El entonces presidente Luis Echeverría, preocupado por su imagen pública de represor de estudiantes (2 de octubre de 1968 y 10 de Junio de 1971), se valió del cine y de su hermano, el actor Rodolfo de Anda, que retomó su nombre original, Rodolfo Echeverría, cuando su hermano lo puso al frente del cine oficial, para beneficiar su imagen como un presidente que favorecía la llamada “apertura” democrática, y con ello también coptar y/o mediatizar a jóvenes en distintos medios y actividades, para que su enojo no se tradujera en expresiones guerrilleras o de lucha contra el sistema.
Fue entonces cuando México produjo un cine comprometido y trascendente, muy alejado lo que había sido hasta ese momento: charros, folklore, melodramas fatales y ramplones, santos y blue demons, jóvenes fresas y secos del cerebro. Por supuesto, dándose de vez en cuando una que otra excelente película. Constante del cine mexicano. La línea política de abrir puertas a una nueva generación de cineastas, dio como resultado lo que realmente debía llamarse “la verdadera época de oro” del cine nacional, en la década de los setenta. La televisión de aquel momento y mucho más la de hoy se ha encargado de desaparecer este tipo de cine, no transmitiéndolo casi nunca, o nunca.
El apoyo millonario por parte del gobierno para la producción de Longitud de Guerra, desató fuertes críticas por parte de los productores privados de cine, quienes se quejaron de la falta de apoyo a su cine, apoyo que habían recibido en los sexenios anteriores, para realizar un cine llamado por ellos “revolucionario”: cintas interpretadas por actores como María Félix y Pedro Armendáriz, entre otras estrellas y galanes del cine nacional, y que sólo resultaron ser “churros” malformadores del gusto, de la historia y de los sentimientos de los mexicanos.
Aunque Longitud de Guerra se rodó en 1975, la versión definitiva se terminó en 1976. La primera versión de este filme daría cuatro horas de duración. La versión final quedó con una duración de dos horas veinte minutos. Longitud de Guerra se estrenó en un solo cine, prácticamente sin publicidad. A los directivos de la industria cinematográfica que llegaron con López Portillo como presidente de México, no les interesó promover una cinta de calidad, que narraba de manera comprometida un hecho trascendente, que resultó ser un presagio de lo que sería el estallido de la revolución mexicana. En el sexenio de López Portillo se apoyó a los productores privados, quienes producirían el llamado “cine de ficheras”, una de las peores épocas del cine mexicano.
Semanas después de haberse estrenado Longitud de Guerra, Martínez Ortega fue señalado como realizador de “cine de autor”, a lo que contestó: “El cine de autor es aquel que refleja la visión del mundo del realizador y con mayor razón si éste es también él el autor del guión”. Y esto son “El Principio” y “Longitud de Guerra”, los dos grandes filmes de este director, plenamente identificados como parte de cine trascendente de los años setenta.
Longitud de Guerra estuvo nominada en 1977 para recibir el Ariel a Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Argumento Original y Mejor Edición. No se le concedió ninguna estatuilla.
NOTA: Tanto Gonzalo Martínez Ortega, como Jorge Humberto Robles, actor de la película, eran miembros del PCM.
