Tras sufrir duras derrotas en las elecciones locales, Sir Keir Starmer se prepara para impulsar una nueva estrategia que fomente vínculos más estrechos con la Unión Europea, aunque desde Bruselas temen que su debilidad política pueda detener o impedir cualquier reinicio significativo tras el Brexit.
«No voy a dar un paso atrás y sumir al país en el caos», afirmó el primer ministro británico Sir Keir Starmer el viernes, después de que los resultados electorales locales mostraran que millones de votantes abandonaron su partido Laborista.
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Esto contrasta notablemente con las elecciones generales de hace menos de dos años, cuando Labor obtuvo una de las mayorías más contundentes en la historia parlamentaria británica.
Starmer reconoció que los comicios –donde cientos de concejales laboristas perdieron sus cargos mientras Nigel Farage y Reform UK alcanzaban significativas victorias– fueron duros. “Los resultados son difíciles, realmente difíciles, y no hay manera de endulzarlos”, expresó.
Ya está en marcha una reorganización de su mandato que comenzará el lunes con un discurso importante, en el que se espera que prometa fortalecer la relación con la Unión Europea.
Esta propuesta está en sintonía con el sentir político actual. Casi diez años después del referéndum sobre el Brexit, una proporción de dos a uno de los votantes considera que salir de la UE fue un error.
Bruselas ve oportunidad, pero también riesgo
En Bruselas, las autoridades recibirán con agrado una mejora en las relaciones tras una década marcada por la difícil separación del Reino Unido con la UE. Eventos mundiales, como la guerra en Ucrania y la reelección de Donald Trump, han acercado al Reino Unido y a la UE, especialmente en materia de defensa.
Starmer ha sido clave para consolidar la denominada coalición de voluntades en apoyo a Ucrania, que el año pasado prometió ampliar su respaldo cuando Estados Unidos redujo su ayuda a Kyiv. Asimismo, ha coincidido con la postura cautelosa de la UE sobre el conflicto en Irán, llamando a la moderación pese a las críticas del presidente estadounidense Donald Trump por no involucrarse en la guerra.
No obstante, la UE mantiene cautela.
Starmer experimenta debilidad histórica. Las encuestas nacionales muestran que el apoyo a Labour ronda el 20%, llegando incluso a estar por detrás de los conservadores y el Partido Verde en ocasiones. Reform UK lidera con cerca del 25%.
Las cifras personales de Starmer son desalentadoras: solo un 19% de los votantes aprueba su liderazgo, con un saldo neto negativo del 45%. Los mercados de apuestas consideran que su salida es prácticamente un 50/50 antes de finales de junio.
Sus rivales internos ya se posicionan. En Westminster circulan rumores sobre posibles desafíos provenientes de exlíderes como la exviceprimera ministra Angela Rayner, el secretario de Salud Wes Streeting y el alcalde de Manchester Andy Burnham.
Esto representa un problema en Bruselas, donde no hay interés en reabrir negociaciones complejas solo para que un gobierno británico debilitado ceda ante presiones internas o sea superado por los acontecimientos. “Cualquier tema que surja deberá ser negociado, y seremos cautelosos antes de comprometernos plenamente con Starmer si se va en unos meses”, dijo un diplomático europeo.
¿Y qué de cara al futuro? Reform UK lidera las encuestas desde principios de 2025, y las casas de apuestas los dan como favoritos para ganar las próximas elecciones generales, que deben celebrarse antes de 2029.
Aunque la opinión pública se haya aproximado más a la UE, el probable próximo primer ministro es Nigel Farage, quien también lideró la versión previa de la formación, el Partido Brexit. Este ha prometido endurecer las relaciones con la UE, incluyendo la renegociación del acuerdo comercial post-Brexit para eliminar los derechos de beneficios sociales a ciudadanos europeos.
“Desde el Brexit, en Bruselas preocupa que Reino Unido asuma compromisos que luego no pueda cumplir, especialmente si un gobierno de Farage pudiera revertirlos”, comenta Fabian Zuleeg, director ejecutivo del European Policy Centre.
Reinicio lento, desconfianza persistente
Más allá de las incógnitas sobre el futuro político de Starmer y Labour, la UE ha tenido dificultades para evaluar el compromiso británico. A pesar del muy publicitado “reinicio” tras la llegada de Starmer a Downing Street, los avances han sido lentos y limitados por las propias líneas rojas de Labour: no hay vuelta al Mercado Único, la unión aduanera o la libre circulación.
Ha habido progresos en algunos ámbitos, como la cooperación en defensa, conexiones energéticas y un acuerdo veterinario que busca reducir tensiones comerciales post-Brexit. Sin embargo, muchas de las metas principales siguen estancadas en disputas técnicas sobre financiación, alineamiento regulatorio y programas de movilidad juvenil.
Las negociaciones sobre la participación británica en el fondo SAFE de defensa, con un presupuesto de 150.000 millones de euros, ya enfrentan desacuerdos respecto a las contribuciones económicas, mientras que los debates sobre tasas estudiantiles y límites migratorios han resultado políticamente sensibles en Londres.
En Bruselas también existe frustración porque Gran Bretaña parece todavía indecisa sobre el tipo de relación a largo plazo que desea realmente.
Los funcionarios de la UE insisten en que Londres no puede exigir un acceso más profundo a ciertas partes del Mercado Único sin aceptar las correspondientes responsabilidades. La antigua sospecha sobre la “selección a la carta” del Brexit nunca ha desaparecido por completo.
Por el momento, los líderes europeos consideran a Starmer serio y pragmático, mucho mejor que la caótica gestión de su predecesor Boris Johnson.
No obstante, en privado temen que su posición política debilitada complique la consecución incluso de acuerdos modestos.
Pocos en Bruselas buscan invertir capital político en negociar tratados delicados con un primer ministro británico que podría no mantenerse en el poder el tiempo suficiente para implementarlos, o cuyo sucesor podría dejarlos sin efecto nuevamente.

