El pacto comercial entre la UE y Mercosur mantiene en tensión al sector agrario andaluz y lo acerca a Vox: el 36,1% lo señala como el partido que más se identifica con sus ideas

Fernando Adell abre la verja y avanza hacia el cercado donde se encuentran las vacas junto al fotógrafo, que busca la mejor toma para capturar la escena. «Cuidado con las zapatillas, a ver si pisas alguna mina», bromea Ángel, encargado de la finca, señalando alguna de las numerosas boñigas dispersas. Los animales permanecen impasibles. Continúan con su rutina, que consiste en espantar moscas con el rabo y tratar que sus mugidos superen el canto de los pájaros.
La finca en la que nos encontramos es Dehesa del Campo, a 20 minutos en coche de Córdoba, en Cerro Muriano, y ocupa 690 hectáreas pobladas por grandes encinas; algunas alcanzan fácilmente los 10 metros de altura. Aquí se crían actualmente 700 cerdos de bellota —llamados “cochinos” localmente— y unas 340 vacas reproductoras, mezcla de las razas francesas limousin y charolais, atendidas por unos 16-17 toros, aproximadamente uno por cada 20-30 hembras. Adell las organiza en varios grupos —así los denomina— según su estado reproductivo.
En el conjunto que aparece en las fotos figuran las vacas que han parido hace poco, con crías de tres o cuatro meses. «Habitualmente, los terneros se destetan a los 5 o 6 meses, alcanzando un peso vivo entre 230 y 250 kilos. Luego, se trasladan al cebadero, donde se engordan con pienso hasta que, con 14-15 meses, van al sacrificio; las hembras suelen sacrificarse antes, a los 12 meses. Los machos llegan a unos 650 kilos y las hembras a 500», detalla Adell sobre el proceso de producción de carne bovina.
«A veces realizamos nosotros la fase de engorde y otras vendemos los animales con cinco o seis meses tras el destete. Esto depende de las condiciones económicas y del mercado. Si se vende el ternero más pequeño, se obtiene liquidez siete u ocho meses antes que vendiéndolo ya engordado, y además se ahorra el coste de alimentación durante ese período», explica las fórmulas económicas que manejan.
Fernando Adell no solo es ganadero, sino que también preside en Córdoba la asociación agraria Asaja, que cuenta con 5.500 miembros. La visita a su explotación tiene como objetivo entender la dimensión del malestar de los sectores agrícola y ganadero frente al tratado que la UE firmó con Mercosur y cómo esto podría influir en la intención de voto rural en las próximas elecciones autonómicas andaluzas: ¿hasta qué punto está vinculado este descontento con que Vox sea el principal receptor del voto del campo el 17-M?
El mismo día que arranca la campaña electoral, el 1 de mayo, entró en vigor de modo provisional el acuerdo comercial. Presentado como el mayor firmado por la UE y por Mercosur —compuesto por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay—, afecta a 700 millones de consumidores y prevé la eliminación gradual de aranceles en el 91% de las exportaciones entre ambos bloques.
El tratado inició su vigencia con carácter «provisional», pues en enero pasado, tras su firma, el Parlamento Europeo solicitó un dictamen del Tribunal de Justicia de la UE, deteniendo así la ratificación. A pesar de esto, la Comisión decidió implementar el acuerdo.

«Esto es una auténtica putada», responde sin rodeos Fernando Adell al mencionar «Mercosur». «El acuerdo se ideó para abrir mercado a los productos manufacturados alemanes y de Europa central. A cambio de permitirles vender coches y electrodomésticos, hemos hipotecado la ganadería y agricultura españolas, principalmente las andaluzas», explica con contundencia su rechazo frontal al tratado.
«Desde Europa exportamos Volkswagen, Audi, productos farmacéuticos, maquinaria… y ellos nos mandan productos agrícolas y ganadería; cuentan con una gran producción de soja, maíz, cítricos y carne vacuna, entre otros».
Según cifras de la Comisión Europea, en 2024 la UE y Mercosur intercambiaron bienes por un valor de 111.204 millones de euros. El intercambio fue equilibrado, con importaciones europeas por 56.018 millones y exportaciones de 55.186 millones, lo que dejó un saldo favorable a Sudamérica de 832 millones.
