Lucía Llano afirma que la muerte de los guardias civiles en Huelva por parte de los narcos debería considerarse un asesinato, no un accidente laboral

Lucía Llano, presidenta de Retirados Asociados de la Guardia Civil. Las claves

Lucía Llano, presidenta de Retirados Asociados de la Guardia Civil, define como asesinato el fallecimiento de los agentes en Huelva y demanda más recursos y protección para el cuerpo.

Llano expresa su crítica ante la insuficiencia de recursos y tecnología en la lucha contra el narcotráfico, reclamando una acción inmediata por parte de las instituciones para impedir que ocurran más desgracias.

Defiende el reconocimiento de la Guardia Civil como una profesión de riesgo y resalta la relevancia de su carácter militar, exigiendo mejoras en salarios y derechos para agentes tanto activos como retirados.

Destaca la transformación del papel femenino y el respeto hacia el colectivo LGTBI dentro del cuerpo, aunque admite que aún quedan desafíos importantes en materia de igualdad.

Lucía Llano (1972) recibe a EL ESPAÑOL en su nueva vivienda, un coqueto adosado en Benaguasil (Valencia) con vistas hacia la Sierra Calderona. «Aún faltan detalles, apenas he comenzado a instalarme», explica. Sin embargo, ya ha tenido ocasión de decorar la vitrina donde reúne numerosos objetos relacionados con la Guardia Civil.

Muestra con entusiasmo sus figuras, tazas, playmobils, pines, bolígrafos, parches… y, claro está, los reconocimientos obtenidos durante su carrera y como presidenta de Retirados Asociados de la Guardia Civil de España.

Sufrió artrosis que la obligó a retirarse antes de lo previsto, por lo que decidió enfocar su pasión por el cuerpo en la defensa de este colectivo de agentes, demasiado a menudo olvidado.

Este perfil, el de representante de guardias civiles ya jubilados por diversos motivos, la sensibiliza particularmente ante tragedias como la acontecida recientemente con los fallecidos en Huelva.

¿Qué sentimientos le provocó la noticia de la muerte de los agentes Jerónimo y Germán, que perseguían a narcos en las costas de Huelva?

Toda la familia de la Guardia Civil experimenta dolor, vacío y una profunda incomprensión ante la repetición de hechos similares. Hace poco, otros agentes resultaron heridos en circunstancias semejantes y volvieron a cumplir con su labor sin temor, enfrentándose a delincuentes mejor armados. Eran extremadamente valientes.

Resulta doloroso comprobar la repetición de la inferioridad en medios, apenas dos años después de la tragedia en Barbate. Este viernes mismo, una narcolancha embistió en Almería a una patrullera de Aduanas. ¿Qué más puede hacer el Estado para reducir la ventaja de los narcotraficantes? ¿Por qué no lo hace?

Comprendo que los representantes institucionales están afectados. Creo en el enojo del ministro Marlaska cuando lo expresa. Pero las soluciones no pueden postergarse, deben aplicarse sin demora. Los hechos deben producirse ya. No es aceptable que sigamos perdiendo compañeros en situaciones evitables.

Hay vidas en riesgo. Es imprescindible trabajar en conjunto para elevar la seguridad exigida por la ciudadanía. Se requieren más efectivos, medios marítimos, tecnología avanzada, sistemas sofisticados de inteligencia y protección legal. En el siglo XXI, con los adelantos tecnológicos actuales, deberíamos superar ampliamente a los delincuentes.

«Confío en que ninguna muerte haya sido en vano y que las instituciones proporcionarán a los agentes los medios necesarios. La forma más digna de honrar a los caídos es con acciones concretas»

La madre de uno de los fallecidos en Barbate lamentó que la muerte de su hijo ‘no había servido para nada’ tras esta nueva tragedia. ¿Comparte esa percepción?

Como guardia civil, comprendo profundamente su sufrimiento. Perder un hijo es el mayor dolor para unos padres. No obstante, deseo creer que ninguna de estas muertes ha sido en vano y que las instituciones dotarán de los recursos necesarios a los agentes. Honrar a los caídos requiere hechos. Cada año acudimos al homenaje en Barbate para mantener vivo su recuerdo; nunca deben ser olvidados.

