EL ESPAÑOL charla con el defensa central de España y Atlético de Madrid que acaba de lanzar su obra ‘Por miedo a decepcionar’ (Planeta, 2026).
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Existen historias que parecen diseñadas para mostrar que las rutas más difíciles a veces son las únicas que conducen al destino necesario. Robin Le Normand tenía cinco años cuando perdió a su hermana menor Lou.
Sus progenitores, en lugar de venirse abajo, establecieron disciplina y crearon un espacio cada noche para dialogar sobre lo doloroso, lo temido y lo guardado en el alma. Así fue como el pequeño de Bréhand comprendió que esconder nunca ayuda y que las cicatrices, observadas detenidamente, también marcan un mapa.
El trayecto hacia el fútbol profesional tampoco fue fácil. A los 17 años fue rechazado en Francia, pero llegó a España. En San Sebastián —con un idioma distinto, sin sostén y bajo la dirección de Imanol Alguacil— finalmente algo encajó.
También allí entendió que lo más frágil en un futbolista no son sus músculos, sino la mente, y que dentro de él había una segunda voz —el llamado ‘Saboteador Interno’— que durante años le había estado saboteando silenciosamente. Aprender a convivir con ella y escucharla sin ceder a sus órdenes fue un avance fundamental.
En 2024, tras un cabezazo accidental en un duelo frente al Real Madrid, sufrió una fractura de cráneo, tal como revela ahora, lo que generó muchas dudas sobre su continuidad. Regresó. Alzó la Eurocopa con España. Y comenzó a escribir.
‘Por miedo a decepcionar’ (Planeta, 2026) es el resultado: un libro que mezcla autobiografía y testimonio colectivo, en el que participan también su madre Corinne, su hermano Théo —quien ya acumula tres roturas de ligamento cruzado— y su hermana Nora, nacida tras Lou y con la presencia de alguien que nunca llegó a conocer.
Le Normand concede esta entrevista durante una fase de inusual tranquilidad tensa: el Atlético de Madrid no compite por títulos tras llegar a semifinales de Champions y disputar la final de Copa, él se siente «en buena forma y fuerte», y próximamente Luis de la Fuente anunciará la convocatoria para el Mundial. La espera, comenta, es complicada de manejar. En su entorno —el fútbol— admite que existe un intenso temor a perder el sitio, algo que conoce muy bien.
La silueta de Robin Le Normand captada por EL ESPAÑOL EL ESPAÑOL
P.- El título del libro, ‘Por miedo a decepcionar’, se refiere a esa presión interna que cuentas en el texto. ¿En qué momento de tu carrera sentiste que ese miedo prevalecía sobre el amor al fútbol?
R.- Esa sensación me llegó muchas veces, sobre todo cuando llegué a la Real Sociedad. Era una segunda oportunidad, una luz entre sombras: “Quizá pueda convertirme en profesional, ser futbolista”.
Y al iniciar los primeros partidos bajo la dirección de Imanol, me sacaban en el descanso porque pensaban que cometía errores. Fallaba cada dos encuentros. Y entonces entendí que tras fallar, en el siguiente partido volvía con la idea de: “Hoy volveré a equivocarme”.
El club ya contaba con psicólogo y me ayudó a hablar, diciéndome que no podía ser tan duro conmigo mismo durante el juego. Comprendí que trabajaba mucho lo técnico y táctico con Imanol, pero descuidaba la salud mental y la psicología, así que necesitaba empezar a hacerlo.
«El ‘Saboteador Interno’ es esa voz que, en mi caso, magnifica el miedo y las fallas.»
P.- El libro presenta al «Saboteador Interno» como una voz con la que convives. ¿Cuándo detectaste su existencia y qué diferencia hay entre oírla y seguirla?
R.- Lo más difícil es aprender a coexistir con ella, a saber cuándo exagera el miedo y las dudas. En mi caso, amplifica mucho el temor al error, pero en ocasiones también me sirve porque me hace dar cuenta de la importancia de lo que hago.
Esa voz aparece porque te importa tanto que asusta al pequeño Robin dentro de ti. Sin embargo, hay que utilizarla positivamente, para entender que existe un riesgo, pero no una amenaza mortal. Por eso hay que calmarse.
P.- Has optado por un formato coral, incorporando testimonios de tu madre Corinne, tu hermano Théo, tu hermana Nora… ¿Por qué era necesario que ellos también compartieran su voz, no solo tú?
