Esta villa impresiona por su espectacular fisonomía, en la que sobresalen el Palacio Episcopal, la judería, sus Casas Colgadas, el coso taurino octogonal y la magnífica catedral que alberga la Capilla Sixtina española
- La desconocida ciudad romana del siglo I d.C. a dos horas de Madrid: con termas, murallas y foro que se pueden visitar andando y sin coste alguno
- La impresionante fortaleza roja de Aragón: una joya medieval en la montaña que parece tallada en roca
La capital del Moncayo se presenta como un destino esencial para aquellos que buscan una escapada única en la provincia de Zaragoza. Popularmente conocida como la ciudad de las tres culturas, en ella convivieron y prosperaron en armonía comunidades de cristianos, musulmanes (mudéjares) y judíos. Tarazona guarda un patrimonio arquitectónico y humano notable que sorprende en cada paso. Esta ciudad aragonesa, bañada por el río Queiles, destaca no solo por su imponente Palacio Episcopal y su catedral renacentista, sino también por ser la tierra natal de importantes figuras del espectáculo español como Paco Martínez Soria y Raquel Meller, además del histórico refugio del poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer.
Organizar un viaje a esta ciudad zaragozana invita a adentrarse en un apasionante viaje temporal donde la historia se descubre en sus fachadas. Desde sus remotos orígenes, envueltos en leyendas que atribuyen la construcción a Tubalcaín y su posterior restauración a Hércules, la antigua Turiaso romana ha preservado su estructura medieval. El empeño de la Fundación Tarazona Monumental, constituida en 2007, ha sido fundamental para revitalizar este museo al aire libre, que hoy se muestra vivo, activo y en constante renovación gracias a detallados trabajos de restauración.
Recorrer su casco histórico requiere calzado cómodo para afrontar las pendientes y dejarse llevar por un trazado urbano laberíntico que recompensa la atención a los más mínimos detalles. La ciudad ofrece la opción de alternar entre plazas amplias y callejones estrechos y magníficos miradores naturales que evidencian la estrecha relación entre la arquitectura, la roca y las pendientes del terreno. Los visitantes que exploren sus rincones descubrirán una rica mezcla de estilos que va desde el mudéjar y el gótico hasta el renacentismo y el expresionismo barroco.
El Palacio Episcopal y los misterios de sus calabozos
El Palacio Episcopal se alza imponente sobre una enorme roca sedimentaria que domina la terraza del río Queiles, ofreciendo una vista impresionante. Este edificio singular se originó como una fortaleza musulmana, la antigua Zuda, que funcionaba como sede para los gobernantes militares. Tras la Reconquista, el edificio se convirtió en residencia cristiana y, en el siglo XIV, después de los daños de la Guerra de los dos Pedros entre las coronas de Aragón y Castilla, el obispo Pérez Calvillo le otorgó su rango episcopal, albergando en el siglo XV las Cortes Reales presididas por los Reyes Católicos y Felipe II.
La principal joya oculta de esta fortificación, declarada Bien de Interés Cultural en 2020 y habitada por su último obispo hasta el año 2000, es la espectacular cúpula renacentista del siglo XVI. El restaurador Miguel Agoiz Gómez junto a su equipo llevaron a cabo una exhaustiva intervención comenzada en 2016 para consolidar los elementos estructurales. Más tarde, en 2025, se eliminaron las múltiples capas de cal que ocultaban los yesos atribuidos a Alonso González, devolviendo la luz y el esplendor originales a una de las estancias residenciales más hermosas de Aragón. Durante estas obras aparecieron frisos renacentistas ocultos por más de cuatro siglos.
En los sótanos de este mismo complejo palaciego se encuentra otra de las grandes sorpresas locales: las antiguas cárceles del siglo XVIII, abiertas al público desde 2019. Las paredes de estos calabozos guardan una de las colecciones de grafitis de presos más extensas y conmovedoras de Europa, un legado de gran valor sociológico analizado por la experta Lola Zueco Gil. Como en aquella época los clérigos eran quienes sabían escribir, junto a testimonios dejados por las tropas de la guerra de la Independencia y las guerras carlistas, los muros muestran dibujos de armas, barcos, escenas agrícolas, caricaturas y las clásicas marcas para contar los días de cautiverio.