Lucía Llano muestra su colección de abalorios de la Guardia Civil.

Desde hace años reclaman esa inversión que aún no llega. El ministro Fernando Grande-Marlaska lleva ocho años al frente del Ministerio del Interior, organismo encargado de facilitarla. ¿Le falta sensibilidad? ¿Coincide con la desafección que genera?

Los compañeros que afrontan en la calle el crecimiento del crimen y la pérdida de autoridad se sienten vulnerables. Es necesario actuar y promulgar leyes firmes. En el fondo, todo se reduce a la escasez de medios. El ministro habrá tomado decisiones acertadas y erróneas, como todos, pero quienes ocupan cargos de esta índole no pueden permitir fallos que afecten a las Fuerzas de Seguridad ni que los delincuentes lleven la delantera.

«Creo que Marlaska comprende las necesidades, pero todo depende de presupuestos. No es admisible escatimar en seguridad»

Estoy convencida de que es consciente de las carencias, pero todo se limita a las partidas presupuestarias. No se deben recortar fondos destinados a la seguridad. Esta carencia afecta a todos los gobiernos anteriores; los políticos deben unificarse para resolver este problema sin importar quién proponga la iniciativa.

Durante la jura de bandera en la Academia de Baeza, se escucharon abucheos al ministro. ¿Le parecieron justificados?

Comprendo la indignación y frustración de familiares y compañeros que ven a sus hijos ingresar en el cuerpo y conocen la peligrosidad a la que se enfrentarán. Sin embargo, creo firmemente en el respeto institucional. La Guardia Civil simboliza disciplina y serenidad. Era un acto solemne de respeto a la enseña nacional, y no apoyo los abucheos en esos momentos.

«En funerales de esta índole deberían estar presentes los máximos representantes institucionales para brindarnos apoyo, desde el Gobierno hasta la Casa Real»

En el funeral de Jerónimo y Germán no estuvo presente ningún ministro ni el presidente del Gobierno. ¿Qué opina de esta ausencia?

No me corresponde juzgar las agendas políticas. Estuvieron sus familias, compañeros, la directora general y el alto mando. No obstante, considero que en tragedias de este tipo deben estar presentes los máximos representantes institucionales para respaldarnos, desde el Gobierno hasta la Casa Real, mostrando el reconocimiento por nuestra entrega y sacrificio. Esos cargos son para lo bueno y para lo malo.

Lucía Llano, vestida de uniforme en una imagen de archivo. EE

La exministra María Jesús Montero calificó la tragedia como un «accidente laboral». ¿Qué opinión le merece esta expresión?

No fue adecuada. No se trata de un accidente laboral, sino de una muerte en acto de servicio. Las narcolanchas conocen perfectamente las maniobras para provocar impactos como el ocurrido. Para nosotros, es un asesinato; dos compañeros murieron luchando contra el narcotráfico y las organizaciones criminales. Los delincuentes salieron nuevamente victoriosos.

«No es un accidente laboral, sino una muerte en acto de servicio. Las narcolanchas saben bien las maniobras para provocar impactos como el ocurrido. Para nosotros, fue un asesinato»

La Guardia Civil ha perdido competencias en Tráfico y gestión migratoria… Sus agentes han sufrido al observar el acercamiento de presos de ETA al País Vasco, concesión de semilibertades. ¿Se sienten abandonados por las decisiones del actual Gobierno?

En numerosas ocasiones nos hemos sentido desatendidos. Creo que la causa es sencilla: responde a acuerdos entre grupos parlamentarios para asegurar apoyos en el Gobierno. El juego político termina perjudicándonos, y son las minorías las que condicionan temas de Estado.

En ocho años se han sucedido cuatro directores generales en la Guardia Civil. ¿Le parece normal esta inestabilidad?

Conozco bien a los directores y considero que María Gámez y Mercedes González han sido muy buenas directoras, con gran empatía. Mercedes vive la situación intensamente y pretende mejorar las condiciones. Pero la estabilidad es fundamental para consolidar políticas. Si un director lleva ocho años, conoce el cuerpo, lo valora y lucha por los recursos. Con tantos cambios, cada nuevo responsable trae otra visión, lo que implica volver a empezar.

Con la despoblación actual, ¿cree viable mantener cuarteles pequeños en los pueblos o deberían transformarse en patrullas móviles?

