Un Media Day lleno de periodistas, niños del barrio con camisetas autografiadas y la sensación de que Leipzig será, durante un día, una pequeña Vallecas.
Más información: Sergio Camello: «Cuando entras en el barrio, en su gente, es ahí cuando te atraviesa la flecha y te enamoras del Rayo Vallecano»
Hay expresiones que condensan temporadas completas. Esta fue dicha por Sergio Camello en la ciudad deportiva del Rayo Vallecano, rodeado de periodistas y el ruido de una jornada que el club de Vallecas recordará por mucho tiempo: «El Rayo es lo último que queda del fútbol de antes«. Nadie le contradijo.
El Media Day previo a la final de la Conference League transformó la semana pasada la ciudad deportiva del equipo franjirrojo en un lugar irreconocible incluso para sus propios jugadores.
Unos cien medios acreditados, entre españoles e internacionales, ocuparon el complejo durante una jornada que combinó la ceremonia oficial de la UEFA con el desorden controlado y el ambiente de barrio que caracteriza a esta entidad.
La gorra del Rayo Vallecano de una pequeña aficionada. EL ESPAÑOL
Además, hubo invitados especiales: un grupo de niños de una escuela del barrio que tuvieron la oportunidad de convivir con sus ídolos en una fecha tan destacada. Una niña lucía con orgullo la gorra tradicional del Rayo –la que usaba su padre– y se la mostraba a la fotógrafa de EL ESPAÑOL como si fuera el más valioso de los premios.
Después, esos mismos niños hicieron fila para que Isi Palazón, Álvaro García o el propio Camello les firmaran camisetas y cromos. Aún algún vecino del barrio intentó colarse en el tumulto antes de que la seguridad, con cuidado, lo invitara a retirarse.
Sergio Camello firmando autógrafos a unos grupo de niños en la ciudad deportiva del Rayo. EL ESPAÑOL
Entre preguntas informales y algunas entrevistas casi clandestinas, evitando a los oficiales de la UEFA, los jugadores fueron desvelando el significado de esta semana para ellos.
Iván Balliu, uno de los capitanes, expresó con una mezcla de asombro y confianza creciente: «No pensábamos llegar a la final. Seguro que el técnico cuenta otra cosa, pero yo no me lo veía. Hemos llegado en un buen momento como equipo y cada vez creo más en la posibilidad de ganar».
Jorge de Frutos, quien también esperaba noticias sobre una posible convocatoria para el Mundial –que finalmente no llegó–, ubicó la clave en el compromiso del grupo a lo largo de toda la competición: «No sabemos si volveremos a vivir otra final europea. Tenemos que disfrutarla igual que en las rondas previas, sin presión pero con el deseo de levantar el título».
El ‘Pacha’ Espino, que este curso ha hallado en el campo un refugio tras la pérdida de su padre, habló con una calma difícil de fingir: «Estamos terminando la temporada de forma fenomenal. La final será dura, sólo hay un partido, pero contamos con opciones para alzar el trofeo, venimos en un gran momento todos».
Óscar Trejo, frente a un corrillo de periodistas. EL ESPAÑOL
Óscar Trejo, la voz veterana del vestuario que ya ha anunciado que se retirará al final de la temporada, aportó una dimensión emocional que a veces el lenguaje futbolístico no puede abarcar:
«Por pequeño y humilde que seas, algunos sueños se cumplen con esfuerzo, pasión, compañerismo y más días duros que buenos, pero con un grupo que avanza unido. Hemos tenido mucha suerte, ojalá toque el Gordo este miércoles».
Iván Balliu y Jorge de Frutos, al frente, atendiendo a los periodistas en el Media Day del Rayo Vallecano. EL ESPAÑOL
Y Álvaro García, uno de los máximos anotadores del equipo en la Conference junto a Isi Palazón, sintetizó esta maravillosa realidad con una sola cuestión: «¿El mejor cuento de la historia? Puede ser, es algo muy especial, inesperado por todos y aquí estamos para vivirlo».
Una final entre barrios
El recorrido hasta Leipzig tiene su propio relato. El Rayo alcanza la primera final europea en sus 102 años –la única experiencia anterior en competición continental fue una ronda de la Copa de la UEFA en 2001 ante el Alavés– tras superar al Neman Grodno en la fase previa, al Samsunspor, al AEK Atenas y al Estrasburgo en semifinales, con Alemão como protagonista al marcar los dos goles que dieron un global de 2-0.
Un equipo que, según sus propios jugadores, fue aprendiendo a competir en Europa en cada ronda, que no puso excusas por jugar en triple competición y que, como señaló Camello a EL ESPAÑOL, además ha logrado asegurar una plaza europea adicional para el fútbol español gracias a su llegada a la final.
Isi Palazón, sentado en un banquillo, posa para la cámara de EL ESPAÑOL. EL ESPAÑOL
El adversario en Leipzig también porta su distrito en la camiseta. El Crystal Palace disputa sus partidos en Selhurst Park, un estadio con estructura de ladrillo enclavado en el distrito londinense de Croydon, a once kilómetros del centro urbano, manteniendo vivo el espíritu del fútbol inglés clásico.
Sus aficionados acuden caminando desde las estaciones de tren, el club facilita estacionamiento gratuito para bicicletas y su lema -«South London & Proud»- transmite claramente una identidad construida lejos de los grandes del fútbol.
El 27 de mayo, por primera vez en su historia, también ellos disputan una final europea. Dos equipos de barrio, dos identidades periféricas, una final en Alemania.
Mientras tanto, quienes no viajen a Leipzig podrán seguir el partido desde el estadio de Vallecas. La Comunidad de Madrid montará tres pantallas gigantes, una frente a cada grada, con una capacidad total para más de 14.700 personas y entradas con un coste de cinco euros.
Los futbolistas del Rayo Vallecano, durante el entrenamiento en la jornada de puertas abiertas a los medios. EL ESPAÑOL
Se calcula que aproximadamente el 90% de los abonados viajará a Alemania, lo que da una idea clara de la magnitud del desplazamiento. Sin embargo, el barrio no se quedará fuera de esta fiesta.
Todo comenzó hace 102 años en un barrio obrero del sureste de Madrid. Todo continuará el miércoles en Leipzig.
Y la frase de Camello resuena fuerte, pues en un fútbol plagado de inversores, estadios sin nombre y traslados de franquicias, que un equipo de barrio alcance una final europea representa exactamente lo que está a punto de perderse.

