Las claves
En España, la población estudiantil extranjera supera 1,1 millones, representando cerca del 20 % del total en los niveles de Primaria y Secundaria.
Durante la última década, el incremento de alumnos sudamericanos, especialmente colombianos, ha superado con creces el crecimiento de estudiantes africanos.
Las regiones con mayor proporción de estudiantes extranjeros son Baleares, Comunidad Valenciana, La Rioja, Aragón, Cataluña, Murcia y Madrid.
El aumento de estudiantes migrantes trae consigo desafíos como la integración, el apoyo en la lengua y la necesidad de recursos para una educación intercultural efectiva.
Las aulas españolas reflejan claramente los cambios en los patrones migratorios.
Los datos del sistema educativo evidencian una transformación demográfica: el peso de los alumnos hispanoamericanos se dispara, mientras que la llegada de estudiantes africanos, tradicionalmente predominante, se desacelera.
Según el Ministerio de Educación, en la última década el alumnado extranjero ha aumentado en 427.059 estudiantes, pasando de 724.635 en el curso 2014-2015 a 1.151.694 en 2024-2025, lo que supone casi un 20 % del total.
La modificación más evidente radica en la composición de dicho alumnado migrante y en la procedencia geográfica de las nuevas incorporaciones. América del Sur se ha convertido en el principal motor de este crecimiento.
El número de estudiantes sudamericanos matriculados en España se incrementó desde 164.465 a 352.677 durante estos diez años, con un aumento de 188.212 alumnos.
La proporción de estudiantes sudamericanos dentro del total de alumnado extranjero también se ha elevado: si en 2014 representaban el 22,7 %, ahora alcanzan el 30,6 %.
El crecimiento más marcado se ha dado en los últimos años. En 2019-2020, la cifra de alumnos sudamericanos era de 174.121; para 2023-2024, ya alcanzaba los 299.095, y solo un curso después, la cifra ascendió hasta los 352.677.
En contraste, la evolución del alumnado africano ha sido mucho más contenida.
Los estudiantes procedentes de África aumentaron de 219.048 en 2014-2015 a 260.139 en 2024-2025, lo que equivale a un incremento del 18,8 %, cifra muy inferior al 114,4 % registrado por los estudiantes de origen hispanoamericano.
El caso de Marruecos, que representa la nacionalidad extranjera más numerosa en el sistema educativo español, ejemplifica claramente esta tendencia.
Los alumnos marroquíes pasaron de 173.828 a 200.487 en la última década, una subida del 15,3 %. Sin embargo, en años recientes, su número muestra una ligera caída: tras alcanzar los 205.418 en 2019-2020 y descender a 203.696 en 2023-2024, ahora bajan a 200.487.
Paralelamente, el caso más destacado es el de Colombia. En el curso 2014-2015 había 27.957 estudiantes colombianos en España, cifra que diez años después asciende a 114.723, multiplicando por 4,1 su presencia escolar y alcanzando un crecimiento del 310,3 %.
El alza se ha acelerado especialmente tras la pandemia: solo entre 2019-2020 y 2024-2025, el alumnado colombiano pasó de 36.291 a 114.723 estudiantes, con un aumento de 78.432 en apenas cinco años.
La comparación entre regiones evidencia la magnitud del cambio: mientras Sudamérica añade 188.212 estudiantes en una década, África incrementa en 41.091. En términos porcentuales, el crecimiento sudamericano es seis veces mayor que el africano y, específicamente en el caso colombiano, supera en más de 16 veces este último.
España, el nuevo ‘sueño americano’
Para entender el aumento de hispanoamericanos que optan por España como destino migratorio, es necesario considerar factores geopolíticos.
Históricamente, la mayor parte de la diáspora hispanoamericana y caribeña se dirigía casi exclusivamente a Estados Unidos. De hecho, en el año 2000, el 72 % de los emigrantes de la región residían en Norteamérica.
No obstante, el endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses y el reforzamiento de las fronteras tras los atentados del 11-S desviaron significativamente los flujos migratorios hacia Europa. Este continente se transformó en la principal alternativa, con España posicionándose como principal punto de llegada.
Un estudio internacional liderado por la Universidad de Barcelona, realizado apenas 18 años después, concluyó que de los 4,6 millones de inmigrantes de Iberoamérica en Europa, España acoge cerca de la mitad (47,4 %).
España atrae inmigrantes por varios factores: la lengua común, los lazos históricos, la facilidad administrativa en trámites de regularización y nacionalidad, y la demanda laboral en sectores como servicios, hostelería y cuidado.