R.- Para mí fue natural, porque en la familia somos muy cercanos. Al leer biografías, a veces echas de menos escuchar directamente a los padres. Es frecuente leer “mi padre reaccionó así”, pero lo ideal es que ellos lo expresen personalmente.
En este caso se trataba de capturar la verdad más pura y sincera. Lo más valioso fue descubrir que muchas historias que tenía en la cabeza no eran ciertas.
‘Por miedo a decepcionar’ (Planeta), el libro de Robin Le Normand EL ESPAÑOL
Hay un capítulo donde yo creía que fue mi padre quien tomó una decisión y resultó que fue mi madre. Hablar de recuerdos difíciles y felices, conocer las perspectivas de mis padres, mi hermano y mi entorno fue muy enriquecedor. Ha sido un proceso intenso.
P.- Tenías cinco años cuando falleció tu hermana Lou. ¿Cómo se sobrelleva esa tragedia en la infancia cuando no se tienen herramientas para afrontarla?
R.- Al principio haces lo que puedes y dependes de los adultos, tus padres y entorno. Tuve mucha fortuna porque ellos, pese al dolor que no puedo imaginar, continuaron educándonos, apoyándonos y hablando.
Como relato en el libro, hubo muchas comidas y cenas en las que mis padres exigían que afirmáramos lo que sentíamos en el corazón y la mente. Eso ayuda mucho porque no se tienen las herramientas para reconocer que uno está atravesando un proceso.
Lo fundamental es expresar y tratar de poner palabras a las emociones y las marcas que puedes llevar con 10, 11 o 12 años.
P.- Tu madre Corinne señala en el libro que la ausencia de Lou les recuerda a diario «lo que verdaderamente importa: vivir plenamente y no posponer la felicidad». ¿Te ha transformado esta enseñanza la manera en que afrontas el éxito en el deporte?
R.- Sí. He tenido la suerte de crecer en un entorno equitativo, que no te eleva exageradamente tras un triunfo ni te hunde tras un fallo. Un entorno justo y unos padres que representan un ejemplo vital.
Mi madre, que además perdió a su padre, es un ejemplo de superación: cada día, a pesar del dolor y el llanto, hay que seguir adelante. Ese ha sido el mayor ejemplo que he tenido.
«Cuando falleció mi hermana, mis padres exigían que expresáramos lo que sentíamos en el corazón.»
Mi padre también: vivió con culpa y rabia por cómo ocurrió la muerte de mi hermana. Pero verlo a lo largo de mi infancia avanzar y dar lo mejor en cada momento ha sido muy valioso para mí.
Al final, ganar o perder hay que relativizarlo. Son episodios muy buenos o muy duros, pero frente al balance de la vida existe un equilibrio. Son pesos muy diferentes.
P.- A los 15 años entraste en la academia del Brest con una fractura de cadera que escondiste por miedo a ser descartado. ¿Qué revela eso sobre la cultura del miedo en el fútbol formativo?
R.- En nuestro ámbito hay miedo a perder el puesto, a no aprovechar una oportunidad y que otro tome tu lugar. Se resume en una falta de confianza en uno mismo.
Quería empezar mi sueño a toda costa y llegué a ocultar algo tan grave, una fractura, que es imposible mantener en secreto por mucho tiempo. El mensaje es confiar más en uno mismo y en sus capacidades.
Lo sé ahora, pero mañana volverá a pasar: tendré dudas, temores. Forma parte del juego. A los 30 años se maneja mejor que a los 15, cuando piensas “no se lo digo a nadie y podré con esto”, pero no es así.
Robin Le Normand, durante la entrevista con El ESPAÑOL EL ESPAÑOL
P.- Tu hermano Théo ha sufrido ya tres roturas de ligamento cruzado anterior, acumulando casi dos años sin jugar…
R.- Y ahora la tercera, justamente (Théo Le Normand, jugador del Andorra, se lesionó nuevamente el cruzado el 10 de mayo pasado en un partido contra Las Palmas).
P.- Precisamente, tú también conoces el miedo ante las lesiones. ¿Cómo manejáis mentalmente los tiempos en que el balón se detiene pero la vida continúa?