La Capilla Sixtina española y la mezquita de Tórtoles
La Catedral de Santa María de la Huerta es la máxima expresión del Renacimiento en la localidad, un templo edificado en el siglo XII por maestros franceses extramuros de la ciudad sobre una basílica paleocristiana. Tras estar cerrada al público durante treinta años por complejas obras estructurales, reabrió sus puertas en abril de 2011, mostrando una armonía perfecta entre su estructura gótica, alzados mudéjares y decoraciones barrocas. En su interior resalta la Capilla Mayor, conocida popularmente como la Capilla Sixtina del Renacimiento español por sus espectaculares frescos en el cimborrio, donde el artista Alonso González desplegó una técnica de color admirable.
La visita guiada de la SEO turiasonense se organiza en tres áreas con accesos diferenciados que incluyen la catedral, la sacristía y su imponente cimborrio mudéjar, iniciado en 1543 por Juan Lucas Botero el Viejo y finalizado por su hijo. El claustro mudéjar de ladrillo es otro de los elementos más sorprendentes del templo, ya que sus pasillos están completamente cerrados al exterior. Sus arcos góticos, sustentados en ménsulas adornadas con motivos vegetales infinitos que nunca se repiten, se combinan con representaciones figuradas de temática religiosa y composiciones de carácter burlesco.
La diversidad religiosa de la villa se confirma extramuros con la Mezquita de Tórtoles, una anomalía histórica fascinante por ser uno de los templos islámicos más tardíos en la península ibérica, edificada a mediados del siglo XV. Tras la conquista cristiana de 1119 por Alfonso I El Batallador, la población musulmana abandonó el núcleo de El Cinto para crear nuevos barrios. Este modesto espacio de culto rural, declarado Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés en 2020, fue descubierto en los años ochenta dentro de un pajar y destaca por su techumbre de madera policromada con inscripciones árabes y poemas amorosos, antes de ser convertida forzosamente en iglesia en 1526.
Las Casas Colgadas y la Plaza de Toros Vieja
El pasado judío de la ciudad se manifiesta con fuerza al visitar la judería vieja, un entramado medieval de callejones estrechos y llenos de misterio que rodeaba originalmente el palacio episcopal. En el siglo XIII, aproximadamente 235 personas vivían en esta aljama fortificada, protegida por puertas históricas como la Nueva, la Porticiella y la de la Zuda, donde la comunidad se regía por sus propias leyes y consejos. Entre sus miembros más destacados estuvo Mosé de Portella, quien actuó como baile real y administrador del patrimonio de Pedro el Grande entre 1273 y 1286, antes de morir en circunstancias inusuales.
Las emblemáticas Casas Colgadas se alzan sobre la vega del río Queiles como uno de los conjuntos arquitectónicos más fotografiados y singulares de la judería alta, cuyas fachadas traseras dan directamente a la calle Judería. Estas residencias nobiliarias medievales fueron construidas mediante un complejo sistema de contrafuertes asentados en la propia roca para ganar terreno a la muralla, siendo objeto de un plan municipal de estabilización. Los artesanos de la aljama, expertos en oficios como textilería, zapatería, platería y orfebrería, se distribuían entre las rúas Alta y Baja, la plaza de la Mata y la enigmática cuesta de los Arcedianos, que configuró la judería nueva desde 1440.
El centro urbano oculta una sorpresa con la Plaza de Toros Vieja, una edificación de planta octogonal construida entre 1790 y 1792 a iniciativa de ocho vecinos que solicitaron terrenos del prado original. Este particular coso taurino, considerado uno de los más antiguos conservados en España, dejó de albergar festejos en 1870 y destaca por tener un perímetro compuesto por 32 casas de cuatro plantas que continúan habitadas actualmente. La combinación entre arquitectura doméstica y espacio público la convierte en un punto esencial que complementa la grandiosidad de la fachada del Ayuntamiento, una lonja del siglo XVI adornada con obras de Hércules.