Asimismo, los expertos destacan el rol de las cadenas de reagrupación familiar. Muchos procesos migratorios comienzan con la llegada de adultos en edad laboral y continúan con la incorporación de menores al sistema escolar, situación que se refleja directamente en las estadísticas educativas.
Los datos del Ministerio de Educación manifiestan un cambio estructural en la composición del alumnado extranjero en España.
Los datos escolares evidencian que el aumento migratorio de la última década ya no se explica primordialmente por África, sino por el notable incremento de estudiantes provenientes de Hispanoamérica, especialmente Colombia.
Distribución por CCAA
Analizando las cifras regionales del curso 2024-2025, el alumnado extranjero no se distribuye uniformemente por las comunidades autónomas, concentrándose principalmente en territorios como Islas Baleares, Comunidad Valenciana, La Rioja, Aragón, Cataluña, Murcia y Madrid, que superan la media estatal del 12,9 %.

En cambio, Ceuta, Extremadura y Galicia se encuentran entre las regiones con menor proporción relativa de estudiantes extranjeros.
En cuanto al número absoluto de alumnos extranjeros, destacan Cataluña, Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, Andalucía e Islas Baleares, que también son las comunidades con mayor población y sistemas educativos más amplios.
Esto implica que no siempre coinciden las áreas con mayor número total de alumnos extranjeros y las que exhiben el mayor porcentaje relativo: una comunidad numerosa puede contar con muchos estudiantes extranjeros en términos absolutos, pero tener un peso proporcional inferior al de otra más pequeña o con mayor movilidad internacional.
Las diferencias entre comunidades se explican por diversos factores: tamaño demográfico, presencia estable de población migrante, oferta laboral y residencial, así como la estructura económica local.
En lugares como Baleares, Comunidad Valenciana o Cataluña, el peso del alumnado extranjero es especialmente alto debido a la presencia constante de inmigración. En contraste, en territorios con menor atracción migratoria o población reducida, el porcentaje disminuye significativamente.
Además, la tabla revela que este fenómeno es más pronunciado en centros públicos que en privados, en concordancia con la estructura general del sistema educativo español.
Esto contribuye a comprender que la presencia de alumnado extranjero no solo se trata de cantidad, sino también de la distribución interna dentro de cada red escolar, con una mayor concentración en la educación pública.
Desafíos y recursos
Distintas investigaciones recientes señalan que el auge del alumnado migrante requiere más que sólo plazas educativas: demanda recursos, apoyo y una respuesta pedagógica que atienda la diversidad real que existe en las aulas.
En este sentido, Funcas, un think tank especializado en información económica y social, alerta que las segundas generaciones en España muestran «signos de fragilidad» a lo largo de su trayectoria educativa, con desventajas que pueden manifestarse desde etapas tempranas y prolongarse en resultados académicos inferiores y menores oportunidades. El estudio indica que, por ello, los alumnos migrantes de segunda generación acceden menos a la universidad comparados con aquellos con orígenes españoles.
A esta línea se suma el análisis de la catedrática de la Complutense Sonia García, quien enfoca la dimensión humana y social del proceso migratorio.
El texto destaca que la incorporación a un nuevo sistema educativo no es un proceso neutral, sino una experiencia que implica duelo migratorio, adaptación cultural y la construcción de un sentido de pertenencia, factores que «afectan negativamente» el aprendizaje tanto de los menores como de sus compañeros.
Desde esta perspectiva, la denominada «educación intercultural» se presenta no como un añadido sino como una herramienta esencial para evitar que las diferencias lingüísticas o culturales se traduzcan en aislamiento, desmotivación o fracaso escolar.
Otra investigación publicada por la Universidad Complutense respalda esta visión al solicitar una intervención educativa que tome en cuenta no sólo el rendimiento académico, sino también la dimensión emocional y social del alumnado inmigrante. Por esta razón, se exige que los docentes con un alto porcentaje de estudiantes migrantes reciban formación específica en estas competencias.
Además, como se informó en este diario, la entidad EsadeEcPol ha documentado las dificultades que implica un aumento de población migrante en las aulas, no solo para los estudiantes sino también para el profesorado.
Concretamente, este estudio destaca que el problema no reside tanto en el porcentaje de alumnado migrante, sino en las barreras lingüísticas y la limitada capacidad del profesorado para afrontar esta situación. Es decir, si el profesorado contara con recursos adecuados (mayor plantilla o clases de refuerzo del idioma), la proporción de estudiantes migrantes no influiría tan negativamente en su percepción laboral.
En conjunto, las fuentes coinciden en una conclusión: la escolarización del alumnado extranjero genera retos específicos en integración, apoyo lingüístico y convivencia que no están siendo debidamente afrontados por las autoridades educativas y que podrían perjudicar tanto a sus compañeros como a ellos mismos.

