Marcos Llorente, 31 años, revela que su relación con su padre era distante y fría, al punto de no saludarse, y cómo le asignaron la tarea de expresarle «te quiero».

Marcos Llorente, antes de un partido del Atlético de Madrid. El futbolista del Atlético de Madrid, durante su aparición en ‘El Hormiguero’, habló acerca de sus costumbres y la relación con su padre.

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Marcos Llorente aprovechó su intervención en El Hormiguero para abrirse en tres aspectos: su vínculo con su padre, su estricta filosofía sobre la salud y una defensa inusual del sol, la crema solar y la luz roja.

El jugador del Atlético de Madrid sorprendió al abordar la frialdad que mantuvo durante un tiempo con su padre, Paco Llorente. «Mi padre y yo éramos bastante distantes, ni siquiera nos saludábamos. Me pusieron como tarea decirle ‘te quiero'», admitió, al relatar cómo una terapia psicológica le obligó a confrontar esa distancia emocional.

Comentó que, durante años, prácticamente no mostraban afecto y fue necesario apoyarse en ayuda profesional para romper ese patrón, al punto de que le encargaron pronunciar ese «te quiero» cada vez que se veían y acompañarlo con un abrazo, algo que él describió como incómodo y hasta gracioso en sus inicios.

Llorente reconoció que este ejercicio le ha servido no solo para mejorar su relación con su padre, sino también para expresarse con mayor facilidad en su vida personal, en línea con la imagen de futbolista comprometido con el bienestar integral que transmitió durante toda la entrevista.

Afirmó que no se imagina compitiendo mucho después de los 35 años porque llegará un momento en que «no creo que valga la pena», estableciendo este límite más en función de la calidad de vida que en la obtención de títulos.

En el plató detalló una rutina estricta de descanso, horarios tempranos para dormir y una alimentación que califica como un estilo de vida completo, no simplemente una dieta para rendir los domingos. Su discurso se corresponde con la imagen que proyecta en redes sociales: un profesional que se considera a sí mismo un «proyecto de salud» a largo plazo.

El momento más controvertido ocurrió cuando volvió a cuestionar el uso extendido de la crema solar, tema que ya había generado debate público. Llorente defendió que el sol es «esencial para el correcto funcionamiento celular» y sostuvo que las lociones protectoras pueden resultar más nocivas que beneficiosas, una postura que contradice la recomendación generalizada de dermatólogos y oncólogos.

Marcos Llorente, en una concentración de la Selección

Marcos Llorente, en una concentración de la Selección RFEF

«Es lo que siento», se justificó, reivindicando «una relación equilibrada con el sol» y alejando la preocupación del miedo a la exposición.

Cuando Pablo Motos le recordó que «el daño solar es acumulativo» y que «el 90% de los cánceres de piel se deben a 20 años de exposición», el futbolista respondió con un retador «¿Cómo se mide eso?».

El rojiblanco aclaró que promueve tomar el sol «desde el amanecer, que condiciona la piel y el cuerpo para cuando llega el ultravioleta», e incluso preguntó durante la entrevista: «¿Cómo sabes que es el sol y no esta luz?», señalando hacia las luces del plató.

Su enfoque sobre la salud incluye dispositivos y hábitos que forman parte de su universo personal. En El Hormiguero volvió a mostrar sus gafas con cristales amarillos, que describió como un recurso para contrarrestar el exceso de luz azul en interiores y proteger el descanso.

«Las gafas son una herramienta que simula la luz exterior en este momento. En los interiores hay mucha luz azul, y las gafas la equilibran», explicó. También defendió el uso de luz roja por la noche porque «se asemeja a la oscuridad» y, según argumentó, favorece la producción de melatonina y prepara al cuerpo para dormir.

En su conjunto, la presencia de Llorente en el programa retrata a un futbolista que confía más en la ciencia alternativa y en su propia experiencia que en los consensos médicos, aceptando la controversia que esto genera para mantener un estilo de vida que considera indispensable.

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