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Información del artículo
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- Autor, Melissa Hogenboom
- Título del autor, BBC Future*
- 13 minutos
- Tiempo de lectura: 9 min
El cerebro se beneficia enormemente de los retos; sin embargo, no todo debe ser difícil para experimentar ventajas en la salud.
A continuación se describen tres métodos sencillos y atractivos para conservar la salud cerebral a medida que se envejece.
Si tuvieras dos alternativas —una tarea sencilla y otra compleja—, ¿cuál preferirías? Seguramente la mayoría escogería la opción fácil, y con buena razón.
Evitar esfuerzos mentales excesivos es una característica biológica innata, una adaptación evolutiva destinada a ahorrar energía.
La tecnología ha amplificado esta capacidad, haciendo que sea aún más atractivo optar por caminos rápidos y realizar actividades con el mínimo esfuerzo posible.
No obstante, esta reducción en el esfuerzo cognitivo puede afectar negativamente la longevidad y el bienestar general.
El período de «vida saludable» —la cantidad de años que las personas mantienen un buen estado de salud— está decreciendo en muchas regiones globales.
Según los expertos, aunque la esperanza de vida aumenta, también se prolongan los años con problemas de salud.

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En lo que respecta al cerebro, se pueden implementar estrategias para promover una vejez saludable más prolongada.
Básicamente, participar en actividades cognitivamente exigentes ayuda a construir la llamada «reserva cognitiva», que actúa como escudo protector para el cerebro.
Y esto puede lograrse de muchas maneras en la vida cotidiana.
«Independientemente de la edad, existen acciones —en mayor o menor medida— que pueden potenciar ligeramente nuestras capacidades cognitivas», sostiene Alan Gow, psicólogo en la Universidad Heriot-Watt en Edimburgo (Escocia).
Afortunadamente, no es necesario transformar radicalmente la rutina: incorporando cambios progresivos en los ámbitos físico, social y mental se puede proteger el cerebro.
A continuación se presentan tres de las alternativas más efectivas para comenzar.
1. Navegación espacial

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Una vía para prevenir el deterioro cognitivo ligado al envejecimiento es enfocarse en una región cerebral concreta.
Se cree que el hipocampo —la zona vital para la navegación espacial— es la primera área que se ve afectada por el Alzheimer, años antes de que se observen los síntomas.
«Se sabe desde hace tiempo que quienes padecen Alzheimer suelen experimentar desorientación, que es uno de los primeros signos», explica Dennis Chan, neurólogo del University College London (Reino Unido) especializado en detección precoz.
Detectar estos cambios temprano resulta fundamental, añade: «Cuanto antes se identifique [el deterioro], más rápido se podrán implementar intervenciones».
Proteger esta parte del cerebro podría, por tanto, ayudar a retrasar o impedir la aparición de síntomas.
Diversos estudios muestran que conductores de ambulancias y taxis tienen tasas de mortalidad por Alzheimer más bajas que otras profesiones; los investigadores atribuyen esto a su mayor ejercicio cerebral en tareas de «procesamiento espacial».
También está demostrado que taxistas que memorizan extensivamente el callejero sin mapas presentan un hipocampo con mayor volumen.

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Un estudio realizado con hombres sanos que realizaron una tarea de navegación espacial por cuatro meses evidenció un aumento en sus habilidades de orientación y ausencia de pérdida del volumen hipocampal; en cambio, el grupo control sí mostró la contracción cerebral esperada por el envejecimiento.
Aunque no se sabe con certeza si estimular esta región previene la demencia, aumentar la reserva cognitiva puede brindar una protección adicional.
Este hecho ayuda a comprender por qué, según Chan, análisis cerebrales post mortem a algunos ancianos han revelado cambios extensos en tejido asociado al Alzheimer, sin que presentaran síntomas durante su vida.
Uno de los motivos, señala Chan, es el «andamio cerebral» particularmente resistente de esas personas, posiblemente resultado de su estilo de vida; aunque también se considera que los factores genéticos influyen de manera importante.
A pesar del incremento del riesgo de demencia con la edad, Chan destaca que la existencia de personas asintomáticas ofrece esperanza.

