La identidad juvenil se forma a través de likes, filtros y la inteligencia artificial: “Las redes sociales están diseñadas para captar la atención del cerebro”

La psicóloga Silvia Álava resalta en una entrevista con ‘Infobae’ los impactos de la validación digital durante la adolescencia

Una adolescente muestra sus 'likes' en Instagram. (Reuters)

Un tercio de los adolescentes consulta a la inteligencia artificial sobre cómo terminar con su pareja. El 87,5% reconoce haber sentido soledad no deseada. Y casi el 40% de los jóvenes entre 15 y 29 años sufre ansiedad con frecuencia, un indicador que ha subido en ocho puntos durante los últimos cuatro años.

Estos datos, obtenidos del Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025, constituyeron la base del seminario Aprende de los Mejores, organizado por el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP). En dicho evento, la doctora experta en psicología sanitaria y educativa Silvia Álava señaló que el problema no reside en los adolescentes, ya que “el cerebro no ha cambiado”, sino en el “ambiente donde se desenvuelven”.

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La adolescencia es la etapa en la que el individuo construye su historia personal: quién es, de dónde procede y hacia dónde se dirige… También corresponde al periodo de desarrollo de la memoria autobiográfica y cuando la necesidad de pertenencia se vuelve casi fisiológica. “Es un momento particularmente vulnerable, donde la autoestima se muestra más delicada”, explica Álava a Infobae. Hoy en día, ese proceso, siempre intenso pero privado, sucede casi en público gracias a las redes sociales.

Silvia Álava, doctora en psicología, en el seminario de ISEP

Una identidad cuantificada por ‘likes’

Las redes sociales trasladan ese desarrollo de la identidad a un entorno donde todo está cuantificado. La validación deja de provenir desde el interior y, en muchas ocasiones, se vuelve externa. En otras palabras, “ya no me reconozco a mí mismo pensando: ‘Esto que hago es valioso y correcto’, sino que existe una métrica”, indica la especialista.

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“Lo que aprendo es que aquello que más likes reciba, que tenga mayor interacción, será lo que repetiré”. Y puede que esa repetición no refleje la versión más genuina, sino la que mejor funciona. Como resultado, la identidad se modela hacia afuera, no hacia dentro.

El adolescente deja de cuestionarse quién es para enfocarse en qué produce efecto. “Lo primordial es descubrir qué consigue más likes, no quién soy”, resume Álava. Cuando una publicación no recibe respuesta, puede interpretarse como que aquello que se compartió, o el propio emisor, carecen de valor.

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Adolescentes haciéndose un selfie. (Getty Images)

Filtros, apariencia y desconexión con la realidad

La presión estética es una de las causas que más influye en los adolescentes. El 35% de las niñas entre 9 y 12 años en España ya usa productos de cosmética, y el 70% de los niños menores de 12 años emplea maquillaje.

Cuando la imagen que acumula más likes es aquella con el rostro más modificado por filtros, el mensaje que se transmite resulta inquietante. “Esa es la versión de mí que es aceptada por los demás, pero no corresponde a la realidad. Mi versión verdadera es distinta, sin ese filtro”. Sin embargo, esa versión sin alterar parece “no ser suficiente”, enfatiza la doctora en psicología.

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Esto provoca que la imagen idealizada de uno mismo se expanda en contraste con la insatisfacción corporal. “Tal como eres, no eres aceptada; así no gustas. Para agradar, debes presentarte mejorada”. Un mensaje que a veces llega disfrazado de regalo de Reyes: “¿Qué mensaje reciben cuando con 8 años les regalan una mascarilla?”, se cuestiona Álava.

Adolescentes imagen corporal autoestima cirugias

Compararse con una realidad inexistente

La comparación social ha sido constante siempre. La diferencia ahora es que los adolescentes comparan sus vidas con imágenes editadas, cuidadas y frecuentemente falsas, en lugar de con compañeros de su barrio o escuela. “La gente falsea sus perfiles en redes sociales y los adolescentes a menudo carecen de la perspectiva necesaria”, señala la especialista.

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Durante la adolescencia, el cerebro está desarrollando el pensamiento crítico, pero aún no posee la experiencia suficiente para filtrar la información que recibe. “La presión que enfrentan las chicas en redes sociales es considerablemente mayor”. Los adolescentes que llevan una vida normal (asistencia a clase por la mañana y alguna actividad o encuentro social por la tarde) se perciben como fracasados ante lo que observan en redes. “Se comparan con una realidad que ni siquiera es real”, apunta. Y esta comparación “genera inseguridad y baja autoestima”, concluye Álava para este medio.

Una adolescente muestra todas la notificaciones de sus redes sociales. (Visuales IA)

Cuando la IA ofrece respuestas que debería brindar un adulto

Una de las cualidades positivas de la IA en este contexto es que puede ofrecer mensajes de apoyo y ánimo sin que el adolescente se sienta juzgado. “Pero la IA puede proporcionar una respuesta inteligente, pero impersonal, sin considerar las emociones, la situación o la realidad del usuario”, expone la psicóloga.

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Formar la propia identidad requiere “activar la red por defecto del cerebro”, un mecanismo que vincula vivencias pasadas, ofrece perspectiva y fomenta la creatividad. Para funcionar correctamente, se necesita silencio. “Si una persona está siempre con una IA, o si el cerebro está constantemente sobreestimulado de manera artificial, la estimulación natural no se logra”.

Por tanto, lo que verdaderamente requiere un adolescente, concluye Álava, no es una respuesta técnica, sino sentir apoyo incondicional, recibir un abrazo, encontrar ojos que lo reconozcan, sentirse visto y valorado por sus referentes. Esto es algo que ninguna tecnología puede proporcionar y constituye “un factor clave para la salud mental”.

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Silvia Alonso y Luis Torres en el seminario de ISEP

¿Quién asume la responsabilidad?

Para Álava, la responsabilidad no recae únicamente en las familias o en los colegios. La alfabetización digital y el acompañamiento adulto son imprescindibles, pero insuficientes si las plataformas no cumplen con su parte. “Las redes sociales están diseñadas para captar y secuestrar la atención del cerebro”, afirma.

El desplazamiento infinito, el refuerzo aleatorio, las notificaciones… todo está pensado para dificultar la desconexión. “Creo firmemente que debe empezarse a exigir a las plataformas que asuman su responsabilidad”, recalca la experta.

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El presidente del Gobierno anunció el lanzamiento de la herramienta ‘Hodio’ destinada a «monitorizar sistemáticamente la presencia, evolución y alcance de los discursos de odio en las plataformas digitales».

Sin embargo, esto no implica una prohibición. Resulta más importante interesarse en la comunidad online del adolescente —qué cuentas sigue, cómo le afectan—, información que puede ser más reveladora que consultar solo sobre su rendimiento escolar. Identificar que ciertas cuentas generan malestar puede ser, a veces, el primer paso para dejarlas de seguir.

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