Europa enfrenta calor, sequías e incendios: es crucial restaurar humedales, ríos y ecosistemas

Firefighters attempt to suppress a blaze in a forest as wildfires rage near Le Las, outside Bordeaux, France, Monday, July 27, 2026. (AP Photo/Emma Da Silva)

Ambientalistas de organizaciones como WWF solicitan en un artículo de opinión para Euronews una acción inmediata para adaptarse al clima cambiante. Colocar la restauración de paisajes y sistemas hídricos saludables en el centro de la legislación climática puede contribuir a mitigar los riesgos climáticos desde sus raíces.

Europa atraviesa un cambio climático severo. Tras una ola de calor histórica que recientemente afectó al continente, los incendios forestales se multiplican, los sistemas de salud enfrentan presión creciente y la infraestructura crítica muestra una vulnerabilidad cada vez mayor.

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Las olas de calor, sequías, incendios y las inundaciones ya no son eventos aislados; ocurren con mayor frecuencia en rápida sucesión, dejando expuestos paisajes e infraestructuras que ya no están adaptados al clima actual.

Europa requiere paisajes capaces de absorber, almacenar y liberar agua de forma gradual

El calentamiento climático afecta a Europa, pero las acciones como el drenaje de humedales, la rectificación de ríos, la impermeabilización del suelo y la degradación de los paisajes naturales han dejado al continente mucho más vulnerable. Los paisajes que antes retenían y liberaban el agua gradualmente ya no cumplen esa función, intensificando las olas de calor, prolongando las sequías y aumentando la gravedad de las inundaciones.

A medida que estos fenómenos extremos se agravan, la Comisión Europea está elaborando su nuevo Marco Europeo para la Resiliencia Climática, que incluye legislación vinculante para definir cómo debe prepararse Europa ante futuros impactos climáticos severos. Esta constituye una oportunidad crucial para cambiar el enfoque de la adaptación climática, pasando de reaccionar a los desastres a actuar masivamente en la reducción de riesgos en su origen.

Sin embargo, existe el riesgo de que este marco se convierta en una burocracia más de adaptación: más planes y evaluaciones que no establezcan qué debe implicar o lograr realmente una resiliencia climática significativa.

Prevención mediante soluciones basadas en la naturaleza

La sociedad europea ya lo comprende bien. En la reciente consulta pública de la Comisión Europea, una propuesta destacada fue invertir más en prevención, posicionando las soluciones basadas en la naturaleza como la primera línea de defensa ante el aumento de riesgos climáticos.

Al mismo tiempo, los paisajes degradados siguen aumentando los riesgos que las políticas de adaptación intentan mitigar. Europa posee paisajes diseñados para un clima que ya no existe: drenados, impermeabilizados, rectificados y dañados durante décadas.

Los humedales, llanuras aluviales, turberas, suelos saludables y bosques —elementos que almacenan agua, recargan acuíferos, moderan el calor y amortiguan extremos climáticos— han sido sistemáticamente eliminados. Así, el agua corre demasiado rápido cuando llueve y desaparece prematuramente cuando no, dejando a las sociedades vulnerables a ciclos cada vez más volátiles de inundaciones, sequías, incendios y aumento del nivel del mar.

Recuperar la función esponja de los paisajes

Este desafío supera el ámbito ambiental. Un ciclo hídrico estable es esencial para la resiliencia económica, la salud pública, la seguridad y la competitividad a largo plazo de Europa, y la infraestructura natural del agua es una parte clave de esta red de seguridad.

Restaurar la capacidad esponja de los paisajes protege las ciudades frente a inundaciones, estabiliza el suministro de agua en períodos de sequía, reduce el riesgo de incendios forestales, apoya la producción alimentaria, enfría las zonas urbanas y permite que infraestructuras críticas funcionen durante fenómenos climáticos extremos.

La evidencia a favor de un enfoque distinto ya está disponible. Investigaciones recientes del programa KliMaWerk en Alemania demuestran que las medidas a gran escala para retener agua y restaurar paisajes son mucho más efectivas y duraderas que soluciones técnicas aisladas, y que el principal obstáculo es la gobernanza.

El verdadero desafío para la legislación próxima de la Comisión será si limita a reconocer riesgos climáticos sistémicos o si dota a los estados miembros con herramientas e incentivos para mitigarlos desde la raíz.

Flexibilidad para definir objetivos y acciones

Una alternativa sería exigir a los estados que evalúen dónde las medidas naturales de retención de agua podrían disminuir el riesgo de inundaciones, sequías e incendios como parte obligatoria de sus planes de adaptación —siguiendo el ejemplo de la Flood Act escocesa—. Otra opción incluye establecer “objetivos esponja” nacionales o regionales, inspirados en el Blue Deal flamenco, para aumentar la capacidad de retención hídrica del paisaje y reducir la volatilidad hidrológica, basándose en instrumentos ya existentes.

Esta estrategia no impondría medidas uniformes desde Bruselas, permitiendo que cada estado adapte objetivos y acciones a su realidad hidrológica particular. Sin embargo, ya no podrían ignorar el papel que juegan los paisajes degradados en la agravación de los riesgos climáticos.

Este enfoque facilitaría además la transición de Europa desde una respuesta continua a desastres hacia una prevención efectiva, ya que no es viable continuar asegurando, compensando o reconstruyendo a medida que la inestabilidad hidrológica crece.

Mitigar los riesgos climáticos en su raíz

Esta discusión debe trascender el ámbito de las ONG ambientales. Empresas de agua, agricultores, aseguradoras, sectores empresariales y autoridades regionales tienen interés directo en restaurar la resiliencia de los paisajes, dado que los costos económicos provocados por la inestabilidad del ciclo hídrico europeo ya son demasiado elevados como para pasarlos por alto. Los riesgos climáticos en Europa son sistémicos, y la respuesta a esta crisis creciente debe ser integral también.

Europa posee una oportunidad para redefinir la adaptación climática. Incorporar la restauración de paisajes y sistemas de agua saludables en el centro de la legislación climática permitirá que el nuevo Marco Europeo para la Resiliencia Climática impulse el paso de la gestión reactiva de desastres hacia la reducción de riesgos climáticos desde la base, fortaleciendo la economía, la seguridad pública y la competitividad a largo plazo.

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