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«Generalmente, se trata de personas con alta actividad física, mental y social».
Es posible entrenar las habilidades espaciales practicando deportes como la orientación o, para los niños, mediante juegos de construcción con bloques.
Buscar un lugar sin usar el GPS podría ser beneficioso, dado que el uso frecuente de esta tecnología se relaciona con el deterioro de la memoria espacial.
Asimismo, hay videojuegos que podrían ser útiles si están diseñados científicamente.
Por ejemplo, un estudio pequeño con adultos mayores mostró que quienes jugaron con un videojuego de navegación espacial en realidad virtual mejoraron su memoria.
Sin embargo, es importante destacar que este juego fue creado específicamente por investigadores; por lo tanto, no todos los videojuegos comerciales necesariamente traerán beneficios similares.
2. Una vida social activa

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Diversas investigaciones han comprobado que mantener una vida social activa protege del deterioro cognitivo.
Por ejemplo, centenarios con mayor integración social poseen mejor salud cerebral; además, la participación en actividades sociales en la edad media se relaciona con mayor capacidad cognitiva en la vejez.
Un amplio estudio observacional confirmó que quienes se mantuvieron socialmente activos en la mediana y tercera edad tuvieron un riesgo entre un 30% y 50% menor de demencia, al incrementar su reserva cognitiva, según los autores.
Permanecer socialmente involucrado también puede demorar la manifestación de síntomas.
En un estudio con 1.923 adultos mayores, aquellos menos activos socialmente desarrollaron demencia cinco años antes que quienes tenían mayor actividad social.
Esto se atribuye a que la interacción social reduce el estrés, aumentando la resiliencia frente a situaciones adversas.
Por el contrario, el estrés crónico se asocia con la pérdida de neuronas en el hipocampo.

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«La protección está en la capacidad para dialogar, debatir y compartir ideas. Intercambiar opiniones también puede proteger el cerebro», comenta Pamela Almeida-Meza, epidemióloga del King’s College de Londres.
Al relacionarse con otros, se activan múltiples áreas cerebrales: desde las que gestionan el lenguaje y la memoria hasta las que intervienen en la planificación futura.
«Existe un componente cognitivo que estimula la mente. Esto podría favorecer la salud cerebral; además, conservar vínculos sociales sólidos reduce factores estresantes fisiológicos», resalta Gow.
3. Aprendizaje de por vida

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Un indicador importante para un envejecimiento saludable es la cantidad de años dedicados a la educación formal.
Las personas con mayor formación muestran menor riesgo de desarrollar demencia.
El aprendizaje continuo a lo largo de la vida también puede ayudar a generar estos efectos beneficiosos para la salud cerebral.
El cerebro prospera cuando enfrenta retos y novedades, pues así se fortalecen las áreas más susceptibles al envejecimiento.
Mantener el cerebro activo ralentiza el deterioro cognitivo, según se ha comprobado.
Una razón clave es que el aprendizaje estimula la formación de neuronas nuevas y refuerza las existentes, lo que puede actuar como defensa frente al envejecimiento y la muerte celular.
Esto es la neuroplasticidad: la habilidad cerebral para adaptarse y modificar su estructura durante la vida.
«Esa plasticidad y capacidad de renovar neuronas y conexiones sinápticas confiere a las personas resiliencia ante el Alzheimer», explica Chan.

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Se puede incrementar la reserva cognitiva con el paso del tiempo.
Un estudio longitudinal que abarcó desde la infancia hasta los 60 años identificó que actividades enriquecedoras, como la educación y pasatiempos, aumentan la reserva cognitiva.
Quienes la desarrollaron sufrieron menos deterioro de la memoria, incluso aquellos con puntuaciones bajas en pruebas cognitivas infantiles.
Aunque puede ser beneficioso a cualquier edad, resulta especialmente relevante en edades avanzadas, destaca Almeida-Meza.
Esto se debe a que al envejecer la rutina suele volverse más repetitiva y hay menos oportunidades para aprender.
Existen múltiples formas, como practicar jardinería —que contribuye a preservar la función cognitiva—, unirse a un club de lectura o simplemente comentar lo que se lee con un amigo.
En definitiva, todo estímulo cerebral beneficia la salud integral, ya sea elegir rutas nuevas para caminar, leer a Proust o priorizar vínculos sociales.
Estas actividades contribuyen a crear un cerebro resistente y a frenar el deterioro vinculado con el envejecimiento, además de hacer la vida más placentera.
Este texto es una adaptación al español de un artículo originalmente publicado por BBC Future. Si desea leer el original en inglés, haga clic aquí.