Pertenezco a la vieja escuela y apoyo el cuartel en el pueblo, la proximidad al ciudadano. La población se siente mucho más segura al ver el coche de la Guardia Civil circulando. No estoy a favor del cierre de cuarteles. Si es necesario, se deben crear promociones de 5.000 agentes como antes, pero no podemos dejar desprotegido el medio rural ante la delincuencia o la conservación ambiental.

«Apoyo la regularización, pero no de delincuentes. Confío plenamente en la labor investigadora de la Policía Nacional para detectar fraudes y evitarlo»

Respecto al proceso de regularización masiva de inmigrantes, ¿cree que supone un riesgo para la seguridad pública o un efecto llamada?

Personalmente, considero positivo regularizar a quienes buscan una vida mejor y empleo, ya que España necesita mano de obra en sectores como construcción, hostelería y agricultura. Tienen derecho a prosperar y vivir en paz. El problema no es la regularización, sino la delincuencia. No estoy de acuerdo en regularizar a delincuentes. Hay que confiar en el trabajo de investigación de la Policía Nacional para descubrir posibles falsificaciones y evitar que delincuentes se beneficien.

Otorgar papeles y ciudadanía constituye un reconocimiento para quienes se integran. Los españoles deseamos vivir tranquilos. No es posible expulsar a delincuentes españoles, pues son ciudadanos, pero no deberíamos facilitar la entrada de criminales extranjeros.

Lucía Llano, en la terraza de su casa.

¿Debe el Estado igualar la condición profesional de todos los cuerpos policiales? ¿Tiene sentido que la Guardia Civil mantenga su carácter militarizado?

Sé que muchos no estarán de acuerdo, pero soy de la vieja escuela. La Guardia Civil posee una identidad, una historia y valores que forman parte de su esencia. Su carácter militar ha sido clave en estos 182 años y por ello millones de españoles la admiran. No apoyo la desmilitarización del Cuerpo. No obstante, ello no impide avanzar y mejorar nuestro sistema de bienestar. Mantener nuestra esencia no está reñido con adquirir los mismos derechos que otros trabajadores.

Si pudiera implementar una reforma inmediata en el cuerpo, ¿cuál sería?

Se están trabajando en algunas mejoras, como el segundo Plan de Igualdad, pero las necesidades actuales representan un problema de Estado. Todos los grupos parlamentarios deben colaborar sin confrontaciones. Hay que actualizar la Ley de Personal, avanzar en seguridad, ampliar medios y promover mayores promociones. Además, hay que acelerar los procesos. Llevamos 35 años reclamando equiparación salarial y aún no se ha logrado como debería. Por supuesto, se debe reconocer como profesión de riesgo.

¿Por qué considera que aún no han sido reconocidos como profesión de riesgo? Resulta llamativo, más tras tragedias como la de Huelva.

Es una demanda histórica. La realidad social lo demuestra: los compañeros sufren agresiones e insultos anuales. Se ha perdido el principio de autoridad y los delincuentes nos superan. Se necesitan leyes firmes que protejan a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Las bandas criminales están bien organizadas y cuentan con fuertes recursos.

Debemos adelantarnos al delincuente. Antes, una patrulla detenía varios vehículos y se respetaba; hoy, saben que actúan con impunidad. Un país desarrollado se sustenta en educación, sanidad, justicia y seguridad. Si no invertimos en seguridad ciudadana, el sistema falla.

Además, nuestra asociación defiende la retroactividad, exigiendo que se reconozca como profesión de riesgo también a quienes están en la reserva, segunda actividad, jubilados o retirados. Quienes trabajaron en condiciones duras hace 30 años o lucharon contra el terrorismo merecen ese reconocimiento, pues están afectados física y psicológicamente.

Detalle de la colección de Lucía Llano.

¿Cuáles son las reivindicaciones de Retirados Asociados de la Guardia Civil de España (RAGCE), organización que preside?

Nacimos en abril de 2018 al percibir el abandono hacia la figura del guardia civil retirado, el veterano del cuerpo. Nuestra demanda principal fue recuperar su figura y reinsertarla. En estos ocho años hemos logrado avances significativos, como la Orden General nº 5 del 4 de julio de 2022, que regula la relación institucional del personal retirado con la Guardia Civil, basada en gran parte en nuestro proyecto.

