El desafío de descubrir los elementos 119 y 120 y las razones por las que la tabla periódica podría permanecer abierta

Dos hombres señalan el elemento 113 en una tabla periódica enmarcada, en la que aparece una bandera japonesa.

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

    • Autor, Sophie Abdulla
    • Título del autor, Servicio Mundial de la BBC
  • Fecha de publicación 14 mayo 2026, 10:46 GMT
  • Tiempo de lectura: 6 min

Hace diez años fue la última ocasión en que se añadieron nuevos elementos a la tabla periódica.

En aquella oportunidad, los elementos número 113, 115, 117 y 118 se incorporaron de manera oficial a la reconocida tabla.

Asimismo, la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC), la entidad mundial encargada de regular este recurso, realizó en 2016 algo que únicamente había hecho una vez antes: nombrar un elemento en honor a un físico que aún vive.

El físico Yuri Oganessian fue líder del equipo ruso-estadounidense que detectó el elemento 118 en 2002, el cual se denominó oganesón.

Sin embargo, confirmarlo tomó varios años, debido a que este elemento tiene alta radiactividad y únicamente se ha podido sintetizar en cantidades de unos pocos átomos.

Surge la duda de por qué en la última década no se han añadido más elementos y si en algún momento se podrá afirmar que la tabla periódica está completa.

Tabla periódica en español

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¿Qué es la tabla periódica?

La tabla periódica se puede entender como un esquema que agrupa elementos químicos, cada uno dentro de casillas que muestran sus símbolos químicos, abreviaturas que representan los elementos. Este esquema ha sido modificado y ampliado a lo largo del tiempo.

Un elemento constituye una sustancia pura, formada únicamente por un tipo de átomo.

Los átomos son las unidades fundamentales de la materia y están conformados por un núcleo, que suele tener protones con carga positiva y neutrones sin carga eléctrica, además de estar rodeado por electrones con carga negativa.

La totalidad de los elementos representados en la tabla forman todo lo que existe en el universo, incluyendo a los seres humanos.

Ya en el siglo XIX se habían identificado numerosos elementos, aunque aún no se organizaban sistemáticamente. Varios investigadores prominentes intentaron resolver esta falta de orden.

Uno de ellos fue el químico británico John Newlands.

Colocó los elementos en función de su peso atómico, que refleja la masa del átomo, y notó que cada octavo elemento exhibía propiedades similares. Por ejemplo, el litio, sodio y potasio, separados por ocho posiciones, reaccionan de forma parecida con el agua.

Esto le llevó a formular la llamada ley de las octavas.

Una foto en blanco y negro de un hombre barbudo sentado de perfil, con una chaqueta larga, mirando a la cámara

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Dmitri Mendeléyev, químico ruso conocido como el creador de la tabla periódica, tomó esta idea de recurrencia en propiedades y formuló la ley periódica.

En 1869 diseñó un modelo para la tabla periódica actual, ordenando los elementos según su peso atómico.

A diferencia de Newlands, dejó espacios vacíos para aquellos elementos aún no descubiertos, y su trabajo se validó cuando esos elementos fueron hallados más adelante.

Actualmente, la organización de los elementos obedece a su número atómico, que corresponde a la cantidad de protones en el núcleo del átomo.

Por ejemplo, el hidrógeno posee un solo protón, mientras que el oganesón tiene 118.

Los elementos ubicados en una misma columna comparten propiedades químicas semejantes, incluyendo sus reacciones con otras sustancias.

Asimismo, suelen seguir patrones en sus características físicas, como el punto de fusión, lo cual permite a los científicos anticipar su comportamiento.

Un ejemplo es la aplicación que hacen los ingenieros, quienes seleccionan materiales basándose en esta tabla para diseñar estructuras como puentes y aeronaves.

Una foto de un puente moderno con varios bordes curvos que se reflejan en el agua.

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Cuando un científico cree haber detectado un nuevo elemento, la IUPAC lo evalúa para confirmar su existencia y, si es aprobado, se asigna una posición en la tabla; este procedimiento puede llevar varios años.

Se considera que se han descubierto todos los elementos que aparecen de forma natural en la Tierra, que forman la mayor parte de la tabla periódica.

Los elementos más pesados deben ser sintetizados en laboratorios combinando elementos más ligeros.

Los avances tecnológicos han permitido a los científicos añadir elementos superpesados cada vez mayores. Sin embargo, aunque sea teóricamente posible seguir creando nuevos, el desafío se vuelve más complejo.

Creación de nuevos elementos

Para fusionar elementos más livianos y generar otros con número atómico más alto, "es necesario alcanzar niveles cada vez más elevados de energía mediante la construcción de ciclotrones o aceleradores de partículas más grandes", comenta Phil Blower, encargado del Departamento de Química y Biología de Imagen del King's College de Londres.

"Conforme los elementos se vuelven más pesados, su estabilidad disminuye debido a la interacción entre los protones en el núcleo", añade Blower.

La estabilidad o inestabilidad de un núcleo depende de la proporción entre protones y neutrones que contiene.

Los protones, que poseen carga positiva, tienden a repelerse entre sí, pero la presencia de neutrones ayuda a mantener el núcleo unido.

Una foto de perfil de una enorme máquina cubierta de paneles blancos, con escritorios y armarios junto a ella a nivel del suelo; una escalera conduce a la parte superior, que está vallada y llena de más escritorios, armarios y otros equipos.

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"Cuando se añaden protones para formar elementos más pesados, es necesario incrementar también el número de neutrones para evitar la desintegración del núcleo", indica Cinzia Imberti, líder del grupo Imaging Metallomics del King's College de Londres.

Un mismo elemento puede presentarse con diferentes cantidades de neutrones, denominados isótopos.

Aquellos isótopos inestables son radiactivos y sufren desintegración al emitir radiación.

"Todos los elementos que superan al plomo (elemento 82) son radiactivos y, por naturaleza, inestables, descomponiéndose con el tiempo", explica Jonathan Rourke, químico de la Universidad de Cardiff y profesor honorario en la Universidad de Warwick, Reino Unido.

"Incluso si se crea un solo átomo de alguno de estos elementos, su existencia sería efímera", añade.

Esto es especialmente cierto para los elementos desde el fermio (número 100) en adelante, señala Imberti.

"Si se sintetizan pocos átomos, se puede obtener información sobre sus propiedades físicas, pero carecen de aplicaciones prácticas", indica.

Sin embargo, la búsqueda de nuevos elementos, que ampliarían la tabla periódica agregando una nueva fila, continúa activamente.

Aunque los intentos por detectar los elementos 119 y 120 han sido infructuosos hasta ahora, varios equipos de investigación mantienen sus esfuerzos.

Los científicos sostienen que el estudio de esos elementos extremos podría aportar conocimiento valioso sobre el funcionamiento atómico, los límites de los núcleos y validar teorías en física nuclear.

Imberti concluye: "No solo se trata de si podemos crear un nuevo elemento, sino también de si puede durar el tiempo suficiente para que lo podamos detectar de manera significativa y analizarlo antes de que desaparezca".

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