El descenso en las encuestas y su desprecio hacia los guardias civiles intensifican el temor «total» de los socialistas, quienes no descartan una debacle electoral.

Existen señales que marcan unas elecciones sin retorno posible. El 24 de marzo, María Jesús Montero proclamó, con una gestualidad que recordaba a Mourinho, que los andaluces debían «valorarla» ya que ella, «sin duda, la mujer con mayor influencia en la historia democrática», había «decidido» —como si la decisión fuera solo suya y no de Sánchez— presentarse para «rescatar a los ciudadanos andaluces del deterioro de los servicios públicos».
Resulta imposible ver el vídeo de Montero y no recordar a Juncal con su frase: «Si no te la mereces, ¡si no te la mereces! ¡Santa, santa!». Ese grado de superioridad no se olvida fácilmente, especialmente en Andalucía, una tierra marcada por agravios sentidos. El primer principio de un buen político es atraer al votante, no exigirle gratitud desde una posición de privilegio.
El segundo error, grave y totalmente innecesario, lo cometió Montero el lunes durante el debate electoral en Canal Sur, al calificar como «accidente laboral» la trágica muerte de los guardias civiles Gérmán y Jerónimo, quienes perseguían una narcolancha en la costa de Huelva. La investigación penal determinará si se trata de un homicidio, ya que mandos de la Guardia Civil sostienen que las maniobras de huida de los narcotraficantes estaban dirigidas a provocar un choque fatal contra las patrulleras, es decir, a matarlos.
Definirlo como un «accidente laboral» equivale a una frivolidad tan alarmante que ayer Montero tuvo que hacer una rectificación con pocas ganas, luego del enfado expresado por asociaciones profesionales de la Guardia Civil: «Por supuesto, hablamos de muertes en acto de servicio. Así lo sentimos y así debe reconocerse siempre a quienes arriesgan su vida por la seguridad de todos», afirmó la candidata sevillana.
Montero jamás tuvo posibilidades de recuperar el Quirinale de San Telmo, pero esos dos momentos de desconcierto explican claramente su debilidad demoscópica frente a Juanma Moreno, quien sí ha comprendido la esencia del 17-M. Además, ha diseñado en su esquema táctico un autobús frente a una portería, aplicando la mejor lección formal de Manuel Chaves: un catenaccio discursivo combinado con un tiki-taka en la construcción de una imagen política capaz de conectar con las grandes bases del electorado moderado.
Montero no ha logrado enganchar con ese segmento crucial para las mayorías andaluzas desde la consolidación de la Junta. Por el contrario, su expectativa inicial —superar a Juan Espadas, candidato que en 2022 obtuvo el peor registro en la historia del PSOE andaluz con 30 escaños, y esperar que Moreno no alcanzara mayoría— ya ha sido desbordada por las encuestas. Día a día, las proyecciones empeoran para ella. La número dos del PSOE nacional se acerca a una debacle electoral incluso peor que la de su predecesor, rondando los 28 escaños en los últimos sondeos publicados el lunes y descendiendo aún más en los trackings internos. En algunos casos, bastante por debajo.
El miedo en el PSOE-A a un resultado peor de lo anticipado es «completo y absoluto», confiesa uno de sus dirigentes. «Las perspectivas son muy negativas», admite. Si Moreno mantiene la mayoría absoluta, como prevén también los sondeos internos de los principales partidos, Montero quedaría sentenciada. «Podría representar el final de su carrera política. Si las peores encuestas se cumplen y queda por debajo de 27 escaños, no tomaría posesión del acta [de diputada autonómica] y la colocarían en un cargo internacional», pronostica un exasesor de Montero.
«Ella no era la candidata que el PSOE-A necesitaba», añade un socialista andaluz. «La esperanza está en la movilización de las ciudades medianas», se resigna un ministro, quien ahora solo aspira a repetir el resultado de 2022. «En la última semana de campaña, el PP siempre comete errores», se consuela. Aunque esta vez, ha sucedido lo contrario.
Las encuestas mantienen cautela porque es imposible pronosticar hacia dónde se inclinarán los ocho escaños restantes, uno por provincia, y porque hay tres que están en disputa debido al avance de Adelante Andalucía. Los trackings muestran dos tendencias claras. En primer lugar, el PP ha aumentado un punto en las últimas dos semanas y afianza su voto útil contra Vox. En segundo lugar, el PSOE-A cae por debajo de niveles hasta ahora impensables, lo que induce a pensar en la existencia de un voto oculto.
María Jesús Montero quiso bajar a Andalucía con solemnidad, pero ahora sus encuestas internas le dibujan como una esquela. Tal vez su candidatura haya sido el verdadero accidente laboral…
Juanma Moreno cerrará la campaña cantando
Juanma Moreno, aspirante a la mayoría absoluta, ha mantenido tan bajo el tono de una campaña ya por sí misma tensa, y es tal la previsible debacle de su adversaria principal, que lo realmente sorprendente estas semanas ha sido que sea él quien interprete la canción de su candidatura, Kilómetro Sur, un tema pop con tintes pseudoindie que ha ganado popularidad en los nuevos espacios fragmentados del ‘mainstream’. El viernes, en el acto de cierre, tiene previsto interpretarla como broche final de su proyecto personal. ‘All you need is pop’.
Adelante Andalucía ya sueña con un ‘sorpasso’ a izquierdas
Con cada día que pasa, el PSOE pierde terreno en las encuestas internas mientras Adelante Andalucía gana porcentaje, habiendo consolidado un perfil propio con eficacia y con la posibilidad incluso de superar en votos a la candidatura del ‘hermano mayor’ en la izquierda, Antonio Maíllo. Paradójicamente, ese trasvase de apoyos del PSOE hacia Adelante Andalucía complicaría la mayoría absoluta de Juanma Moreno, ya que los últimos escaños en Cádiz, Sevilla o Málaga podrían disputarse directamente entre el PP y los andalucistas. El partido de José Ignacio García sube porque evita la exageración y transmite autenticidad. ¡Y no genera conflictos!

