La formación para empleados se multiplicó por cinco tras la reforma laboral de 2022, impulsando la inversión empresarial en sus trabajadores cuando las desvinculaciones son más complejas

Antes de la reforma, únicamente el 5% de las ofertas de empleo temporal en España incluía formación financiada por la empresa, en comparación con el 14% en las vacantes con contrato indefinido, según un estudio

Un facilitador de pie señala un logo de engranaje en una pizarra blanca, mientras seis trabajadores sentados en mesas redondas asisten a una formación en una oficina.

Una investigación con 3,1 millones de ofertas laborales publicadas en Indeed entre 2018 y 2024 muestra que las empresas españolas quintuplicaron la formación ofrecida en los sectores más impactados por la reforma laboral de 2022, la normativa que limitó severamente el uso de contratos temporales. El estudio, realizado por economistas del Indeed Hiring Lab, el WZB Berlin Social Science Center y la Universidad Complutense de Madrid (UCM), proporciona evidencia directa sobre un mecanismo que se ha debatido durante décadas: las compañías capacitan a sus empleados cuando prevén que permanecerán en la empresa.

El razonamiento financiero detrás del fenómeno es claro. Capacitar a un trabajador implica un gasto inicial cuyo beneficio solo se refleja si la relación laboral dura el tiempo suficiente. En contratos de corta duración, este plazo es menor y desaparece la motivación para invertir. Los datos del propio estudio lo demuestran: antes de la reforma, solo el 5% de las ofertas de empleo temporal en España incluía formación abonada por la empresa, en contraste con el 14% de las ofertas con contrato indefinido. Esta diferencia se mantuvo constante durante los cuatro años anteriores a la norma, entre 2018 y 2021.

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España afrontó la reforma con una de las tasas más elevadas de temporalidad entre las economías desarrolladas. Antes de 2022, uno de cada cuatro trabajadores tenía un contrato temporal. Los contratos por obra y servicio —que representaban aproximadamente el 40% de las nuevas contrataciones temporales— se utilizaban frecuentemente en lugar de contratos indefinidos, parcialmente por sus menores costes en caso de despido.

Ilustración plana de un grupo de cinco empleados y un edificio empresarial, conectados por líneas que transmiten libros y diplomas, sobre un fondo azul oscuro.

El Real Decreto-Ley 32/2021, aprobado el 28 de diciembre de 2021 y efectivo desde el 30 de marzo de 2022, eliminó esta modalidad y estableció límites más estrictos en la duración de los contratos temporales restantes. En el preámbulo de la norma se reconocía la relación entre temporalidad y poca formación: “Un modelo laboral basado en el empleo temporal desanima la inversión en formación tanto por parte de la empresa como de los trabajadores”, fijando la capacitación como un objetivo explícito de la legislación.

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Para evaluar el impacto real de esta restricción, los investigadores contrastaron la evolución de las ofertas laborales en las ocupaciones con mayor dependencia de contratos temporales antes de la reforma con las que menos los utilizaban. Las profesiones del tercio superior —las más afectadas por la normativa— mostraron una disminución de 21 puntos porcentuales en la contratación temporal en comparación con las menos expuestas. Dos tercios de esta reducción se tradujeron en contratos indefinidos; el resto se absorbió, principalmente, por contratos fijos discontinuos, una modalidad de duración abierta con periodos de inactividad predecibles que la norma impulsó en sectores como hostelería y turismo.

Aumentan las ofertas con formación tras la reforma laboral

El impacto sobre la formación fue el dato más destacable del estudio. Las ofertas que contemplaban formación sufragada por la empresa crecieron 4,3 puntos porcentuales en las ocupaciones más impactadas por la reforma, un promedio de los años 2023 y 2024. Este aumento representa un incremento del 50% respecto al nivel previo a la normativa en dichas ocupaciones. Para finales de 2024, la histórica diferencia en formación entre empleos temporales e indefinidos —que era de 5,1 puntos porcentuales entre 2018 y 2021— desapareció por completo.

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Los autores descartaron que el crecimiento respondiera a dificultades para hallar candidatos o a una mejora superficial en las ofertas. Otros beneficios laborales analizados —planes de pensiones, seguros médicos privados, jornadas flexibles, seguros de vida o comida subvencionada— no mostraron cambios sistemáticos tras la reforma. La formación fue el único beneficio no salarial que experimentó un cambio sostenido, lo que sugiere una modificación intencionada en las estrategias de contratación por parte de las empresas.

Oficina moderna con empleados trabajando en computadoras, pantallas muestran robots, gráficos de IA y asistentes virtuales. Un robot de servicio se ve en el pasillo.

Para comprobar que este fenómeno no formaba parte de una tendencia europea más general, el equipo replicó el mismo análisis en Francia, Alemania, Países Bajos y Reino Unido, estableciendo una fecha de reforma equivalente. En ninguno de estos países se detectó un patrón similar, lo cual refuerza la atribución del efecto a la política laboral española.

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El análisis con efectos fijos por empresa —que contrasta el comportamiento de distintas ocupaciones dentro de una misma compañía— redujo el efecto estimado de 4,3 a 1,6 puntos porcentuales, pero mantuvo su significancia estadística. Esta reducción indica que la reforma operó por dos canales: empresas preexistentes que ampliaron su oferta formativa y un cambio en el peso de las contrataciones hacia compañías con mayor tendencia a invertir en el desarrollo de sus empleados.

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Los datos de la Encuesta de Población Activa europea respaldan parcialmente estos resultados. Entre los trabajadores en las ocupaciones más expuestas a la reforma se observó un aumento estadísticamente significativo en la participación en formación formal, aunque en menor proporción que la captada en las ofertas de Indeed. Por el contrario, la formación no formal no mostró cambios. Los investigadores atribuyen esta diferencia a una posible sustitución: a medida que las empresas asumen una mayor carga en costos formativos, los trabajadores podrían disminuir su inversión personal en cursos autofinanciados. Según la Encuesta de Adultos en Actividades de Aprendizaje del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2022, el 69% de la formación formal y el 15% de la no formal realizada por trabajadores españoles ese año fue financiada por ellos mismos.

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