Las claves
Más Madrid ha solicitado incrementar el rigor de las normas del Metro para frenar la actuación de los predicadores evangélicos, a quienes califican de «secta» y «estafadores».
La formación se opone a la prohibición del burka y el niqab en espacios públicos, defendiendo la libertad religiosa y la coexistencia.
El consejero de Transportes indicó que la normativa vigente ya faculta para intervenir contra quienes perturban la convivencia en el Metro.
Este debate vuelve a abrir la discusión sobre la coherencia de Más Madrid respecto a las manifestaciones religiosas en espacios públicos.
Más Madrid ha presentado este jueves en la Asamblea de Madrid una iniciativa contra los predicadores evangélicos en Metro, calificándolos de «secta» y «estafadores».
Esta acción coincide con su rechazo previo a la prohibición del uso del burka o el niqab en lugares públicos, amparándose en la «libertad religiosa» y la «convivencia».
El diputado de Más Madrid Emilio Delgado criticó en el Pleno a los «evangélicos pentecostales» por «intervenir en los vagones para sermonear a los pasajeros».
Por ello, solicitó al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso modificar la regulación del suburbano para evitar que «sus seguidores secuestren a los usuarios».
Delgado relacionó dichos grupos con el movimiento MAGA y Donald Trump, señalando que en Madrid existe una «fuerza religiosa especialmente agresiva» que provoca un «deterioro» en la convivencia del transporte público.
Esta intervención ha reabierto el debate sobre la postura del partido en cuanto a las manifestaciones religiosas en espacios públicos, sobre todo tras sus reiterados votos en contra de iniciativas para limitar el uso del burka y niqab.
Esto ocurrió en febrero en el Congreso, en el grupo Sumar, cuando Vox propuso una ley para prohibir el velo islámico integral en inmuebles y espacios públicos. En esa votación, PSOE, Sumar, Podemos, ERC, PNV y Junts rechazaron la propuesta, mientras PP y Vox la apoyaron.
Una posición similar mantuvo Más Madrid en la Asamblea regional en septiembre pasado, cuando Vox presentó una propuesta para restringir el uso del velo islámico en ciertos espacios públicos.
El PP argumentó que el problema radicaba en que la medida abarcaba no solo espacios públicos con riesgos de seguridad, sino también las calles.
Por esta razón, fue rechazada tanto por sectores de izquierda como por el PP regional. Ayuso defendió en ese momento que prohibir el velo podría abrir paso a restricciones de otros símbolos religiosos como la kipá o crucifijos y enfatizó que España es «un país aconfesional, no laico».
No obstante, la presidenta madrileña estableció una diferencia entre el velo islámico y prendas como el burka o niqab, considerando que estas últimas podrían presentar problemas de seguridad o identificación. «Es distinto cuando hablamos del burka, pasamontañas y otras prendas que presentan un riesgo de seguridad», expresó en la Cámara regional.
Además, Más Madrid votó recientemente en contra de iniciativas similares promovidas por Vox en municipios madrileños como Alcobendas o Boadilla del Monte. Allí, el Pleno aprobó la prohibición del acceso con burka o niqab a edificios municipales gracias a los votos de PP y Vox, mientras PSOE y Más Madrid rechazaron la medida al considerar que se estaba «legislando sobre algo inexistente».
¿Cuestión de religión?
El enfrentamiento ocurrido este jueves en la Asamblea tuvo lugar tras la petición de Delgado de endurecer las normas en el Metro frente a los predicadores religiosos. El consejero de Transportes, Jorge Rodrigo, respondió acusando a Más Madrid de una «obsesión» contra ciertas expresiones públicas que «no se ajustan a su visión ideológica».
Rodrigo defendió que el reglamento vigente permite actuar contra quienes alteran la convivencia, incluyendo a predicadores que incomodan a los usuarios, y afirmó que la izquierda «no ha planteado este asunto por el ruido o convivencia», sino «porque son cristianos». Añadió que «si repartieran propaganda comunista o predicaran la revolución boliviana, estarían en completo silencio».
Durante su intervención, el responsable de Transportes destacó el dispositivo de seguridad en Metro de Madrid, con 1.656 vigilantes, más de 9.500 cámaras y cerca de 71.000 expedientes iniciados en 2025, subrayando que el suburbano madrileño es «uno de los sistemas de metro más seguros del mundo».

