El estrés térmico disminuye la concentración, perjudica la coordinación motriz y provoca golpes de calor, insolaciones, insuficiencia renal, enfermedades cardiovasculares y cáncer de piel

El calor extremo ha dejado de ser solo un tema climático para transformarse en una amenaza laboral prioritaria en España. Los datos evidencian una situación en crecimiento preocupante. Según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre de 2025, se registraron en España 3.832 muertes ligadas al exceso de temperatura, lo que representa un aumento del 87,6% respecto al año previo.
Asimismo, los episodios de calor extremo incrementaron durante el año anterior un 73% en comparación con 2024, confirmando la tendencia a que las olas de calor sean cada vez más frecuentes, intensas y duraderas.
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El efecto de las altas temperaturas sobre el empleo resulta cada vez más perjudicial. Más de 5,5 millones de trabajadores declararon haber estado expuestos a condiciones térmicas extremas, tanto en ambientes interiores como exteriores. Esta cifra abarca el 26% de la población activa en España y supera con creces la media europea.
Además, otro dato preocupante es que el 17% de la población laboral española trabaja bajo una radiación solar intensa, lo que equivale a aproximadamente 3,8 millones de personas. En tanto, la media en la Unión Europea apenas alcanza el 12%.
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Golpes de calor, fatiga y deterioro cognitivo
Los efectos del calor extremo superan el simple malestar físico. Expertos advierten que las temperaturas elevadas reducen la concentración, afectan la coordinación motriz y elevan la probabilidad de accidentes laborales.
Los golpes de calor, las insolaciones y el agotamiento constituyen los signos más evidentes, aunque también se asocian con enfermedades graves como la insuficiencia renal y problemas cardiovasculares.
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El calor excesivo durante los meses estivales incrementa en España riesgos como golpes de calor y cáncer de piel. Sanidad recomienda mantener una buena hidratación, usar protección solar y adoptar medidas preventivas para evitar complicaciones, especialmente en personas vulnerables.
Además, la exposición prolongada al calor genera fatiga, merma la destreza manual y afecta habilidades cognitivas fundamentales, como la memoria a corto plazo y la percepción visual.
El impacto psicológico tampoco es menor. El INSST señala que el estrés térmico puede modificar el estado emocional de los trabajadores, incrementar la tensión en el ambiente laboral y fomentar riesgos psicosociales.
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La radiación UV, otro enemigo silencioso
Otro grave riesgo emergente en el ámbito laboral es la exposición intensa y continuada a la radiación ultravioleta. De acuerdo con estimaciones conjuntas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), trabajar al sol incrementa en un 60% la probabilidad de desarrollar cáncer de piel.
Las estadísticas resultan alarmantes, dado que se calcula que una de cada tres muertes por este tipo de cáncer está relacionada con la actividad laboral.
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Una manera eficaz de mitigar estos efectos consiste en implementar medidas de protección como tejidos especiales con filtro ultravioleta, vestimenta adecuada para ambientes exteriores y nuevas tácticas organizativas destinadas a reducir la exposición solar en las horas más riesgosas del día.
Anticiparse al riesgo
Para afrontar el problema del calor extremo, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) y la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) han presentado un proyecto conjunto enfocado en prevenir riesgos en los trabajos al aire libre y aminorar el impacto del calor sobre millones de trabajadores.
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Esta iniciativa, desarrollada con la colaboración de los órganos técnicos de prevención de las comunidades autónomas, busca crear una herramienta capaz de predecir indicadores clave como la temperatura, humedad, radiación solar y velocidad del viento. La combinación de estos factores permitirá calcular el índice WBGT (Wet Bulb Globe Temperature), utilizado globalmente para medir el estrés térmico que experimenta el organismo humano.
La finalidad consiste en anticipar los golpes de calor, las insolaciones, el agotamiento físico y otros problemas derivados de las altas temperaturas, sobre todo en sectores donde la exposición solar es constante.
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Agricultura y construcción, entre los sectores más afectados
Las actividades más afectadas por el calor son la agricultura, la pesca, la construcción, la minería y el suministro de servicios, ámbitos donde gran parte de la jornada laboral se realiza bajo la exposición directa al sol.
Desde el INSST advierten que el estrés térmico no se limita exclusivamente a la temperatura ambiental. Elementos como la humedad, velocidad del aire, intensidad del esfuerzo físico o incluso la vestimenta laboral pueden incrementar considerablemente el riesgo para la salud.
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Por esa razón, la nueva herramienta busca ofrecer predicciones más precisas y ajustadas a cada contexto laboral. A diferencia de las mediciones puntuales actuales, este sistema permitirá anticipar los riesgos a lo largo de toda la jornada, facilitando la adaptación de horarios, descansos o cargas laborales antes de que surjan situaciones peligrosas.
El cambio climático obliga a replantear la prevención laboral
El incremento de fenómenos extremos está impulsando la necesidad de transformar los modelos tradicionales de prevención de riesgos laborales. El INSST considera que España debe avanzar hacia sistemas más flexibles y que se adapten al impacto del cambio climático.
En este contexto, la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo 2023-2027 reconoce la urgencia de fortalecer la protección de los trabajadores frente a condiciones meteorológicas cada vez más adversas.
Este desafío resulta especialmente relevante para pequeñas y medianas empresas, que en muchos casos disponen de menos recursos para implementar medidas preventivas avanzadas contra el calor.

