, esta tendencia coincide con la expansión del turismo masivo y la llegada de inmigración poco cualificada destinada a cubrir la demanda laboral del sector.
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Los autores aclaran, sin embargo, que no todo el turismo produce iguales efectos. El informe diferencia el modelo de Barcelona, donde el 28% de las plazas hoteleras pertenecen a hoteles de cuatro estrellas o más y los salarios son relativamente más altos, del turismo de sol y playa predominante en el resto de la costa catalana, donde solo el 12% de las plazas corresponde a categorías superiores. Es en este último modelo donde se concentra la mayor parte de la subvención implícita identificada por el estudio.

