La crisis del Real Madrid antes del regreso esperado de Mourinho: el proceso que llevó al declive del equipo

Álvaro Arbeloa, con la mirada perdida, durante una trifulca en El Clásico El club blanco busca asegurar lo antes posible el reemplazo de Álvaro Arbeloa y al mismo tiempo trabaja para que Toni Kroos regrese a la dinámica del vestuario.

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El Real Madrid cerró su despedida a La Liga de la forma más negativa posible: eliminado en El Clásico, dominado por el adversario que le arrebató el campeonato y obligado a proyectar ya el siguiente ciclo.

El marcador 2-0 del Barcelona, con anotaciones de Marcus Rashford y Ferran Torres, aseguró matemáticamente el título para los azulgranas y dejó al equipo blanco a 14 puntos con tres jornadas restantes.

No solo se trató de una derrota. Fue el resumen de una temporada que inició con expectativas altas, flaqueó en varios aspectos y terminó en un fracaso deportivo.

El Madrid llegó a la fase decisiva sin juego, sin estabilidad ni un plan claro. Por meses, cada traspié se interpretó como un caso aislado, pero la serie de golpes mostró una realidad más dura: el equipo se había derrumbado internamente.

La eliminación en la Champions, la cadena de derrotas en Liga y el sentimiento de un vestuario que dejó de confiar en la dirección marcada por Álvaro Arbeloa convirtieron el cierre del curso en una tortura. El Clásico no creó la crisis, simplemente la hizo indisimulable.

En una semana de máxima convulsión en Valdebebas, luego del incidente entre Valverde y Tchouaméni, lo ocurrido en el Camp Nou fue la guinda. Allí, Vinicius se enfrentó en dos ocasiones con la grada que le lanzó el cántico «balón de playa», a lo que él respondió con el gesto de las 15 Champions.

A más de 600 km, en Madrid, Mbappé observaba el partido desde su hogar. El delantero francés publicó una foto del encuentro con un «Hala Madrid» cuando ya perdían 2-0. Un movimiento torpe de una figura que cada vez se muestra más desconectada de todo y por todos.

Vinicius observa un balón de playa lanzado desde la grada del Camp Nou

Vinicius observa un balón de playa lanzado desde la grada del Camp Nou EFE

Estas dos imágenes son un reflejo último de los tiempos complejos que atraviesa el Madrid. Arbeloa intuye -o ya sabe- que su etapa terminará: «Tendremos una conversación con el club, como es lógico», declaró en rueda de prensa en el Camp Nou.

Dentro de la entidad se da por sentado que su ciclo ha concluido tras una temporada que nunca logró estabilidad. El Madrid buscaba una reacción anímica tras cada revés, pero solo encontró silencios, partidos sin brillo y una fragilidad poco habitual para un equipo diseñado para pelear hasta el final.

La imagen final es la de un conjunto agotado, más concentrado en el desenlace que en una respuesta, incapaz de sostenerse cuando el calendario demandaba carácter.

Mourinho, de nuevo en el radar

Por eso el nombre de José Mourinho ha resurgido con fuerza en las oficinas. No se trata de una mera nostalgia, sino de una opción seria, interna y cada vez con más probabilidades.

El portugués es el candidato preferido dentro del Real Madrid para asumir el mando tan pronto se desbloquee la situación contractual que le permitirá negociar tras concluir la temporada con el Benfica.

Mientras tanto, Mourinho ha reiterado públicamente que no ha habido conversaciones: «No he tenido ningún contacto con el Real Madrid, no lo he tenido, y hasta el último partido de Liga con el Estoril no lo tendré». Sin embargo, esta declaración mantiene abierta la puerta a futuras negociaciones.

También dijo que después de ese encuentro dispondrá de «una semana» para dialogar con quienes estime pertinente. En Madrid, esa oportunidad es vista como una invitación.

Mourinho no desea mostrarse como un entrenador en campaña de promoción, pero fue el primero en posicionarse oficialmente como aspirante al banquillo. Esta diferencia entre lo público y privado refleja la situación actual: oficialmente no hay acuerdo, pero la posibilidad ya está presente en el club.

Klopp fue otra opción contemplada. Su nombre atrae por prestigio, energía y capacidad de levantar proyectos, pero el alemán ha negado repetidamente que piense abandonar su puesto en Red Bull.

José Mourinho, antes de un partido del Benfica

José Mourinho, antes de un partido del Benfica EFE

En cambio, el camino con Mourinho parece más accesible. El portugués conoce el club, entiende la importancia del escudo y, sobre todo, representa ese elemento que el Madrid siente haber perdido esta temporada: autoridad competitiva.

Su eventual regreso no implicaría un cambio radical en las incorporaciones y salidas. El club no pretende desmantelar totalmente la plantilla ni convertir el verano en una limpieza total. Sin embargo, se prevé una transformación profunda en la convivencia interna, en las exigencias diarias y en la jerarquía del vestuario.

Mourinho no vendría para gestionar las inercias, sino para romperlas. Esa distinción es relevante en un equipo que ha parecido demasiado veces resignado a su propio deterioro.

El esperado retorno de Kroos

En este contexto también emerge la figura de Toni Kroos. Su posible reincorporación al club, probablemente en un papel cercano a los jugadores, aportaría un punto de equilibrio.

Mourinho puede traer tensión, liderazgo y dirección; Kroos, calma, análisis y una autoridad natural sobre un vestuario que precisa recuperar confianza sin perder su identidad. Esta alianza reflejaría una idea clara: fortalecer el proyecto sin desconectarlo del ADN reciente que permitió al Madrid dominar en Europa.

La temporada ha dejado heridas que no se sanan con solo un cambio de entrenador. El Madrid ha perdido partidos, pero principalmente ha perdido certezas. Le faltó contundencia cuando debía intimidar, control cuando debía administrar los encuentros y orgullo cuando el marcador requería rebeldía.

El Clásico fue un reflejo implacable porque condensó todas esas falencias en noventa minutos. El Barcelona jugó con la ventaja de tener claro su camino; el Madrid, con la pesadumbre de quien ya intuía un desenlace adverso.

La despedida matemática de La Liga también tiene una lectura simbólica. Que el rival festejara el título en un Clásico magnifica el daño emocional. No hay derrota más incómoda para el madridismo que aquella que consagra al Barcelona campeón frente a sus ojos.

Y no existe diagnóstico más duro que constatar que, en el partido que debía mantener el orgullo, el equipo volvió a quedarse corto.

Thibaut Courtois mira el balón dentro de su portería en el gol de Ferran Torres en El Clásico

Thibaut Courtois mira el balón dentro de su portería en el gol de Ferran Torres en El Clásico EFE

Ahora inicia una nueva etapa. El Real Madrid ya presta más atención al banquillo que al calendario. Los partidos restantes servirán para cerrar la temporada, pero no para salvarla.

Arbeloa se despide señalado tras una caída colectiva que lo sobrepasó; Mourinho aguarda a distancia, midiendo cada palabra; y el club alista una decisión que puede transformar el ambiente en Valdebebas desde el primer día.

El Madrid no busca solo un técnico. Busca un sacudón. Busca recuperar miedo, orden y convicción. Busca que la próxima crisis no encuentre al equipo tan vulnerable como esta. Por eso Mourinho vuelve a tomar sentido, incluso con todas las implicaciones de su nombre.

Porque cuando una temporada termina en ruinas, a veces el club no elige al entrenador más cómodo, sino al que promete ponerse el casco, levantar polvo y obligar a todos a enfrentar el derrumbe.

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