También logramos la Tarjeta de Retirado de la Guardia Civil (TRGC). Este jueves inauguré una placa en un cuartel valenciano en honor a los veteranos, promoviendo un trato digno y respetuoso hacia quienes se han retirado. Observamos que la Dirección General de la Guardia Civil colabora para realizar cambios. El avance es lento, pues cuando se demanda, se quiere que ocurra ya, pero hay respuestas muy positivas.

Ingresó en la Guardia Civil en 1991. ¿Qué ha cambiado más dentro del cuerpo desde entonces?

La Guardia Civil ha evolucionado y mejorado en consonancia con la sociedad. Eso es indiscutible. Como en cualquier profesión, se desea avanzar, mejorar la calidad y contar con mejores medios. Aún queda camino por recorrer, especialmente en recursos y necesidades de personal.

«Ser la única mujer entre diez guardias en un pueblo donde los vecinos se sorprendían, era difícil. Iban a denunciar y no confiaban en nosotras»

En esa época había pocas mujeres. ¿Cómo ha cambiado el papel femenino en el cuerpo? ¿Cómo enfrentaron el machismo mujeres como usted?

Entré en una época muy distinta a la actual. Hoy el porcentaje femenino ronda el 11%, y tanto el Gobierno como la Dirección General promueven la paridad. Evidentemente, las mujeres que ingresan actualmente sufren menos machismo que las primeras promociones. Tuvimos que romper barreras y afrontar situaciones dolorosas. Ser la única mujer en un cuartel de diez guardias, en un pueblo donde sus habitantes se asombraban, era complicado. Iban a interponer denuncias y no confiaban en nosotras, querían hablar con el sargento o cabo.

Todas en mi generación enfrentamos episodios de machismo. También existía sobreprotección por parte de los compañeros mayores, que nos veían como a sus hijas, pero no queríamos eso. Habíamos superado la academia igual que ellos y buscábamos igualdad real, el mismo trato de mandos, compañeros y la sociedad.

Lucía Llano, durante la entrevista.

¿Cree que esa mentalidad ha cambiado definitivamente?

La Guardia Civil abrió sus puertas a la mujer mediante un Decreto Ley en 1988, aunque muchos guardias entonces no lo aceptaban. Era necesario avanzar, porque la Guardia Civil necesitaba a la mujer. Desde nuestra incorporación, la institución ha progresado considerablemente. Somos profesionales capaces y esenciales para resolver todo tipo de delitos, aportando otra perspectiva y sensibilidad en investigaciones importantes como la lucha contra ETA y otras bandas.

He encontrado grandes compañeros que nos respetan y valoran. Lo que una mujer desea en la Guardia Civil es ser considerada igual, ni más ni menos que un hombre. Ese es el verdadero feminismo. Fuimos guerreras luchando por una igualdad real frente a quienes nos consideraban el ‘sexo débil’.

Ha declarado públicamente que su esposa es Policía Nacional. ¿Qué cambios percibe en ese cuerpo respecto al colectivo LGTBI?

En aquella época no existía la libertad actual. Había mucho temor a las opiniones ajenas, al juicio y a que se truncara el acceso a ciertos cargos. Hasta hace poco, la vida profesional de algunos compañeros estuvo condicionada por su orientación sexual. Se vivía una doble vida y se inventaban novios.

No se podía manifestar abiertamente estar enamorada de una mujer por miedo a represalias de mandos. Hoy, afortunadamente, las instituciones han avanzado. Se nos valora por profesionalismo y calidad humana, no por condición sexual.

«Hoy me siento orgullosa de hablar libremente de mi pareja, pero no pude hacerlo hasta retirarme. No podía acudir a la festividad de la Patrona y presentar a mi novia»

¿Cuándo se sintió plenamente libre para hablar de su orientación sin esconderse?

Ahora disfruto hablar abiertamente de mi pareja, pero no fue posible hasta retirarme. En activo, fue muy difícil. Solo lo sabían mis compañeros cercanos, pero no podía asistir a la festividad de la Patrona presentando a mi novia a los mandos. Hoy en día, cualquier compañero puede acudir con su pareja con total respeto.

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