Solo el francés recibió verdaderamente el castigo por los pitos en el Bernabéu durante un encuentro decidido por los goles de Gonzalo y Bellingham.
El Real Madrid afrontaba este jueves un compromiso complicado que resolvió con éxito. La victoria frente al Oviedo, equipo sin nada por jugarse, no repara daños previos, pero impide que estos se agraven. Fueron Gonzalo y Bellingham quienes anotaron en un partido donde la atención del público se centró más en a quién se aplaudía y a quién se pitaba. [Narración y estadísticas: Real Madrid 2-0 Oviedo]
Este hecho refleja la situación actual del Real Madrid, donde el foco está puesto en la valoración del público sobre sus propios jugadores en el terreno deportivo. Sin embargo, esa crítica resultó escasa, semejante al partido que comenzó a las 21:30 horas y justo antes de un día festivo.
Los pitos se dirigieron a Mbappé al ser anunciado como suplente por la megafonía y, sobre todo, cuando ingresó al campo en la segunda mitad. También Vinicius fue silbado levemente al recibir el balón. En cuanto a Florentino Pérez, tras protagonizar la actualidad semanal, se le vio discutiendo con un aficionado antes del encuentro y se retiraron dos pancartas contra él. No se produjeron protestas significativas ni pañoladas, a diferencia de lo esperado por algunos.
Florentino Pérez, en el palco antes del partido de La Liga entre el Real Madrid y el Oviedo. EFE
Con esa atmósfera de apatía general, comenzó un partido que en sus primeros quince minutos apenas presentó acciones destacables sobre el césped. De hecho, un disparo potente de Trent en el minuto 20, casi rozando el ángulo, levantó a varios espectadores.
Camavinga, titular este jueves, recibió la noticia durante el partido de que no formará parte del Mundial con Francia, justo mientras se calzaba las botas. Además, fue uno de los jugadores más cuestionados por la afición del Bernabéu, aunque este resultado no era inesperado. Por el contrario, Tchouaméni fue perdonado por los fanáticos tras su enfrentamiento con Valverde.
En cuanto al juego, el Madrid tanteó el gol con varias ocasiones claras. Alrededor de la media hora, Brahim tuvo una oportunidad notable y, unos minutos más tarde, Camavinga también generó peligro, ganándose algunos aplausos.
No obstante, el Oviedo también perdonó con una ocasión en el minuto 38 que en ese momento habría encendido el Bernabéu.
Vinicius, tendido en el terreno de juego durante el Real Madrid – Oviedo. EFE
El ambiente, además de ser frío, oscilaba entre una tensión contenida y calma aparente. Hasta que un gol alteró el panorama y aportó algo de alivio. Fue Gonzalo quien abrió el marcador, probablemente uno de los goleadores que más esperanza podía generar esa jornada para la afición y para Arbeloa.
La jugada surgió tras una recuperación en campo rival, donde Gonzalo, de espaldas, recibió un pase de Brahim, giró con un toque sutil y disparó al primer toque. Este fue el quinto gol del canterano en la presente Liga.
Este tanto, anotado en el minuto 41, sirvió para que el equipo regresara al vestuario en el descanso con más tranquilidad.
En la segunda parte, nuevamente la atención volvió hacia la reacción del público del Bernabéu. Por ejemplo, la ovación merecida para una leyenda como Santi Cazorla, quien posiblemente disputa sus últimos encuentros como futbolista profesional, a falta de su confirmación oficial.
La situación fue muy distinta para Mbappé, definido por Florentino en la entrevista del miércoles como «el mejor jugador que tiene el Madrid». La primera reacción negativa llegó cuando salió a calentar y fue recibido con abucheos.
Antes de la entrada de Mbappé, Arbeloa realizó dos cambios en el banquillo. Al minuto 64 salieron Trent y Tchouaméni, quienes también recibieron algunos discretos pitos. En contraste, Bellingham y especialmente Carvajal —¿quizás en su penúltimo encuentro en el Bernabéu?— fueron premiados con aplausos.
Y así llegó el momento decisivo de la noche: la entrada de Kylian al terreno de juego, acompañada por una pitada intensa que queda grabada en la memoria de cualquier jugador. Un trato similar al que recibieron en su día sus grandes referentes, Zinedine Zidane y Cristiano Ronaldo.
Mbappé tuvo que sobrellevar esos silbidos cada vez que contactaba con el balón, aunque la intensidad de los pitos fue disminuyendo conforme avanzaba su permanencia en el terreno.
También ayudó que el partido concluyera con otro gol, obra de Bellingham en el minuto 86. Hasta ese momento mantuvo el Oviedo la esperanza en su primer partido en el Bernabéu en 25 años antes de regresar a la Segunda División. En definitiva, el juicio público, pese a castigar a Mbappé, terminó siendo más ruido que nueces.