R.- Por suerte, en mi familia hay numerosos hobbies y cosas que disfrutamos. Mi hermano es un claro ejemplo: llena su tiempo libre con diversas actividades. Es evidente que las dudas nunca desaparecen, porque nuestro deseo es jugar al fútbol, algo que llevamos en la sangre desde niños. Pero ahora los dos practicamos ajedrez, armamos Lego, hacemos música, tocamos el piano…
En mi caso, cuando me lesiono, tengo el ejemplo de mis padres que han superado situaciones más duras. Aunque no me lo digan directamente, lo sé. ¿Cómo podría quejarme con un dolor menor? Eso desecha todos los argumentos.
Curiosamente, ayer me golpeé la rodilla contra Osasuna, y al llegar a casa veo que mi hermano volvió a romperse el cruzado.
«Tuve una fractura de cráneo. El doctor me aseguró que todo iba a ir bien, pero empecé a escuchar opiniones sin fundamento.»
Tengo pilares muy sólidos a mi alrededor que han atravesado grandes dificultades y las han superado, y eso me impulsa. Hay que relativizar porque no puedo compararme con ellos.
P.- En 2024 sufriste una fractura de cráneo en un derbi contra el Real Madrid y surgieron rumores de retirada. ¿Qué pensamiento te acompañó esos días y cómo intervino el «Saboteador Interno» en tu recuperación?
R.- No pretendo dar lecciones, hago lo mejor según mis características. En esos momentos empiezas a oír a gente no preparada que opina sin saber. Ahí hay que valorar qué merece atención y qué no.
Hubo situaciones extrañas, pero volví a consultar al médico para confirmar que las afirmaciones no eran reales. Él me había dicho: «No te preocupes, cuatro o seis semanas de cuidado y todo irá bien».
Sin embargo, uno lee y crea escenarios en la mente. Por eso es fundamental entrenar la mente, meditar y trabajarla: hay que controlarse.
P.- En el libro reproduces mensajes de odio que recibes en redes tras errores. Mencionas que «la violencia no es gratuita, está condicionada» y que el fútbol a veces fomenta relaciones abusivas. ¿Cómo proteges tu salud mental de eso?
R.- Para mí es cuestión de hallar el equilibrio. Evitar todo y pensar que nadie te atacará es irreal. Como se muestra en el libro, hay comentarios que llegan donde no deben y duelen porque tocan inseguridades. Ocultarlo todo no es solución, pero leerlo todo impide vivir.
Lo ideal sería tener confianza total y no dudar jamás, pero creo que nadie lo logra. Entonces, como decimos, hay que entrenar la mente para distinguir si la crítica tiene algo de verdad y por eso molesta, o si simplemente carece de sentido y no debe afectarte.
Retrato de Robin Le Normand EL ESPAÑOL
P.- ¿Has considerado desconectarte por completo de las redes sociales o crees que hoy en día en el fútbol eso es casi imposible?
R.- Sí, creo que a todos nos ha pasado porque las críticas a veces son muy duras y no se reciben una a una, sino cientos de golpe. La única salida es desconectarse. Pero, como comenté, ocultarme del todo tampoco funcionaba. Hay que equilibrar.
P.- Hablas abiertamente de tus episodios de ansiedad y del papel crucial que un coach mental tuvo en tu estabilidad en la Real Sociedad. ¿Consideras que el fútbol profesional aún trata la salud mental como un tabú?
R.- Hemos avanzado mucho porque han surgido casos en la NBA y en el fútbol que han sido como «lesiones mentales» —sería bueno llamarlas así— que se han tratado y los jugadores han regresado a su nivel. Eso indica que es un aspecto que hay que cuidar.
Creo que se puede hacer mucho más, ya que dedicamos mucho trabajo a lo técnico, táctico y físico, pero mucho menos a lo mental. Y no solo en profesionales, también en jóvenes que no siempre cuentan con un entorno estable.
Tener un profesional que apoye a niños y adolescentes en momentos difíciles es algo que podría mejorarse enormemente.
«Hay que saber disfrutar de jugadores como Lamine y no descartar a quienes con 18, 20 o 22 años aún no han llegado.»
P.- Dices a los jóvenes que hoy es fácil sentir que llegan tarde, incluso con veinte años. ¿Qué consejos darías a un chico que piensa que su oportunidad ha pasado?
