Oxfam Intermón calcula que el 14% de estas personas se jubilará sin recibir ninguna prestación, porcentaje que asciende al 25% en el caso de las migrantes

Lucrecia Sáenz, migrante nicaragüense que arribó a España en 2005, ha dedicado su vida al cuidado de otras personas. Empezó desde niña ayudando a sus familiares y, en la actualidad, con 66 años, se ve obligada a continuar laborando en este ámbito a pesar del desgaste físico acumulado tras varios lustros de trabajo. Lo más complicado, relata a Infobae, es que no contará con “una alternativa digna” para la jubilación, tanto por el bajo ingreso que percibe como porque durante los nueve años en que estuvo sin papeles y sin contrato no pudo cotizar.
“Al llegar a España comencé cuidando niños y limpiando hogares. Tenía que hacer las compras y cargar con ellos, siempre moviendo peso de un lugar a otro. Después cuidé a personas mayores sin los recursos necesarios para atenderlas correctamente y sin dejar de limpiar y cocinar, porque no solo se trata de atender a una persona, sino a todo un hogar, y una tiene que ingeniárselas como puede con lo que dispone”, narra la trabajadora durante la breve pausa tomada en su jornada para responder esta entrevista. “Ahora, con 66 años, sigo laborando con el cuerpo desgastado, agotado, porque tengo la columna muy dañada por el esfuerzo de todos estos años”, añade Sáenz, quien está pendiente de una operación.
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Al igual que ella, más de 158.000 mujeres mayores de 55 años dedicadas al trabajo doméstico y de cuidados en España se aproximan a la jubilación sin garantías de obtener una pensión suficiente tras haber laborado en condiciones precarias y sin derechos plenamente consagrados, según revela un reciente informe de Oxfam Intermón. El estudio señala que sólo el 45,9% de estas trabajadoras accederá a una pensión contributiva y “aun así la cuantía promedio es de 710 euros mensuales, la mitad de la pensión media en España”.

Según el informe, otro 40% únicamente podría aspirar a una pensión no contributiva, de apenas 517 euros mensuales, insuficiente para cubrir las necesidades básicas, principalmente considerando que cerca del 65% de estas mujeres reside en viviendas alquiladas y destina hasta el 40% de sus ingresos a pagar el alquiler.
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“No estamos frente a trayectorias laborales individuales fallidas. Se trata de la consecuencia de desigualdades acumuladas a lo largo de toda la vida laboral en un sector feminizado, precarizado y racializado”, explica Nerea Boneta, investigadora y autora del informe con título Toda una vida cuidando. El derecho a una jubilación digna para las trabajadoras de hogar y cuidados. La ONG calcula que el 14% de las trabajadoras del hogar y cuidados llegará a la jubilación sin acceso a ninguna prestación, cifra que se eleva al 25,4% entre las migrantes.
De acuerdo con una encuesta incluida en el documento, el 65,9% de las trabajadoras mayores de 55 años prevé que deberán retrasar su jubilación más allá de los 65 años, mientras que el 78,3% considera probable continuar laborando en la economía informal al alcanzar la edad legal para retirarse.
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No pueden hacer frente a gastos imprevistos
Otros datos preocupantes del estudio muestran que el 87% admite no poder afrontar un gasto inesperado superior a 600 euros; siete de cada diez han renunciado a ir al dentista por falta de recursos y la mitad se ha visto en la necesidad de endeudarse o solicitar ayuda para cubrir sus gastos mensuales.
El sector de las trabajadoras del hogar y cuidados aglutina un alto porcentaje de mujeres mayores: el 30% tiene 55 años o más, mientras que en el conjunto del mercado laboral ese porcentaje es del 21%, debido a que muchas se ven obligadas a continuar trabajando para asegurar una pensión, lo cual evidencia las consecuencias de «décadas de desigualdad y carencia de protección institucional«. Además, desde 2012, el número de afiliadas mayores de 55 años se ha duplicado y el grupo que supera los 65 años se ha sextuplicado.
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Sólo las mujeres menores de 25 años perciben un salario superior al de sus homólogos masculinos en España.
El desgaste físico y emocional, una constante
El trabajo doméstico y de cuidados implica un gran desgaste físico, según el estudio. El 73% de las trabajadoras mayores de 55 años reporta dolores frecuentes de espalda, más del 70% padece dolores articulares, y un 65% sufre estrés. La inexistencia de reconocimiento de enfermedades laborales y la histórica exclusión de sistemas preventivos agravan el deterioro físico y mental de estas mujeres, según el análisis. Dos de cada tres han trabajado estando enfermas y más de ocho de cada diez usan medicación para poder cumplir con la jornada laboral.
Oxfam Intermón subraya que la mejora de las condiciones de las trabajadoras del hogar y cuidados requiere el compromiso de instituciones públicas, agentes sociales y familias empleadoras. Por este motivo, la organización propone reconocer las enfermedades profesionales derivadas de esta labor, facilitar el acceso a la jubilación anticipada o parcial a través de coeficientes reductores, así como compensar los períodos sin cotización. También solicitán garantizar pensiones mínimas adecuadas y completar la equiparación de derechos laborales con el Régimen General, incluyendo la cotización basada en el salario real, la prevención efectiva de riesgos laborales y el refuerzo de las inspecciones de trabajo.
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La organización destaca la importancia de aprobar la reforma de la Ley de Dependencia, que se encuentra en trámite legislativo, para fortalecer el sistema público de atención y profesionalizar el sector. “El escaso reconocimiento social hacia los cuidados sostiene su precarización tanto material como simbólica. Reconocer este trabajo como esencial requiere un cambio profundo en las percepciones sociales, rompiendo con el edadismo y el racismo presentes en el sector”, concluye Boneta.