No obstante, el balance cambia mucho si solo se considera el comercio agroalimentario: Mercosur exportó a la UE por 23.897 millones de euros frente a apenas 3.348 millones en sentido contrario. La diferencia arroja un saldo de 20.549 millones a favor de Mercosur.
Centrando la atención en España, basado en el Informe Bilateral: Mercosur 2024 del Ministerio de Agricultura, las exportaciones agroalimentarias y pesqueras españolas a Mercosur alcanzaron 463 millones de euros —aceite, vino, mosto, frutas de hueso…— mientras que las importaciones fueron de 4.118 millones, casi nueve veces superiores.
La elección de visitar una explotación bovina no es casual, pues entre los productos importados de Mercosur destacan la soja, el maíz y la carne vacuna. Las asociaciones agrarias estiman en unas 15.000 toneladas anuales la cantidad de carne bovina proveniente de Mercosur que entra en España, mientras que las exportaciones españolas son casi inexistentes.
«Además, ellos no están sujetos a las mismas regulaciones estrictas en métodos productivos que Europa, como normativa sobre trazabilidad y seguridad alimentaria. Sus costes de producción son más bajos», lamenta Adell, lo que se traducirá en precios más competitivos que perjudicarán tanto a ganaderos como agricultores.
En línea con lo señalado por el presidente de Asaja Córdoba, un estudio reciente sobre el acuerdo comercial realizado por dos ex economistas de la ONU, Orsola Costantini y Álex Izurieta, sostiene que las importaciones de carne vacuna de Mercosur provocarán una reducción de precios del 2%, lo que podría llevar a la inviabilidad económica al 4,3% de las granjas europeas, principalmente medianas en España y Austria, y de menor tamaño en Países Bajos.
«Exigimos a los gobiernos máxima rigurosidad en los controles en frontera para garantizar el cumplimiento de las cláusulas espejo en los acuerdos comerciales. Esto significa que si aquí se exige producir conforme a ciertas normas y métodos, esos mismos requisitos deben aplicarse a los productos que importamos. Actualmente, solo se inspecciona el 0,8% de los productos que entran en España; de cada 100 contenedores, se abre uno y solo se toma una muestra pequeña», señala Adell, que estuvo presente en la histórica protesta del campo europeo en Bruselas -que reunió a más de cien organizaciones agrarias de 27 países- en diciembre pasado para impedir la firma del tratado.
«En Brasil, por ejemplo, se administran hormonas a los terneros para engordarlos, algo totalmente prohibido aquí, además de que el costo de engorde allí es mucho menor», añade.
No es casualidad que Santiago Abascal iniciara la campaña electoral en Jaén, el 1 de mayo, junto al candidato andaluz Manuel Gavira, luciendo una pegatina con el lema «NO a Mercosur»: «Se trata de un rechazo contundente a Mercosur porque es un tratado que destruye al campo, a ganaderos y agricultores, dificulta la renovación generacional en el medio rural y pone en grave riesgo el sector primario español», afirmó. Tampoco parece fortuito que en todas las comunidades autónomas donde Vox gobierna, excepto Murcia—como Extremadura, Aragón, Castilla y León y Valencia—, controle la consejería de Agricultura.
Vox cuenta con un significativo respaldo electoral dentro del sector, como revela la encuesta del CIS de abril sobre las autonómicas andaluzas. Al preguntar a agricultores, trabajadores agropecuarios, forestales y pesqueros sobre a qué partido votarán el domingo próximo, un 19,9% opta por Vox, frente al 41,7% que prefiere al PP y el 7,8% que elegiría al PSOE. El total de votos estimado para Vox por el CIS es del 10,3%, aproximadamente la mitad del apoyo que recibe entre las personas vinculadas al sector primario.
La identificación de agricultores y ganaderos con Vox se incrementa cuando se pregunta por qué partido consideran más cercano a sus ideas: Vox es señalado por el 36,1%; el PP, por el 28,9%; y el PSOE, por el 10,2%.
«Si mañana se celebrasen elecciones generales, ¿a qué partido votaría usted?», continúa el CIS explorando las intenciones de voto en Andalucía. El porcentaje de este colectivo que elegiría a Vox aumenta en este escenario: un 28,6% votaría por Santiago Abascal.