R.- Es legítimo pensarlo, porque la sociedad actual quiere todo ya, yo incluido. Con TikTok, Instagram, todo es instantáneo. Cuando te detienes por una lesión o un rechazo, es difícil recordar que tu camino continúa, y que la opinión de uno no define la de los demás.
Soy un ejemplo de camino nada convencional: rechazo tras rechazo, hasta llegar a España, encontrar un sitio donde encajas, donde te integran, y finalmente sentirte como debes sentirte. Hay que seguir creyendo en ello, especialmente si sabes que es lo que quieres hacer.
Mi hermano también es ejemplo: tres lesiones de cruzados, rechazos y aún así acaba de completar una temporada muy buena en Andorra en Segunda División. Cuando haces lo que te gusta y te levantas cada día con esa meta, no asegura el éxito, pero te acerca.
P.- Mencionas a Lamine Yamal como un jugador que explotó temprano, pero adviertes que no todos tienen ese camino. ¿Cómo convives en los vestuarios con compañeros que alcanzaron la élite por vías tan distintas?
R.- Por suerte el fútbol transmite valores similares sin importar el origen. Pero es necesario disfrutar del talento de jugadores como Lamine, que a los 17 años está al nivel de los mejores por su genio y calidad.
A esos talentos hay que cuidarlos pero también dejarles fluir. Y tampoco se debe descartar a quienes con 18, 20 o 22 años aún no han alcanzado su punto máximo por falta de madurez.
Lo que encontré en España y en la Real Sociedad fue que me ofrecieron tiempo. En Francia, a los 17 años ya debía rendir y no podía. Aquí me brindaron herramientas, ilusión y espacio para crecer, y sobre todo tiempo. Eso fue una gran suerte.
Robin Le Normand posa para la cámara de EL ESPAÑOL EL ESPAÑOL
P.- Ganar la Eurocopa 2024 con España siendo francés de nacimiento resulta difícil de entender desde dentro. ¿Qué significó ese título para ti, más allá del trofeo, tras todo lo que narras en el libro?
R.- Significó mucho. Siempre que hablo de ese día se me viene a la mente levantar la vista y ver a mis padres en la grada con las camisetas españolas, muy emocionados, yo llorando y siendo consciente de todo el camino recorrido.
Pensábamos en no decepcionarles y en ese instante sentí que no lo hacía, que ellos estaban orgullosos. Es difícil describir ese instante en toda su complejidad.
Había ganado la Nations League, la Copa del Rey, pero alzar la Eurocopa, considerando todo mi trayecto personal, el torneo y el camino familiar, fue cerrar un ciclo. Fue un día perfecto. Si debo elegir el momento más especial de mi vida, es ese.
P.- De la Fuente tiene que anunciar pronto la lista para el Mundial 2026. ¿Sientes que estás en tu mejor forma para integrarte a ese equipo y cómo gestionas esa espera?
R.- Son momentos extraños porque debes esperar, y la espera se vuelve difícil de manejar: aparece la voz interior, las dudas, los miedos, pero también cosas buenas. Me siento tranquilo porque tengo la conciencia del trabajo duro realizado.
En el club llegamos a semifinales de Champions y jugamos la final de la Copa del Rey. Me siento fuerte y bien. Pero hay muchos jugadores y personas competentes.
Puede que te seleccionen o no, pero tengo la suerte de un entorno justo y equilibrado que me calma y que me dice: “Será lo que sea, la vida seguirá y habrá que continuar”. Tengo ilusión y deseo estar en esa lista, pero la decisión final es de Luis.
«Tengo debilidades, cicatrices y golpes duros, pero soy yo. Y me siento fuerte así.»
P.- Publicaste un libro donde te muestras vulnerable. ¿Te preocupa que esa sinceridad sea vista como debilidad por rivales, entrenadores o directivos en un mundo como el fútbol, donde la fortaleza es fundamental?
R.- Es una buena pregunta. Nunca lo he considerado así. No lo veo como una debilidad porque no lo siento de ese modo. Es mi historia, mi mente, y debo aceptar todo lo que venga.
Esta experiencia ha sido muy valiosa mentalmente y la recomiendo: abrirse y hablar de las cicatrices a veces es positivo. Ocultar todo y no ser consciente de quién eres te perjudica más.
Tengo fortalezas y debilidades, cicatrices y golpes duros, pero soy yo. Y así me mantengo fuerte. Hoy pesa más lo positivo que lo negativo.