El Ayuntamiento de Tarazona, una magnífica obra civil del siglo XVI edificada junto a la muralla original, actúa como el centro neurálgico de la vida turiasonense. Este majestuoso edificio, que originalmente cumplía la función de Lonja, impresionó a visitantes y turistas por la grandiosidad y belleza de su fachada renacentista, donde destaca un friso esculpido con un relieve conmemorativo de la entrada triunfal de Carlos V en Bolonia en 1530 y los célebres siete trabajos de Hércules. Sin embargo, el momento de mayor esplendor y fervor popular de esta plaza de España ocurre cada 27 de agosto a las doce en punto del mediodía, cuando se abren las puertas del ayuntamiento y aparece el Cipotegato, el personaje folclórico más querido de la ciudad. Ataviado con un traje arlequinado de franjas verdes, rojas y amarillas, este joven cruza la plaza abarrotada bajo una lluvia festiva de tomates que da inicio a las fiestas patronales de San Atilano, una arraigada y emotiva tradición declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional en 2009.
Cuna de artistas y el refugio místico de los Bécquer
La vinculación cultural del municipio se enriquece por ser la ciudad natal de Francisca Marqués López, nacida en 1888 y reconocida mundialmente bajo el nombre artístico de Raquel Meller. Esta destacada cupletista de la Belle Époque, que debutó en 1906 y triunfó en el Olympia de París en 1919, popularizó canciones inmortales como El relicario o La Violetera, cuya música fue empleada por Charles Chaplin en su película de 1931 Luces de ciudad. El impacto de la artista aragonesa, que falleció en 1962, fue tan grande que generó toda clase de productos comerciales con su imagen.
Originario de Tarazona en 1902, Paco Martínez Soria, uno de los actores cómicos más entrañables y queridos del cine español, mantuvo siempre un vínculo firme de orgullo y afecto con su ciudad natal, a pesar de haberse trasladado con su familia a Barcelona con solo cinco años, donde desarrolló su carrera prolífica. El inolvidable protagonista de La ciudad no es para mí fue nombrado Hijo Predilecto en 1974 y actualmente cuenta con una estatua de bronce en la calle Mayor y una ruta turística por sus sitios más representativos. Junto a Meller comparte espacio museístico en el teatro municipal de Tarazona, donde se exhiben objetos, fotos y mobiliarios de ambos artistas.
La vocación literaria y cultural de la ciudad se remonta a su antiquísima Casa del Traductor, una institución reconocida internacionalmente cuyos orígenes se inspiran en la Escuela de Traductores fundada en el siglo XII por el obispo Miguel de Toulouse. Esta comunidad intelectual activa anticipó por noventa años a la famosa escuela de Toledo, traduciendo conocimientos de astronomía, matemáticas y filosofía desde el árabe y el hebreo al latín. Hoy, bajo la dirección de Juan Antonio Fuentes, el centro funciona como una embajada cultural que acoge a traductores literarios de todo el mundo para facilitar el intercambio.
La capital del Moncayo despliega un mapa de sensaciones donde cada rincón confirma que la verdadera riqueza del viaje reside en la convivencia de culturas y épocas
El Monasterio de Veruela, situado a solo 13 kilómetros del núcleo urbano en las faldas de la sierra del Moncayo, fue el remedio perfecto para los problemas respiratorios del poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer. Entre diciembre de 1863 y julio de 1864, el escritor se alojó en esta antigua abadía cisterciense de 1145 junto a su hermano, el pintor Valeriano Bécquer, cuyas ilustraciones costumbristas y el dibujo Vista del río Queiles documentaron la vida rural local. Desde la Cruz Negra del monasterio, mientras esperaba correspondencia, el poeta escribió las nueve cartas que integran su obra Desde mi celda, publicadas en el diario madrileño El Contemporáneo, hallando en las calles turiasonenses la inspiración para leyendas inolvidables como El gomo o La corza blanca.
- La desconocida ciudad romana del siglo I d.C. a dos horas de Madrid: con termas, murallas y foro que se pueden visitar andando y sin coste alguno
- La impresionante fortaleza roja de Aragón: una joya medieval en la montaña que parece tallada en roca
La capital del Moncayo se presenta como un destino esencial para aquellos que buscan una escapada única en la provincia de Zaragoza. Popularmente conocida como la ciudad de las tres culturas, en ella convivieron y prosperaron en armonía comunidades de cristianos, musulmanes (mudéjares) y judíos. Tarazona guarda un patrimonio arquitectónico y humano notable que sorprende en cada paso. Esta ciudad aragonesa, bañada por el río Queiles, destaca no solo por su imponente Palacio Episcopal y su catedral renacentista, sino también por ser la tierra natal de importantes figuras del espectáculo español como Paco Martínez Soria y Raquel Meller, además del histórico refugio del poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer.

